Veraneos: 1.- La Muerte del Rey

Tenía un bañador meyba de algodón de cuadritos con un cordón que siempre se soltaba. Rojo y negro (Stendhal: después lo supo) o negro y rojo y algo de amarillo (ya no se acuerda bien).

Tenía diez u once años, el curso aprobado y el verano por delante... Y detrás: el mundo, como decía la canción.

Compartía un apartamento de esos de Sofico con un caballito de mar en la fachada en Fuengirola con su hermano, su madre y los primos: un primo chico y torpe y dos primas mayores, adolescentes (palabra ésta que aprendió después, como teenager o teenny). Papá estaba, como Dios, en viaje de negocios, y

llamaba por conferencia a un teléfono fijo modelo góndola de pared que había en la portería del edificio. Los martes. Sin falta.

Aquel verano aprendió a nadar porque el novio de una de sus primas, que llegó a la zona y se hospedó en un camping cercano, iba a la piscina a ronear a la muchacha en cuestión y vacilarle al chaval tirándolo y tirándolo una y otra vez a la piscina y haciéndole ahogadillas y tal -un simpático o un cabrón: algo querría-. No hubo más remedio que sobrevivir. Y nadar.

Una tarde, después de la piscina, subió al apartamento, cruzó el pasillo, se metió en el dormitorio camino del cuarto de baño que había al fondo y vio a su prima quitándose la parte superior del bikini.

Cuando tienes diez u once años y ves unas tetas que no son las de tu madre es que algo va a pasar. Y, efectivamente, pasa: es tu propia madre la que te pega (a traición, según tu modo de explicar los conflictos) una colleja descomunal por haber cruzado esa habitación cuando tu prima se cambiaba de ropa para salir de paseo y tomarse un helado con el cabrón de su novio que un rato antes casi te ahoga en la piscina de la urbanización de apartamentos de Sofico que luego reventará en los telediarios.

Al día siguiente de la colleja, ese chavalito acabó de jugar en la pisci -ya nadaba, qué remedio- subió al apartamento a comer sus macarrones y sus croquetas, y el telediario en la pequeña televisión con antena de cuernecillos anunciaba que el cuerpo de Elvis Presley había sido encontrado sin vida en el cuarto de baño de su casa de Memphis, Tennessee.

El Rey moría en agosto.

Mientras, un niño empezaba a ser mayor. Es curioso.

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3 de agosto de 2014 - 03:40 h