A caña pagada

Ya es la época del año de los reencuentros: familiares, amigos que hacía tiempo no se ven se reúnen estas fechas, si quiera para tomar una caña y despedir bien el año con la cercanía de la amistad. Voy de reunión en reunión para conseguir ver al mayor número posible de personas queridas y con las que hay que ponerse al día de lo acontecido en estos meses entre cañas y alguna tapa típica regional -y seguir con el empacho habitual del sistema digestivo al término de estas fechas-. Lo malo es que la borrachera de amistad puede ser considerable si vas "a caña pagada, a esta ronda invito yo..." y así el cuento de nunca acabar. Elevamos el promedio de cervezas tomadas juntos de todo el año y lo bonito es que te digan tus amigos: "parece que te vi ayer, parece que no ha pasado el tiempo".

Yo pienso, pues será... aunque yo estuve bastantes horas soñando con tener una caña pagada en El Correo

esas tardes que el silencio invadía todo el piso y no sabía cómo llenarlo. Pero eso es lo bonito de estas fechas, que la alegría llena cualquier vacío y deja suficiente recuerdo -reservas de sobra- para afrontar los primeros meses del año hasta que se dé la fortuna de regresar a casa la próxima vez, pasen los meses que pasen. Y no quiero parecer empalagosa o cursi pero aparte de alimentar el cuerpo, alimentamos el alma con otro abrazo, otro apretón de manos y una sonrisa más para dejar claro la alegría que nos causa ese reencuentro.

Siempre me gustó el anuncio del turrón y el hijo que con su petate bien cargado vuelve a casa por Navidad, bueno, la versión actualizada, hoy más que nunca la vivimos jóvenes como yo, como tú... Aunque otros tantos tendrán que tomar el turrón más adelante porque no tienen la fortuna (la capacidad económica) de volver en estas Fiestas para estar con su familia. Sin embargo, yo ya les he dejado su caña pagada en el bar de siempre... eso, que no falte nunca.

¡Feliz Navidad!

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14 de diciembre de 2015 - 13:29 h
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