El Cristo de la Caridad, el legado para Zuheros de sus emigrantes
Esconde la serranía de la Subbética una localidad de casas blancas y magnífica belleza. Sus principales atractivos son el castillo de época musulmana que la corona y la llamada Cueva de los Murciélagos, aunque tiene muchos otros. Zuheros es un municipio lleno de encanto, del que un día, sin embargo, muchos tuvieron que marcharse para buscar un futuro. Aquellos que se fueron dejaron un legado: el Santísimo Cristo de la Caridad.
Corría el 14 de agosto de 1965 cuando se fundó la cofradía a la que da nombre su titular. El hecho singular en este caso es que la fundó y formó “un nutrido grupo de zuhereños que habitualmente emigraban fuera de España”. Su actual hermana mayor, Claudia Lastres, precisa que esos vecinos salían “permanentemente a las industrias europeas o temporalmente para trabajar en los campos de Francia, Suiza o Alemania”.
Por tal motivo, desde el primer momento, a la corporación se la conoce popularmente como de los Emigrantes. Su rectora explica que “la llegaron a formar 130 cofrades”, lo cual es una cifra significativa para una localidad que en la década de los sesenta quizá alcanzó los 2.000 habitantes. “El primer año que salió en procesión sólo había túnicas para no más de la mitad por falta de recursos económicos”, revela.
Arraigo en la lejanía a través de la devoción
No era un tiempo sencillo para España, menos aún para el mundo rural. Fueron muchos los que dejaron atrás el hogar para intentar mejorar sus vidas. En Zuheros sucedió, pero quienes emigraron, paradójicamente, estrecharon aún más su vínculo con el municipio. Se refleja cada Miércoles Santo en las calles con el Santísimo Cristo de la Caridad, un Crucificado de los prolíficos talleres de Olot que adquirieron por suscripción popular.
La cofradía, por cierto, tiene sede en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, situada casi a los pies de histórica fortaleza. De ahí que cada Miércoles Santo, día en el que realiza estación, su tránsito por la localidad sea más especial si cabe. La salida la hace con el rezo del Vía Crucis, “que en los años de sus orígenes era llevado a cabo por predicadores de fuera”.
Indica Claudia Lastres que aquellos oradores “exponían sus sermones desde distintos balcones” de Zuheros. “Actualmente el Vía Crucis es participado por sus hermanos con el párroco al cargo”, apunta sobre el presente. La hermana mayor de los Emigrantes, destaca “la sobriedad y austeridad” de su cortejo, con lo que “se acentúa el silencio y el respeto” para vivir su procesión.
Los descendientes como custodios del legado
“Además, el Cristo se porta en paralelo al suelo sobre los hombros de los hermanos”, subraya acerca de la forma de mostrar a su titular. “Así fue en su origen y se recuperó hace pocos años tras su restauración”, matiza. Hubo un período, por tanto, en el que “fue llevado sobre un trono improvisando el Calvario”. Aunque no mantenía una posición vertical, sino inclinada.
De vuelta al valor social y la historia de la hermandad, Claudia Lastres resalta que “hoy en día se sostiene con hijos y nietos de aquella generación que la fundaron”. “Somos descendientes de aquellos 130 cofrades que con sueños y afán de superación plantaron cara a la vida sin titubeos y cruzaron las fronteras buscando lo que aquí no había, el sustento de sus familias, llevando al Cristo de la Caridad en sus corazones”, expone.
¿Qué supone, por tanto, preservar lo que crearon sus antecesores? “Es un sentimiento colectivo de respeto y veneración, queremos mantener vivo este legado, esta tradición”, afirma la hermana mayor de la corporación. “Es el recuerdo y el agradecimiento a tantos como se fueron dejándonos huérfanos de su presencia y que tanto amaron esta estación de penitencia”, concluye.
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