Humanas

Nado dos días en semana, practico pilates otros tantos, salgo a correr cada mañana de lunes a jueves, aprovecho un fin de semana al mes para subir alguna montaña, he dejado el tabaco y el café, desayuno fruta y té verde, tengo prohibidos los hidratos a partir de las cinco de la tarde... Podría continuar enumerando prácticas saludables, pero sonaría ridículo.

Afortunadamente, cada día confirmo que sigo siendo yo delante del espejo. Tengo manchas en la piel, celulitis, arrugas y muy mal genio al despertar. Grito cuando me enfado, doy órdenes a diestro y siniestro y cuando me emborracho ronco como un auténtico cerdo. Por concretar, digamos que hago de Mr. Hyde de siete de la mañana a cinco de la tarde y de Jeckyll el resto del día ¿o es al revés?

Al principio me angustió mi bipolaridad, pero pasó rápido. Exactamente cinco minutos. El tiempo justo de salir de casa, entrar en el ascensor, encontrarme a mi vecina, la más elegante y refinada de todas, y oler que su intestino funciona exactamente igual que el del resto de la humanidad. La pobre debió desear con todas sus fuerzas que la tierra se la tragase. Yo en cambio me sentí feliz al saberla humana, tanto como yo.

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22 de marzo de 2014 - 09:53 h
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