El nuevo personaje de Maquiavelo

Corren tiempos donde abundan las referencias y escasean los referentes. Al menos, en un nivel de análisis con cierto criterio. Por ello, una de las características de nuestro tiempo es explicar las cosas basándonos en un ya importante bagaje de personajes de ficción, roles históricos o situaciones previamente descritas antes que acudir a la densa vegetación de los conceptos. El curriculum profesional de Mourinho, siendo destacable, está sobreexpuesto por la dimensión mediática y la atracción maléfica del personaje. Hace mucho tiempo que los malos son más interesantes para una cámara. No son pocos los entrenadores que igualan o superan sus logros con mucho menos ruido o más estilo. Desde luego con más fútbol. Puestos a reubicar su referencia, hay quien lo considera un Salieri de los banquillos. El fallo de esta asociación es aceptar que Mozart sería Guardiola, y es algo que podría ser más que discutible en otra entrada de este blog. Además, no tenemos localizado quién fue el Ovrebo de Wolfgang Amadeus. Otros podrían considerar al portugués como el Dr. House del fútbol actual. Ese disparo no va mal enfocado, pero el desagradable galeno, consigue capítulo tras capítulo el éxito profesional, cosa que tras múltiples y biliosas excusas, no siempre acompaña al Dr. Mou. Mucho más apropiado sería ver en él un Maquiavelo redivivo reescribiendo "El Príncipe" en su quinientos aniversario en clave de remake con clara influencia de los "realities". En plena sociedad del espectáculo, que inaugurara conceptualmente Guy Debord a finales de los sesenta del pasado siglo, y que Vargas Llosa eleva a catagoría de civilización, elegir el fútbol como contexto ha sido un acierto de este nuevo Nicolás. El fin y los medios. El perfeccionamiento de un arte en la figura del portugués ególatra. Todo vale para sus objetivos, en los que incluye de manera simultánea una omnipresencia mediática que, necesariamente, parece elevar su caché en el insaciable fondo de inversión de la celebridad.

Daño colateral o legado impagable, una de las más genuinas aportaciones de Mourinho a la iconografía contemporánea es la creación de un personaje cuyo recorrido por el imaginario colectivo está aún por desarrollarse: Karanka.

La ubicación de este carácter en el interminable escenario de la gran comedia humana tiene sus propias justificaciones. No puede asimilarse a los profetas por boca de los cuales se anunciaban designios divinos, pues información aportó poca en sus comparecencias. Tampoco a la zarza ardiendo, pues la naturaleza del sujeto y su instrumento, en el caso que nos ocupa, han de ser similares. Más histriónica, peyorativa y mundana ha sido su asimilación a Monchito, el impertinente e insoportable muñeco del más insoportable José Luis Moreno, pero Karanka resulta menos repelente, hay que reconocerlo. En realidad, no resulta nada ni provoca más impresión que la perplejidad de la abducción televisada. Lo interesante de este Pinocho es que no sufre el crecimiento de la nariz. Porque apenas dice nada reconocible como propio aunque haya ofrecido no pocas ruedas de prensa. Y, cuando lo dice, todos ven detrás un demiúrgico Geppetto. Su rostro continuamente tenso y concentrado en la lealtad que su gran oportunidad requería ha hecho olvidar a un jugador que concilió la simpatía general de un buen central que consiguió reconducir con cierto éxito su carrera futbolística tras superar una dolencia cardiaca. Su nuevo personaje lo ha fagocitado. Y eso es creación de Mourinho. Tanto es así que ahora que su Príncipe se ha marchado, Karanka parece haberse diluido en su propia tierra de nadie, en un vacío de contenido y de forma, insustanciable sin su escritor. Sin ubicación ni papel claro, no parte de cero, sino del rostro de otra persona. Quien quiera contar con él: ¿Espera una versión sucedánea del portugués? Si esos fueran sus métodos, estaría de por vida viviendo en el personaje que su creador le designó. Si tomara otros caminos, siempre quedará la pregunta de por qué todo este tiempo no había demostrado sus propias cualidades y se había sometido a los valores maquiavélicos. Difícil encrucijada este punto de partida de su futuro spin-off.

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10 de junio de 2013 - 08:00 h
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