Rhodes

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Cuando terminé de grabar este podcast, hace justo una semana, me di cuenta de lo jodido que es sentarse y escoger unos discos para contar algo con ellos. Llevaba como un año y medio sin hacerlo físicamente -había hecho unos cuantos podcast digitales para ElJukebox-, y no recordaba ya la intensidad física de cuadrar los discos con la mayor precisión posible para querer contar algo.

Lo mejor que tienen los discos es que, por norma, uno los quiere más que a los archivos digitales, y los cuida. Los que pinchamos con discos solemos conocer bastante bien la música que ponemos, así que intentamos mezclas más emocionales que otros djs, que sufren esa cariñosa enfermedad del diógenes digital. Es difícil establecer un rito entre la música y el oyente, cuando el valor que tiene la música es cero. Es inevitable hacerlo cuando, en tiempos de crisis, te gastas dinero en algo que amas.

De este modo, creo que todos los temas que hay en este podcast dicen mucho de mí. Grabar un podcast es eso. Escoger canciones de tu colección que digan algo de ti. O eso quiero creer.

El Rhodes al que alude el título es el piano Fender Rhodes, un tipo de teclado eléctrico cuyo sonido me fascina. La propia génesis de su nacimiento me parece bellísima: Su creador, Harold B. Rhodes, comenzó a diseñar el instrumento ligero en los años 50 para un programa de terapia musical para los soldados heridos en la Segunda Guerra Mundial.

Con posterioridad fue comercializado, y, aunque los grandes pianistas del jazz de los 50 y 60 permanecieron fieles al piano clásico, la revolución de los 70 puso al Rhodes en manos de genios como Herbie Hancock, Chick Corea, Joe Zawinul o George Duke, y se convirtió en emblema de géneros como el jazz funk, la música disco o el jazz fusión.

El advenimiento del sintetizador desplazó un poco al Rhodes en los 80, aunque en los 90 volvió con fuerza gracias a la calidez jazzística que imprimía a las producciones de música house que comenzaban a configurar toda una escena mundial en aquella época, desde Chicago a Nueva York, pasando por Europa o Asia. Desde entonces, el Rhodes ha sido una constante en géneros como el deep house, el future jazz, el broken beat o el acid jazz. Por esos caminos va Rhodes, el podcast que he grabado.

Su difusión corresponde a Love Call, el movimiento de música disco, boogie y house que dirigen Andrew Oddio y Samuel VB en Sevilla. Oddio, norteamericano afincado en Sevilla, es un maestro y un referente al que me siento muy unido espiritualmente. Lo mismo puedo decir de Love Call, que es lo que, si el público lo demandara, querría hacer en Córdoba con Jukebox Jam.

Mientras el público decide lo que quiere, que para algo es soberano, prometo grabar más a menudo. Prometo dejar que mis discos me hablen e intentar que me guste lo que oigo.

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Publicado el
9 de noviembre de 2018 - 08:47 h
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