Zaid, rey de las montañas

Zais Ait Malek, en pleno entrenamiento | ÁLEX GALLEGOS

"Éste es mi sitio", dijo un buen día. Y ahí sigue. En las últimas semanas consiguió ganar el Trail de las Pastoras de Portudela -una prueba que tiene lugar en Cabrales (Asturias) y de la que dicen que es "el maratón más duro del mundo"- y colgarse la medalla de bronce en la Transvulcania Ultramaratón, en Tenerife. Hay quien puede preguntarse qué empuja a alguien a enrolarse en una competición de ultra running, una especialidad deportiva de dureza extrema en la que los participantes abordan recorridos de distancias superiores a las de una tradicional maratón -a veces mucho más de los míticos 42 kilómetros- sobre superficies montañosas con senderos, arroyos, trepadas brutales y frenéticas bajadas. Zaid tiene su respuesta: "Hace que me sienta libre". No parece que sea una mala motivación para hacer frente a un test de exigencia extraordinaria, que pone a prueba todas las capacidades: desde la resistencia física hasta la fortaleza mental. Sobre todo para un hombre de 32 años que hace trece llegó a España desde Marruecos entrando por Algeciras agarrado a los bajos de un camión.

Zaid Ait Malek no deja de sonreír mientras cuenta sus últimas aventuras. En la clínica cordobesa Nutrir, donde está siguiendo un programa especial de nutrición y mejora del rendimiento físico minuciosamente planificado, Zaid posa entre bromas con el trofeo de hierro que conquistó en Santa Cruz de Tenerife el pasado fin de semana -"a la vuelta tuve que facturar en el avión por culpa de este trofeo", dice- y habla de sus próximos desafíos. El suyo es uno de los nombres de referencia en el panorama del ultramaratón, una modalidad para la que posee cualidades genéticas. Con poco más de cincuenta kilos de peso, Zaid vuela en las bajadas. En la Transvulcania llegó a rebasar a ocho competidores en los últimos kilómetros para terminar subiendo al podio. "El secreto es no frenar, no tener miedo y controlar muy bien la pisada", explica. Eso le da resultados, pero comporta un riesgo. Cuenta que en una carrera en Italia cayó rodando por la pendiente. "Se me salió un dedo, pero me daba igual. Llegué hasta el final y ya en la meta lo arreglamos", indica con una sonrisa. Quizá ese punto de inconsciencia juvenil que no pierde es lo que marca la diferencia con el resto y le hace llegar a rebasar los límites.

Lleva desde 2011 dedicado a pruebas de ultramaratón. En seis años se ha transformado en un competidor de elite. En 2012 ganó la Copa de Andalucía, en 2013 y 2014 fue campeón oficioso de España -al no tener la nacionalidad, el título pasó al segundo clasificado- y revalidó el galardón en los dos años siguientes. Desde 2014 interviene en pruebas de la Copa del Mundo de ultramaratón. La primera la ganó en Suiza. En la actualidad es uno de los integrantes del Buff Pro Team, uno de los equipos de carrera por montaña más importantes del mundo. "¿Ser profesional del deporte? No lo veo posible. Quiero disfrutar de estos años. Se puede sacar algo de dinero, pero debes tener tu trabajo", recalca. Él lo tiene. Es jornalero del campo en Baena. Entre noviembre y febrero acude a la recogida de la aceituna. En el tiempo que le queda se dedica a entrenarse y a adiestrar a chavales de una escuela de atletismo.

Lo de correr por las montañas lo lleva en la sangre. Nació en Imilchil, una pequeña población del Alto Atlas central marroquí. A más de dos mil metros de altura, veía las cumbres coronadas por la nieve en invierno y quemadas por el sol del verano al lado de su padre, pastor de cabras. La puerta de las carreras de montaña se la abrió en España Carlos Chamorro, un maestro del colegio de la SAFA en Baena, donde se afincó hace unos años. "Me gusta este deporte individual, corriendo libre", dice. Su fisiología le ayuda. Es de una estructura muy liviana, apenas ha sufrido lesiones y es, a su modo, disciplinado. "Para prepararme escucho lo que me dice mi cuerpo", apunta. Sus preparadores en el centro deportivo en el que entrena destacan su pericia en un ejercicio en particular: va saltando con una pierna de un pivote a otro situados en hilera. "Así lo hacía en mi pueblo, sobre las piedras del río", explica el atleta.

"Me llamaban Ferrari"

En navidad de 2004, escondido bajo una camioneta, Zaid entró en España por Algeciras. Tras ir andando a Málaga, encontró a un amigo le llevó a Almería. Estuvo cuatro años trabajando en los invernaderos. "Siempre fui deportista y allí corrí algunas carreras en los pueblos con un club que se llamaba Aquí Atacamos", recuerda. También fue futbolista en una liga local con un equipo de la Comarca de Níjar. "Me apodaban Ferrari", cuenta. La razón es fácil de suponer. Actuaba como lateral derecho "y corría por la banda muy rápido". Se hizo muy conocido allí, pero oficialmente no existía. "Si marcaba un gol o lo que sea se le apuntaba a otro. Yo no tenía papeles. Mi nombre no estaba en ninguna parte. Sólo era Ferrari".

Su nombre real, Zaid, sí empezó a sonar en el atletismo. Ganó algunas carreras populares, medias maratones... Todos se preguntaban quién era. Con unos compatriotas se afincó en Baena, donde corrió para el Club Media Legua. Ganó la Media Maratón de Puente Genil, la Media Maratón del Guadajoz en Castro del Río... Le propusieron ir a una carrera en Zuheros a la que acudían algunos de los mejores especialistas de ultramaratón del país. Participó y ganó sacando una ventaja de más de tres minutos a los favoritos. Aquel jornalero marroquí que vareaba aceitunas era un portento del atletismo.

Lleva ya 13 años en España construyendo una vida. En verano de 2015 tuvo serios problemas para renovar su tarjeta de residencia. Le faltaban jornadas laborales para completar el cupo exigido. "Dependes del trabajo que haya en la temporada del campo y no llegaba. Para los papeles cuentan el trabajo que te pagan pero no las horas de dedicación a entrenar chavales, por ejemplo", contaba. Hubo incluso una campaña en change.org en la que se pidieron firmas para ayudarle. Sus colonia de seguidores en Facebook, que se cuenta por miles, le echó una mano para apoyarle en su reivindicación. El mejor ultramaratoniano en España estaba en un limbo. Finalmente, pudo conseguir la residencia. Ahora, aquel chaval es un hombre. Conseguir la nacionalidad española sigue siendo un asunto pendiente para él. De momento, es feliz con lo que tiene. Después de la próxima prueba se irá quince días a Marruecos, donde le esperan su esposa y su hijo de cinco meses. ¿Cómo se llama el niño?, le preguntamos. Zaid agarra el bolígrafo y escribe con firmeza y orgullo en el papel: "El Houssein".

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18 de mayo de 2017 - 09:45 h
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