Luchando contra la obsolescencia programada

Me fui a la francesa de vacaciones. Ni me despedí de vosotros. Qué mala persona. Pero los blogs, los bloggers más bien, de vez en cuando también necesitan hacer un brake. Así volvemos luego a nuestro rinconcito virtual con ganas y energías renovadas e incluso a veces mogollón de cosas nuevas que contar.

Lo dicho: he vuelto! Y ahora pasamos al post en cuestión.

Puede parecer que la gente de un perfil profesional tecnológico son fanáticas de la tecnología, earlyadopters y que siempre están a la última. Pero los refranes son sabios, y hay uno que dice que "En casa del herrero, cuchara de palo".

Supongo que todos conocéis el concepto de obsolescencia programada, por si a alguien anda un poco perdido con el tema os recomiendo el documental "Comprar, tirar, comprar", donde lo dejan todo claro clarinete.

En esta ocasión mi lucha contra la obsolescencia programada tiene forma de smartphone. Mi móvil tiene ya más de 3 años. HTC Sensation es el dispositivo en cuestión. Ún móvil que me ha dado infinitas alegrías. A prueba de golpes, muchos golpes. Con la pantalla intacta pese a todos esos golpes (últimamente la pantalla es uno de los elementos más frágiles de los dispositivos móviles, por lo menos de los que tienen la gente que me rodea. Da igual marcas y modelos, caen como moscas). Si acaso la batería ha sido lo que más dolores de cabeza me ha dado, pero tiene fácil solución haciéndote con un par de ellas de repuesto por no muchos euros.

El auténtico problema ha venido con su estancamiento en las actualizaciones del sistema operativo. Mi preciado Sensation se quedó anclado en Ice Cream Sandwich, concretamente en la versión 4.03 de Android. Esto suponía que el terminal cada vez era mucho más lento y algunas aplicaciones directamente dejaban de funcionar. La falta de espacio en el propio teléfono también era otro de los problemas que me estaban incordiando.

Total, que no me quedaba otra que dar mi brazo a torcer cuando por trigésima vez mi marido se ofreció a rootearme el móvil. Digo dar mi brazo a torcer porque a mí todo lo que sea formatear (un móvil, un ordenador o hasta la batidora si se pudiera), es pensarlo y me entran los siete males. Pero no quedaba más remedio, así que uno de mis preparativos para la #VueltaAlCole consistió el hacer copia de todo lo importante que tenía en el móvil y ponerlo en manos de mi señor esposo para que lo rooteara, le desbloqueara el bootloader y le metiera una ROM apañada. Yo con esas cosas me pierdo, hasta le he tenido que preguntar cómo se escribía. Ay qué trauma, aunque al final no fue tanto para mí y sí algo más para él ya que hacerlo con un móvil tan antiguo es algo (bastante) más complicado que uno más reciente.

Como resultado, he conseguido que mi móvil pase a Jelly Bean (Android 4.1.2) lo cual es un salto cualitativo enorme. Os lo aseguro. Me vuelven a funcionar todas las apps y gracias a ser root puedo jugar con las aplicaciones moviéndolas a la SD. Todo va mucho más ligero y fluido. ¡Una alegría!

Sí, sé que es pan para hoy y hambre para mañana, pero qué queréis que os diga, me da un tremendo coraje el tener que cambiar de móvil estando el mío en perfectas condiciones de uso. Antes o después tendré que cambiarlo, lo sé. Soy muy consciente de que la guerra la tengo perdida, pero esta batalla la he ganado (con la inestimable ayuda de mi marido)!!!

Y vosotros, ¿también sois víctimas de la obsolescencia programada? ¿Habéis hecho tunerías a vuestros dispositivos para alargarles la vida un poco más o mejorar su rendimiento? ¿Sois de los que os dan como a mí un patatús sólo de pensar en tener que hacer mantenimiento de cañerías de vuestros smartphones? Podéis compartir vuestros "traumas" con total libertad en los comentarios ;-)

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5 de septiembre de 2014 - 13:55 h