Vuelo a cualquier parte

Hay quien está convencido de que si sumara todas las horas perdidas en los aeropuertos el resultado equivaldría a poder vivir una nueva vida. Ricardo nunca lo ha creído, pero ahora empieza a aceptar como posible el hecho de sumar uno a uno los minutos que ha empleado en mirar aviones despegar y aterrizar a través de los cristales de las terminales. Está ideando la manera de coger todo ese tiempo y emplearlo en vivir su sueño: ser piloto.

Será fácil sumar esas horas de aeropuertos al final de su vida de oficinista trajeado. Sólo tendrá que buscar una vieja cabina de teléfonos. Alguna quedará. Allí aplicará la fórmula, se desabrochará la corbata y se colocará sus gafas de sol al más puro estilo Top Gun. Los cristales deberán ser verdes porque desde que descubrió su condición de superhéroe supo que el verde había desaparecido de su espectro visual. Es incapaz de distinguir la esperanza o interpretar los versos de Lorca. Eso le otorga un poder sobrehumano: nada de sentimentalismos, sólo acción.

Saldrá del armario telefónico y caminará directamente a la terminal más cercana. Subirá a la cabina del avión más flamante de cuantos descansen en el hangar y despegará para volar eternamente a ninguna y a todas partes.

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16 de marzo de 2013 - 11:35 h