Donna Leon: “Hay que darle el Premio Nobel a Greta Thunberg”

La escritora norteamericana Donna Leon | TONI BLANCO

¿Creen que Greta Thunberg gesticula? Esperen esta tarde a ver el aguerrido y teatral lenguaje físico de la escritora Donna Leon (Nueva Jersey, 1942), una de las primeras damas de la novela negra, y una mujer que lleva más de una década poniendo en primera plana los problemas medioambientales y el más que probable colapso civilizatorio al que se enfrenta este planeta.

Y sin esperanza. Nada ha cambiado en su interior desde que en 2008 dijera que "es demasiado tarde para salvar el planeta". Sigue pensando lo mismo, a pesar de que hayan surgido figuras como la de la joven activista sueca. "Hay que darle el Premio Nobel a Greta Thunberg", pedía la escritora norteamericana desde el Palacio de Orive, donde se ha enfrentado con mucho cariño a las preguntas de los periodistas, un poco antes de hacerlo esta tarde en el marco de Cosmopoética.

A sus 77 años, Leon no se anda con remilgos ya en nada. En su primera respuesta deja claro que el escritor de ficción, al menos en sus novelas, no debería ofrecer sus opiniones, sino limitarse a exponer los hechos. Y un poco después, ahonda en la idea cuando le preguntan por el cambio climático y por el giro que han dado sus novelas desde el género negro hasta las tramas verdes. "En Italia hay tal cantidad de depósitos ilegales de materiales tóxicos que es una locura absoluta. Italia es un desastre ecológico. En el sur de Italia hay barcos fantasmas que contienen barriles de no se sabe qué y hay cantidades enormes. Muchos sitios donde la gente ha dejado este tipo de residuos. Es un asunto muy importante que muchos italianos no conocen", explica Leon, que confiesa que ese panorama es algo que le atrae, una historia que "se escribe sola" y que tira de ella y de su comisario Brunetti, protagonista de 28 novelas.

Porque lo que tiene claro es que no va a sacar a Brunetti de Italia, ni de Venecia, la ciudad que ella sí que ha abandonado harta de los turistas, para refugiarse en un pueblo suizo en el que viven 300 personas "y 300 vacas". "He vivido en Venecia durante décadas, pero llegó un punto en el que dijimos ¡basta!. Había tal cantidad de gente que es imposible de vivir de forma normal", confiesa la escritora, que aporta un dato: "En Venecia hay 54.000 residentes. Y eso incluye las islas. Pues solo el año pasado la visitaron 33 millones de turistas".

Un dato y una advertencia: "Córdoba sigue conteniendo la belleza de siglos en un centro muy compacto. Es una ciudad que no tiene comparación. Pero andar por aquí me hace pensar en que estoy visitando Pompeya dos años antes de que estalle el Vesubio", arranca Leon, antes de levantar su dedo índice y tallar en la lápida: "O sea, faltan dos años antes del Vesubio. Dos años para que Córdoba se convierta en Pompeya por los turistas. Tened cuidado. No querréis que los turistas conquisten vuestra ciudad".

Un periodista le pregunta entonces cómo se conjuga el hecho de que la industria del turismo aporte beneficio a la ciudad y que el ser humano sienta ansias de viajar y conocer culturas y países distintos. En su respuesta, Leon recurre a un general del ejército norteamericano en Vietnam que dijo: "Tenemos que destruir esta aldea para poder salvarla".

"En mis libros digo: Aquí hay un problema, pero no tengo solución", apostilla a continuación, encogiéndose de hombros, y siguiendo el relato que había marcado desde el principio. Porque Leon no soporta la idea de que los escritores hagan su trabajo bajo un ideal de "justicia social" y anden "predicando al lector". "Una de las características más significativas de la literatura moderna es que los escritores se olvidan de ser invisibles. Las opiniones del autor debería desaparecer", había zanjado nada más empezar.

Eso incluye las suyas. Y eso incluye también un asunto como el del cambio climático. "Este verano, The Guardian publicó que el 11 de julio, en un solo día, hubo 495.000 vuelos comerciales en el planeta. Y eso que julio no es el mes en el que hay más tráfico aéreo, en agosto hay todavía más... Con esto quiero decir: Yo aún separo la basura y cierro el grifo cuando me lavo los dientes. Pero he volado aquí y me iré de aquí en avión. Así que hablamos mucho pero no tenemos respuestas. Ni tampoco tengo esperanza", sella la escritora norteamericana, que pregunta irónicamente si está previsto que en algún momento aparezca Donald Trump.

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