Juan C. Villanueva: "Pisar la alfombra roja de San Sebastián es otro de los sueños que esta carrera hace posible"

Entrevista N&B a Juan Carlos Villanueva

Su rostro su cuerpo y su voz son las de un hombre de orden. Al menos a juzgar por los papeles de policía, comisario, notario, juez u hombre notable a los que ha dado vida durante 40 años de carrera. Lo tuvo claro desde niño: quería ser actor. Lo consiguió, más tarde de lo que pensaba, y por doble vía: en el cine y en el teatro. Con más de 60 y en tiempos oscuros para la cultura, Juan Carlos Villanueva vive un momento de luz: sigue haciendo teatro clásico, dirigiendo ópera, realizando doblaje, apareciendo en series y está a punto de estrenar una de las películas españolas del año con un papelazo.

Su imagen ha desfilado por capítulos de Hospital Central, Cuéntame, El ministerio de Tiempo o La Templanza. Lo han dirigido en cine, como el secundario férreo que es, casi todos los grandes: Urbizu, Alberto Rodríguez, Daniel Monzón y Manuel Martín Cuenca. Este último es el responsable de La Hija, filme que estos días compite en el Festival de Toronto y que se estrena el próximo miércoles -fuera de concurso- en el festival de San Sebastián. En él, Villanueva da la réplica al trío protagonista, interpretado por Javier Gutiérrez, Patricia López Arnáiz y la debutante Irene Virgüez. El resto de los mortales podrá ver la película en noviembre.

Sin dejarse cegar por los relumbrones de la profesión, con el campamento base en Córdoba y transmitiendo el mismo entusiasmo que cuando pisó por primera vez las tablas, Villanueva conoce muy bien que la medida del éxito está en la continuidad del trabajo.

PREGUNTA. ¿Vuelves a hacer de hombre de orden en La Hija?

RESPUESTA. Sí, sí, sí. De hombre de orden con cierta  crisis personal, anímica y de salud. El personaje es un inspector de menores que se acaba de incorporar a su puesto de trabajo después de una larga enfermedad. 

P. Por eso estás hecho un figurín tras perder 18 kilos para la película.

R. Sí, por eso, algo que me ha venido muy bien a nivel de salud. Al principio esa fue una de las condiciones, porque el personaje tenía que parecer, evidentemente, una persona enferma. Yolanda Piña ha hecho un trabajo impresionante con la caracterización, pero, claro, si pierdes 18 kilos pues mejor que mejor.

P. Esto de perder o ganar peso para una película es muy de actores importantes: Robert de Niro, Antonio de la Torre...

R. (Risas) Pensaba que eso era una cosa que a mí no me iba a pasar nunca, lo cual me ha demostrado a mí mismo que para nosotros todo ese tipo de obstáculos son handicaps a resolver. Para mí fue un poco darme la medida de donde quería estar y por qué quería estar. No me ha costado ningún esfuerzo, te lo digo sinceramente. Me preguntaba siempre la nutricionista ¿tienes ansiedad? Y le decía, mira, ansiedad no, deseo de comerme un bocadillo de chorizo, sí. Además, comes mucho y muy bien, yo he comido muchísimo. Mi mujer, Marina, no se podía creer que perdiera peso comiendo tanto. Eso sí, comía de todo pero sin grasa.

P. El rodaje fue en Cazorla.

R. Buf. El sitio más maravilloso de España, no debería decirlo porque hay muchos y considero que tenemos un país increíble por descubrir. Yo apuesto desde aquí por antes de salir fuera, conocer lo que uno tiene aquí, que son joyas.

Con la edad que tengo trabajar con un hombre como Martín Cuenca es sentir que puedo ir más arriba

P. El rodaje, como el mundo, se tuvo que parar en marzo de 2020.

R. Faltaban dos semanas de rodaje y hubo que parar. A mí me quedaban dos sesiones en la película y eso fue un palo, un palo gordo, de pasarlo muy mal a nivel anímico, por los compañeros, por el miedo que se generó. Pero sí, es verdad que estábamos en un sitio muy aislado, había una burbuja muy grande, pero claro, esa burbuja se rompe en el momento que hay compañeros y compañeras de producción que no tienen más remedio que salir, comprar, entrar, traer. Entonces, se hizo lo que había que hacer, costó tomar la decisión, pero se tomó. Afortunadamente no hubo ningún caso previo y se retomó a primerísimos de junio con grandes medidas de seguridad y un equipo reducido.

Pero, afortunadamente, esas dos semanas que quedaban de rodaje las consiguió Manuel reducir a una, porque una cosa buena del parón es que Manuel se metió en la sala de montaje, hizo un premontaje, se dio cuenta de lo que había y redujo el rodaje para poder acabar la película.

P. Cualquier actor que haya trabajado con Martín Cuenca presume de lo gran director de actores que es. Capaz de convertirlo todo en un juego.

R. Ha sido maravilloso, igual que en la anterior película que trabajé con él [El Autor, en 2017], que no paré de jugar con Javier [Gutiérrez], me sentí muy desinhibido y me dije, yo quiero trabajar con este tío, pero no una secuencia, yo quiero trabajar más y afortunadamente llegó la posibilidad porque a mí con la edad que tengo trabajar con un hombre como Martín Cuenca es sentir que puedo ir más arriba, que el techo de cristal se puede romper. Manuel me ha movido el suelo. O sea, me ha sacado de mi zona de confort y he sentido en todo momento que yo estaba rodando en carne viva y eso para mí ha sido una experiencia impagable. Y en esta película se va un poco más allá.  Es conseguir encarnar un inspector de menores, pero ante todo, un ser humano y eso lo ha conseguido Manuel.

De hecho, hay una cosa que dije con él delante, en una apertura de curso que vino a hacer aquí [a la Escuela de Arte Dramático], delante de actores y actrices jóvenes que estaban empezando, fue: lo único que puedo decir que ojalá tengáis la suerte de encontrar un Martín Cuenca en vuestro camino porque lo siento así, lo siento de verdad. Y lo consigue con cosas tan simples en el set como que una vez que todo el equipo haya hecho lo que tenga que hacer de luces, de cámara, de fotografía, de maquillaje, de peluquería… el único que ya puede hablar con el actor, con la actriz es él. Sin interferencias. Es apasionante conocerlo.

P. ¿Cómo te llegó el papel?

R. A través de Eva [Leira] y Yolanda [Serrano], directoras de casting y él, que ya me conocía, quiso tener antes de nada una entrevista conmigo y subí a Madrid a tenerla. La propuesta era que le apetecía volver a trabajar conmigo, que quería que participara en la película, pero bueno, había un handicap que era el peso. Yo estaba entonces en 90 kilos y le dije que perdería peso. Me quedé en 74 para la película. Como he contado, fue una cosa bastante llevadera con cierta rutina, cierta seriedad  y fue cómodo porque estaba súper ilusionado.

P. Creo que este es tu primer personaje de peso en una película importante del cine español. Tu primer gran secundario.

R. Sí, se puede considerar esa respectiva. No es lo mismo tener tres sesiones, dos sesiones que tener doce o trece en una peli grande, ¿no? Mi personaje es un poco el contrapunto del trío protagonista. Aunque hay una gran secundaria que es una bomba de mujer y de actriz llamada María Morales.

Mi personaje [en 'La Hija'] es un poco el contrapunto del trío protagonista

P. Cordobesa también.

R. Cordobesa. Fue una ilusión tremenda para los dos vernos en una secuencia juntos por primera vez. Nunca habíamos tenido la oportunidad de trabajar juntos ni en teatro. Para mí fue una sensación muy agradable entre las muchas que tuve en la película. Haciendo un poco de recuento de lo que fue el rodaje, no me sentí nunca presionado, iba a trabajar con una alegría y con unas ganas enormes, aunque fueran las cinco de la mañana.

P. ¿Puede haber un antes y un después en tu carrera tras esta película?

R. Pues mi gran deseo tras esta película es trabajar, seguir trabajando. No sé si sabes que tú fuiste la primera persona que me hizo saber que el trabajo que yo había hecho y al que yo no le había dado mayor importancia, con Alberto Rodríguez en La Isla Mínima haciendo de juez, era importante. Porque una llamada tuya desde San Sebastián para decirme que estabas orgullosa, que la película era estupenda y yo estaba muy bien, me hizo darme cuenta que yo estaba allí, en una peli grande y no había sido consciente de eso hasta ese momento. A posteriori, también fue importante una frase de Alberto Rodríguez, que dijo públicamente en el Festival de Cine Rural de Torres: a Juan Carlos Villanueva a partir de esta película le van a pasar cosas muy interesantes. 

P. Qué profético

R. Sí, fue profético y además yo creo que realmente se ha cumplido un poco. Porque al poco tiempo de La Isla Mínima yo hice de General Varela en la serie Lo que escondían sus ojos, que fue mi primera producción sin casting porque era el juez de La Isla Mínima y me eligió el productor Fernando Bovaira, también importante. 

P. Menudo subidón.

R. Eso es un subidón tremendo. Es una de las cosas más placenteras, no te puedes ni imaginar, pero sí que es verdad que he tenido muchísima suerte y quiero que conste el darle las gracias, aunque ya lo saben, tanto a Eva Leira como a Yolanda Serrano porque desde el primer momento ellas siempre han apostado por mí. Eso es muy de agradecer.

Alberto Rodríguez dijo públicamente que me iban a ocurrir cosas muy interesantes a partir de 'La isla mínima'

P. ¿Aún sueñas con ser protagonista de una producción audiovisual, serie o película?

R. Todos soñamos y siempre sueñas con ese personaje, con ese ser humano que tú puedas dar vida en una pantalla. De todas formas, mi profesión a mí particularmente me llena un montón. O sea, yo he llegado a partir de ciertas experiencias que por muy pequeñas que sean, si realmente la producción lo merece, económica, de equipo y de consideración para con los actores, tú te vas a sentir igual de bien. Y eso me ha ocurrido con Alberto [Rodríguez], con Daniel Monzón, con Urbizu y con Manuel Martín Cuenca porque tienen la capacidad de crear a su alrededor una cantidad enorme de respeto hacia la persona que se pone delante de la cámara. Y ese respeto se logra al mismo tiempo que sea recíproco para los compañeros. Por ejemplo, La Isla Mínima me parece que hice mi papel en dos, tres sesiones, no recuerdo exactamente muy bien, pero me sentí tan respetado como Javier [Gutiérrez] como Raúl [Arévalo], como cualquiera de los protagonistas de la película. Y eso hace que te sientas mejor como actor y como persona, porque consideras que empiezan a entender que tu trabajo es igual de válido porque también el equipo te hace sentir eso. Eso no ocurre siempre y yo he tenido la gran fortuna de que sí me ha ocurrido. He llegado tarde al cine, como tú sabes, he hecho muchas cosas antes de hacer cine profesional y he tenido la suerte de encontrarme con unos equipos increíbles. Y en eso yo destacó el de Martín Cuenca por lo que él sabe hacer con el equipo para que las cosas funcionen como él quiere, algo muy importante.

P. ¿Qué planes tienes en San Sebastián?

R. A la espera de recibir el mail con todos los datos, llego el miércoles 22 en un vuelo a San Sebastián y llegaría sobre las nueve de la mañana, con hora suficiente para llegar a la rueda de prensa y  al pase que será por la noche, a las diez de la noche, con photocall, alfombra roja…

P. Qué emoción ¿no?

R. Muy emocionante. Uno tiene metas que se van cumpliendo, sueños por cumplir dentro de la profesión. Afortunadamente a lo largo del tiempo he ido cumpliendo muchos de ellos. Yo soñaba con subirme al teatro en Mérida y lo conseguí, cinco funciones con un Julio César que se hizo allí. Yo soñaba con llegar a Almagro y lo conseguí, cinco días en el Claustro de los Dominicos con La Lozana Andaluza. Yo soñaba con ir a San Sebastián, porque para mí el teatro Victoria Eugenia, ver pasear por allí una de las últimas imágenes de una de mis divas preferidas del cine, Bette Davis, y estar allí trabajando tanto como actor como luego con la ópera, y ahora ir a estrenar al Kursaal, en un festival donde se han proyectado obras en las que aparezco, mi imagen ya estado con No habrá paz para los malvados, El Autor, La Isla Mínima o La Peste, pero al que acudo por primera vez físicamente es otro de los sueños que esta carrera hace posible

P. Cuidado con lo que sueñas que se cumple.

R. (Risas) Soñar, soñar, soñar, siendo coherente con todo lo que he hecho a lo largo de mi vida, aspiro a que mi trabajo se reconozca, pero con una meta en concreto, seguir trabajando, seguir disfrutando, seguir soñando y hacer soñar a los demás. 

Aspiro a que mi trabajo se reconozca, pero con una meta en concreto, seguir trabajando, seguir disfrutando, seguir soñando y hacer soñar a los demás

P. ¿Eres consciente de la suerte que tienes con tu género? Sería ciencia ficción que esto le estuviera ocurriendo a una actriz de tu edad (62).

R. Sí, sí, sí, lo sé porque tengo compañeras increíblemente buenas actrices que no están trabajando. Realmente este mundo es un poco endogámico y cuando más te das cuenta es con vosotras, con las mujeres, porque trabajamos muy poco, trabajamos muy pocos, pero con las mujeres trabajas mucho menos porque hay menos posibilidades. Se hacen menos personajes para mujeres de cierta edad y  es triste  porque estamos hablando de gente con una calidad impresionante. Además, el audiovisual español adolece de algo que yo creo que no es bueno y es la falta de amplitud, eso de ver casi siempre a los mismos rostros en casi todos los sitios. Quizás porque hemos tenido siempre un complejo enorme. Quiero romper una lanza por AAMMA, la asociación de mujeres cineastas porque son necesarias.

P. ¿En el teatro todo es más justo y más equilibrado?

R. Sí y te voy a decir por qué, en el teatro la edad no tiene tanta importancia, tanto para hombres como para mujeres. Te voy a poner un ejemplo, Sir Laurence Olivier hizo Hamlet, el príncipe de Dinamarca con 56 años y ahí se queda eso. O sea, el teatro te lo permite. Tú te sientas en un patio de butacas a ver a Pepe Sacristán, 85 tacos, y te olvidas de la edad porque el teatro te lo permite. 

P. Ocurre con Lola Herrera o Nuria Espert.

R. Totalmente. Estamos hablando de personas que afortunadamente tienen mucha edad, pero se conservan fantásticas. Yo recuerdo perfectamente a una gran actriz secundaria de este país, que era una maravilla en el escenario y delante de una cámara, Aurora Redondo. Yo la vi aquí en Petra Regalada y con 80 la cogían de un brazo y la estrellaban contra una cama. Pues esa fue la primera vez que rompí mi timidez y cuando salió del escenario me la encontré cruzando la plaza de las Tendillas, que iba a coger un taxi, y le dije, bravo, Doña Aurora. Me puse colorao como un tomate, pero me salió del alma porque esas cosas me emocionan. Esta profesión tiene muchísimas cosas para emocionar, pero una de ellas es la humanidad. 

P. Hablando de teatro, te va a dirigir también en las tablas Martín Cuenca.

R. Vaya. Me llamó por teléfono directamente él esta primavera, me preguntó si me apetecía y, claro, cómo no me va a apetecer. Un proyecto muy bonito, teatro del que yo creo que ya no se escribe ni se hace, teatro de dialéctica con un texto maravilloso de Felipe Vega, uno de sus mentores. Tengo dos compañeros maravillosos, vuelvo a repetirte que esta profesión me está dando muchísimas satisfacciones y una de ellas, por fin, al cabo de los años, es encontrarme encima del escenario con una actriz como María Morales y con una persona  que yo creo que no necesita que nadie hable bien de él porque su  trabajo ya lo dice todo como actor y como persona, que es Antonio de la Torre. La obra se llama Un hombre de paso y es una ficción, un enfrentamiento verbal, por llamarlo de alguna manera, por medio de una periodista, el personaje de María, de dos personas que coinciden en la historia pero no es la vida. El teatro consigue que esas dos personas se encuentren en una conversación bastante importante. Una de ellas es Primo Levi y otra de ellas es Maurice Rossel, el enviado de Cruz Roja que visitó Auschwitz. Yo seré Primo Levi.

En el teatro la edad no tiene tanta importancia, tanto para hombres como para mujeres

P. Esa obra debería estrenarse en Córdoba obligatoriamente.

R. Se estrenará, pero después. Aparte de que estemos dos actores cordobeses, lo que más me gusta de todo esto es que las cuatro personas que estamos al frente de la producción,  tanto Martín Cuenca, como Antonio de la Torre, como María y como yo somos andaluces. Y eso me llena, como diría el otro, de orgullo y satisfacción, que es verdad. 

P. Qué pena que te hayan dirigido tan pocas mujeres, en el cine y las series apenas ninguna, pero en teatro lo hizo la gran Josefina Molina en La lozana andaluza.

R. Sí, muy poquitas. Otra de las cosas buenas que me ha dado esta profesión es conocer a Josefina personalmente y ser dirigido por ella. La admiraba, admiraba su trabajo. Hicimos la versión de la obra de Rafael Alberti. Aprendí con ella lo más grande y a conocer a un ser humano increíble. Me impresionó su humildad tan grande a la hora de trabajar y que se emocionara porque un día llevé un pastel cordobés para la pausa del ensayo, no sabes las fiestas que le hizo.  Cuando llegamos a Madrid, ella nos invitó a comer cocido madrileño en un sitio muy especial a toda la compañía. Ella no es una directora que esté dando la bulla constantemente con una producción. Ella iba de vez en cuando, veía cómo iba la producción y retocaba algo si había que retocar. No ha sido una directora pesada, al contrario, a mí me hubiese encantado que fuera un poquito más pesada por conocerla todavía más.

Recuerdo que me dijo una cosa muy bonita en uno de los ensayos, en las naves de Calatrava en Sevilla, cuando estábamos preparándolo, hablando en un receso sobre las distintas imágenes que un director tiene o que un director se toma cuando mira a una persona para hacer un personaje. Elle contó que donde se fija  más es en los ojos de la persona y empezó tú por aquí, tú por allí, a cada uno de nosotros y cuando llegó a mí me dice, contigo no sé por dónde ir, porque si te miro desde una perspectiva tienes una cara de de buenazo tremenda, pero si te miro desde otra perspectiva tienes una cara de hijoputa tremendo. No me lo dijo con esa palabra, pero vamos, fue lo que me quiso decir. Lo bueno que tiene eso es que puedes hacer ambas cosas, eso fue lo que me dijo.

P. Y el que ha pesado más, por los papeles que te dan, es el del hombre recto y de buenos valores.

R.  Sí, porque incluso fíjate en la serie Alba, que ahora mismo se está emitiendo en ATRES player Medium, que acabará emitiéndose en abierto más adelante, hago de un juez, pero también con chicha. O sea, un juez que se ve envuelto en un affaire jurídico y personal. Le das brillo y textura a los distintos matices que puede tener una persona de orden si te pones a pensar, policías, jueces…  También hago de hombre de orden en la segunda temporada de La Unidad, pero a ver, es lo que ha tocado.

P. Para cualquier papel de policía,comisario, juez, notario, hombre notable… creo que es tu cara la que suele estar en mente de  los directores.

R. (Risas) Yo creo que por el encasillamiento que se produce cuando tienes una imagen concreta, porque se puede ir más allá. Ahora que todos hablan de La casa de papel, un compañero al que yo he conocido en otros menesteres y ahora lo veo hecho todo un militar aguerrido y malo, malísimo, que es José Manuel Seda, y las imágenes dan miedo y sin embargo, tiene más pinta de héroe romántico, pero ha logrado darle la vuelta. Es verdad que estamos muy mediatizados por la imagen que hay y los directores muchas veces no se arriesgan. La lanza la rompo por Manolo Martín Cuenca que sí se ha arriesgado.

Otra de las cosas buenas que me ha dado esta profesión es conocer a Josefina Molina personalmente y ser dirigido por ella

P. ¿Cómo y cuándo se encendió la llama de la interpretación en tu vida?

R. Pues mira, yo recuerdo con muchísima nostalgia y con muchísimo cariño y como algo que me dejaba totalmente paralizado ante la segunda o la primera cadena de Televisión Española en blanco y negro, que eran los Estudio Uno. Siempre he sentido que yo tenía que estar ahí, siempre, desde ese momento. Mis padres me aficionaron muchísimo al cine, al cine americano antiguo. Yo te puedo hablar de las películas, de los grandes actores americanos, porque para mí eran esa meta a conseguir. Despertar esas pasiones en esos melodramas que hacían tan bien.

P. Cuéntame sobre tus años en la Escuela de Arte Dramático de Córdoba.

R. Pues mira, de los años en la Escuela, yo me lo pasé muy bien, pero tenía muchísimas preocupaciones porque estaba trabajando y tenía un hijo ya. Yo llegué a la Escuela tarde. Evidentemente lo intenté más joven, pero la vida te va llevando por otros derroteros y al final no pudo ser. Y yo cuando hice la Escuela había ya un corte de edad tremendo entre mis compañeros y yo, pero aun así aun conservo a grandes compañeros como Luis Rallo, Marisol Membrillo, con María Morales y Luz Valdenebro ya no coincidí en la Escuela pero he trabajado con ambas… El paso por la escuela fue tremendo porque bajé de pronto los pies al suelo porque la enseñanza del arte dramático tiene carencias y eso habrá que arreglarlo en un futuro, porque creo que no está donde debe estar. Deberían estar realmente en la universidad y no en escuelas profesionales. Hubo una intentona de equipararla al grado universitario, pero eso no es real a la hora de la verdad. 

Aun así disfruté muchísimo, hice lo más grande, cogí muchísimo conocimiento de los clásicos, me metí en casi todos los talleres y lo pasé bien.Y otra cosa muy importante, la Escuela me dio a conocer a una maestra como María Dolores Martorell que me puso en el camino de la música. Era dura y hoy se lo agradezco mucho.

P. Quién te iba a decir entonces que acabarías haciendo y dirigiendo ópera.

R. Yo no te puedo leer una partitura exacta, pero sí te puedo decir por dónde va el piano en caso de tener una partitura de piano forte, que es con la que trabaja el regidor o el ayudante de dirección y sé por donde va la orquesta. Mi profesión me gusta toda y hay todavía asignaturas pendientes, evidentemente. Otra de las cosas fue el doblaje, que, afortunadamente, me está sacando las castañas del fuego en muchísimas situaciones.

P. ¿Pagarte la facturas, por ejemplo?

R. Muchísimas, no te lo puedes imaginar.

Hay que trabajar la voz para que se te entienda

P. Es que la voz es tan importante en un actor y en una actriz, aunque parezca que algunos no se la dan.

R.  Yo creo que no se la dan porque están muy preocupados con que todo sea orgánico y de verdad, evidentemente, todo tiene que ser orgánico y de verdad, pero también hay que trabajar la voz. No solamente la voz en la proyección para teatro, hay que trabajar la voz para que se te entienda.

P. En eso tú eres un actor como los de antes. De dicción y de proyección.

R.  Es que yo tengo esa escuela. A lo largo de mi trayectoria lo que he hecho es reciclarme un poquito en la maneras de trabajar en la actualidad, porque eso no quiere decir que tú no conozcas esos procedimientos, esas metodologías o esos sistemas. Me pasa en teatro, cine y televisión que yo me tengo que creer lo que veo, me tiene que entrar también por el oído, por algo es audio-visual.

P. ¿Y el acento andaluz?

R. El acento costó trabajo porque en la película [La Hija]  trabajo con un acento muy diáfano, pero andaluz, Dije, lo hago sin problema, o sea, mentira, con problema porque a uno lo han machacado tanto con que tiene que cambiar el acento que ahora hablar en andaluz casi resulta más falso que hablar en castellano. Entonces yo me lo curré todo en un andaluz bastante normalito pegando a la gente de Jaén porque es mi acento, porque es como yo me desenvuelvo y me olvidé de neuras y Manuel me hizo que me olvidara. Entonces, yo creo que es la primera vez que me ocurre que me escucho en andaluz y me lo creo.

P. En doblaje ya es otra historia. Es muy difícil doblar con acento andaluz.

R. Mucho, muchísimo. De hecho, qué andaluz. ¿El de Cádiz, de Málaga, el de Córdoba? Esa es la grandiosidad de nuestro acento. No podemos reñir con eso. Es una cuestión de articulación, de cómo emites el sonido para que el sonido se entienda, no tiene nada que ver con el acento. Toda la guerra que se montó con La Peste, acuérdate. Desde mi punto de vista hubo un handicap técnico, y es que Alberto [Rodríguez] quería que Sevilla fuera uno de los personajes con todo lo que eso conlleva. O sea, sus ruidos, casi el olor porque lo podías percibir. Entonces, ese soundtrack general de los sonidos está como muy presente. Y hay momentos en que se hablaba un andaluz excesivamente cerrado en algunos casos, porque Alberto respetó todos los acentos y no quería que hiciéramos un andaluz global.

En 'La Hija' es la primera vez que me ocurre que me escucho en andaluz y me lo creo

P. Como el que sonaba en la serie Plaza Alta.

R. Esos eran unos andaluces como de un refinado que al final era echarnos  tierra en nuestro propio tejado.

P. Es una osadía vivir de esta profesión teniendo el campamento base en Córdoba. Menos mal que existe el AVE.

R. Yo he ido a hacer una prueba por la mañana en el AVE de primera hora y he estado en mi casa a la una. Lo que ocurre, salvo honrosas excepciones, es que casi ninguna productora contempla el hecho de que tú no vivas en la ciudad en que se rueda. Yo voy a rodar a Madrid y muy pocas productoras contemplan esa posibilidad. Se supone que tú vives en Madrid. Es muy injusto porque te están obligando de alguna manera a que como actor tú tengas que vivir allí. Yo me iré a vivir a Madrid si estoy trabajando en una producción en la que se me necesita de lunes a viernes o estoy trabajando en una película en la que no tengo más remedio que tener que vivir allí un par de meses, como me ha pasado con la ópera o con alguna que otra producción. Yo no me niego a vivir en ningún sitio, pero creo que no es necesario hoy por hoy que no tengamos que trasladar a la sede social de una productora. Y menos mal que aquí tenemos AVE. Pero tú no dispones de juntar tus días de rodaje para que te salgan las cuentas porque tú no eres prota. A mí se me tiene cada vez más en consideración porque soy más mayor, hay un choque generacional y empiezan a llamarte de usted. A todos les digo que no vayan por ahí porque empezamos mal (risas).

P. Resistir haciendo teatro en Córdoba, con La Buhardilla primero y con la compañía Trápala desde los años 70 hasta hoy me parece una verdadera heroicidad. En una ciudad con tan poca tradición teatral.

R. Sí, es un poco contradictorio todo. Es lo que quiero hacer contra viento y marea. Tengo muy claro desde el principio que el movimiento se demuestra andando. O sea, yo no puedo decir que Córdoba es una ciudad pobre culturalmente porque mi trabajo consiste en que eso no sea así y en entender que la cultura es muy amplia. Córdoba como ciudad tiene un problema que creo que es endémico en toda Andalucía, pero no considero a Córdoba una ciudad pobre culturalmente. Yo creo que es una ciudad adormecida, como a la que le cuesta trabajo reconocer el trabajo que se hace aquí. Te pongo un ejemplo, yo estrené una cosa que se llamó El oro del siglo, con Trápala, una producción bastante limpia, un monólogo con música en directo en la que me atreví a cantar. Era una dramaturgia sobre los grandes textos del Siglo de Oro, contando una historia de honor, de amor y desamor. Fuimos a Madrid, al festival Clasic-OFF y las críticas que nos hicieron fueron increíbles, sin embargo,  no conseguimos llenar una sala de cien personas porque esto también, incluso en Madrid, es muy endogámico. Las compañías necesitan apoyo y, sobre todo, de los ciudadanos del lugar al que pertenecen.

P. El burlador de palacio, que sueles poner en escena en este Palacio de Viana, creo que constituye una síntesis de tu carrera: indagar en un personaje clásico y ponerle música y ópera en un lugar patrimonial.

R. Es un defectillo que yo tengo, que no me gusta quedarme con una sola verdad porque pienso que no existe una única verdad. Por eso mirar a Don Juan desde esa perspectiva tan poliédrica, mirar a un mito con música, con ópera en directo, además, y en un lugar patrimonio de la ciudad es maravilloso. Me propusieron hacer algo que siempre se me había quedado en el tintero. Yo había hecho previamente muchas veces el Don Juan Tenorio de Zorrilla y lo había disfrutado mucho, pero siempre se te queda en el tintero eso de que hay que ver cómo acaba la función. Evidentemente la escribió un romántico, pero que está redimiendo a este señor que ha sido un violador, un asesino.. y lo está redimiendo por amor. Perdón, no, eso no puede ser. Es un malo cínico, divertido y no trato de justificarlo en ningún momento. Por eso lo trabajé desde Moliere, Tirso, Zorrilla, con Strauss, con la música de Mozart…

No considero a Córdoba una ciudad pobre culturalmente. Yo creo que es una ciudad adormecida

P. Y lo traes a la época del #metoo

R. Con todas la consecuencias que tiene el hecho de ensalzar la figura del Don Juan hoy, precisamente. Entonces, de alguna manera, eso se enlaza con con cierto personaje de cierta función de teatro que murió aquí y su espíritu ha venido a parar aquí. A finales de octubre y primeros de noviembre la volveremos a representar aquí en Viana. En torno al 1 de noviembre, que es cuando hay que poner en escena a Don Juan. Resucitaremos a este burlador canalla.

P. ¿Con quién sueñas trabajar?

R. La profesión me lo está dando, pero Bardem, me encantaría trabajar cara a cara con él. Aunque me ha dado tanto la gente con la que he trabajado, como Javier Gutiérrez, ha sido un gozo.

P. ¿Y algún director? Almodóvar, Sorogoyen, Scorsese…

R. Tenía muchas ganas de trabajar con Dani de la Torre y he trabajado con él. No aspiro a grandes directores internacionales. Almodóvar, no sé, me gusta muchísimo Sorogoyen y no me importaría repetir con Urbizu.

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19 de septiembre de 2021 - 00:00 h
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