Línea 2. Ciudad Sanitaria-Fátima

Junto a ese barrio de las afueras, construido con el regreso de los emigrantes, se empezó a vislumbrar un cierto desarrollo geográfico y humano de la ciudad.

Regreso y acogida. Términos hoy confusos en un mundo donde priman más los muros que los puentes, las fortalezas que la posada al viajero.

He visto caravansares en el desierto, al menos para que los hombres y los camellos reposten… y luego sigan sin mirar atrás: agua, algo de comer, un jergón… gracias. Mañana más, mañana otros.caravansares

Distraído, pensaba en esto mientras miraba por la ventana del autobús en mi propia ciudad, yendo y regresando a uno de los hospitales que rodean a ese barrio de las afueras que fue mutando: la población envejece, la frutería, la ferretería, la mercería que te fiaba el ajuar de tu hija, los estudiantes que se fueron, el pub que también cerró, el kiosco, las peluqueras que se jubilaron, el señor de la freiduría que camina con un taca-taca si hace sol por el parque –al menos, hay un parque (sin niños)-, la papelería que se ha reducido porque ya no vende plastilina ni mapas mudos (ahora es una tienda de chinos que te ofrece mochilitas de Hello Kitty o del Real Madrid para los pocos niños y niñas de la quinta generación). En la antigua carnicería hay un cartel de Se Traspasa oxidado.

Un llamado "Polo Sanitario" rodeó aquel barrio e hizo que hoy la ferretería sea una ortopedia; la mercería, una floristería; el viejo pub, el despacho de una funeraria (sus paredes aún huelen a cerveza).

Tiene sentido, tal vez.

Aún no está en el diccionario de la Real Academia, es un extranjerismo de nuevo cuño, pero creo que la "gentrificación" es la muerte.

Y su periferia.

Etiquetas
Publicado el
18 de noviembre de 2018 - 02:00 h
stats