Año 4 después de Litri

Litri, con aficionados detrás | ÁLVARO CARMONA

El destino ha querido que sea hoy. Y malnacido sea el que tenga la menor duda de que él estará ahí, el lado de los suyos, en el sitio del que nunca se ha ido. Vuelve a estar vivo cada vez que se pronuncia su nombre. Hoy se hará muchas veces. En el salón de actos de El Arcángel, un presidente nuevo quiere crear un ejército de salvación con los de siempre y alguno más. Si alguien supo poner al escudo por encima de todas las cosas, si hubo alguien que simbolizó como nadie el espíritu indomable -riéndose de su propia pena- del Córdoba, fue este señor. Se nos fue tal día como hoy, un 24 de enero de 2014. Con el equipo, cómo no, en crisis. Unos meses después ascendió a Primera División. Y justo un año después, jugó en El Arcángel contra el Real Madrid de Cristiano. Eso es el Córdoba. Ahora está como está. Si alguno piensa en rendirse ya, en aceptar una despedida digna y decorosa, puede encontrar un último estímulo en la figura de este grande del cordobesismo. Preguntad a los viejos quién era. Acordáos del Litri.

A Francisco Calzado Ferrer (Córdoba, 1931-2014) le borró el fútbol el nombre. Gente que compartió con él muchos años en los lugares sagrados -el vestuario, el banquillo, el césped…- ni siquiera sabe en qué día del calendario celebraba su onomástica una de las personalidades más singulares que parió el cordobesismo. Él era Litri. Lo es ya por siempre. Por cierto, el día del Litri es cualquiera en el que haya partido y jueguen los blanquiverdes. Siempre habrá alguien en la grada o en una tertulia para que todos sepan que hubo alguien que quiso al Córdoba más que a sí mismo. No he hizo falta marcar ningún gol para convertirse en historia del club, una leyenda ambulante que dejó un legado grabado para siempre en el corazón de quienes le conocieron.

Más de 50 entrenadores, 25 presidentes, más de dos mil partidos oficiales, más de un millar de futbolistas, Primera, Segunda, Segunda B, Tercera, ascensos, descensos, primas a primeros a segundos y a terceros, salidas por la puerta grande, huidas por la trasera, fichajes, idas, vueltas y revueltas, despedidas, peroles de hermandad y encierros desesperados. Eso y más en un carrusel de experiencias al límite. Decir que lo vio de todo es quedarse corto. Quizá esa colección de vivencias -unidas a su peculiar modo de digerirlas, asumirlas y encontrar un sentido a todo- sea lo que le ha convertido en una especie de superhéroe del cordobesismo, en una presencia sobrenatural que siempre encuentra un chiste para diluir el drama, una anécdota esperanzadora de ésas que hacen levantar la cabeza a un muerto. Litri ha sido un milagro del fútbol, una leyenda embutida en un chándal blanquiverde que simboliza mejor que nadie la marca de identidad del Córdoba: su éxito es seguir en la brecha, resistiendo tempestades que hunden a muchos y hacen a otros desistir en la travesía, incitándoles a poner rumbo hacia destinos más cómodos. El Córdoba no se acostumbra a vivir bien porque ya nació con deudas. El "no hay billetes" se colocó alguna vez en la taquilla, pero siempre presidió la entrada a una casa humilde.

Exjugadores, peñistas, aficionados, locos que devoran kilómetros para seguir al Córdoba a donde haga falta, profetas del apocalipsis, señores mayores que se convierten en niños cada día de partido o sabios que dicen tener la receta para arreglar lo que no tiene arreglo. Todos caben. Todos son el Córdoba, ese club al que Litri dedicó años y años para montar un museo de recuerdos. Limpiaba y enmarcaba fotografías antiguas, recortes de periódico, material que le llegaba de aquí y de allá. Como un arqueólogo del cordobesismo, recopiló vestigios de una época que fue la suya, aunque realmente la etapa de Litri no es una ni otra. Han sido todas porque él siempre estuvo ahí. Para lo que gusten mandar, desde 1963. Fue masajista, utilero, conserje y consejero, pero no de los que se sientan en una mesa de caoba para contarle al de enfrente lo bueno que le ha salido el Mercedes, sino de los que ofrecen consejos sinceros. Experiencia le sobró siempre para dar y regalar. Y así lo hizo. "A pesar de todos los malos ratos que uno pueda pasar… Alegría, mucha alegría", contestó en una entrevista cuando le preguntaron qué era para él el fútbol. Un fenómeno. Si es que hay que reírse...

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24 de enero de 2018 - 01:01 h
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