La marca del obispo

La actuación del Cabildo en su afan de controlar la Mezquita-Catedral ha alcanzado un nuevo nivel con el registro de la marca "Mezquita de Córdoba". Resulta sorprendente que Córdoba sea la ciudad de la Mezquita para todos, menos para el Cabildo según se comprueba. El hecho de registrar la marca fue un acto silencioso, que demuestra una vez más el intento de imponer una visión intolerante del monumento, a la par que lucrativa. La Mezquita es indiscutiblemente el mayor reclamo cultural y turístico que tenemos. Su nombre se funde con el de Córdoba de forma inseparable y es la denominación de infinidad de empresas. Esto queda ahora al capricho de un obispado que actúa con una voracidad impropia de una institución de su género.

El Cabildo registró en primer lugar las marcas Mezquita y Catedral de Córdoba. El registro de la marca debe usarse por los empresarios para proteger frente a terceros la denominación de un producto o servicio que exploten. Según esto sólo debería haberse registrado la marca Catedral, la única utilizada actualmente,  Y sólo en la categoría de las visitas al monumento, única explotación económica realizada hoy día. Pero en lugar de eso se registró primero la Mezquita de Córdoba, denominación deliberadamente ocultada por la Iglesia. Para colmo se inscribió la marca para usarla en actividades impropias de la misma, como dentifrícos, ferretería, joyería, muebles, alimentación, y hasta servicios médicos o financieros. ¿Piensa el Obispado explotar todos esos negocios? ¿Lo haría como empresa, o mejor como entidad religiosa para tener sus cuentas opacas?

Todo esto revela los dos objetivos del Obispado: el beneficio económico y la imposición de la denominación del monumento. El Cabildo negó rotundamente que buscase el ánimo de lucro. Sin embargo quedó en evidencia el engaño al conocerse el pleito que entabló contra Mahou por su cerveza Mezquita. ¿Lo habría hecho si la cerveza se llamase Catedral? Negaron querer imponer un nombre, y ahora han corrido a registrar otras cuatro marcas similares más. Queda así perfectamente retratada la marca del Obispo: actuar como empresario del patrimonio cordobés. Comercia con la historia imponiendo una visión interesada e intolerante. Todo esto en un momento en el que deberíamos pensar más en convertir la Mezquita en un necesario símbolo de concordia y tolerancia.

Claudio Rodríguez Vera

Licenciado en Derecho

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Publicado el
25 de enero de 2015 - 04:24 h
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