Una triste despedida en el estadio de los sueños rotos

Incidentes en la grada durante el partido | ÁLVARO CARMONA
La afición del Córdoba dice adiós a Primera entre el pesar y el enfado tras la dolorosa goleada del Barcelona | El Arcángel registra una pobre entrada y canta “González vete ya”

Pocas palabras restan por pronunciar. Son las seis de la tarde. Es la hora. Parece que el sol aprieta un poco menos. Ésa es otra. El desenlace se produce a las cuatro. En mayo. En Córdoba. ¿Calor? No importa, es la mejor Liga del mundo. La misma de la que dejará de tener presencia en El Arcángel dentro de tres semanas. Si es que algún día, la tuvo desde agosto del pasado año. Lentamente, con la mirada en el suelo y en absoluta mudez, la afición abandona el estadio. Esta vez las aglomeraciones fueron menos. El paso por taquilla invitó a no acudir a lo que se preveía como un funeral. El difunto, de cuerpo presente, un equipo que encima olvidó aquello de las matemáticas después de encajar un doloroso 0-8. Y con fiesta de los seguidores rivales, que desde Preferencia, pero también desde otros puntos del coliseo ribereño, celebraron cada gol de un Barcelona necesitó derramar una gota de sudor. Bueno sí, la que caía por el simple hecho de estar sobre el verde a la hora en la que un helado se derrite en sólo unos segundos.

“Nos han metido ocho andando”, comenta un señor en la semivacía grada alta de Fondo Norte cuando el choque se acerca al final. Después de 43 años del gol de Fermín, llegó el vendaval blaugrana. Y con él la sensación de vivir un drama, de asistir a un velatorio, que tuvieron los aficionados blanquiverdes que hicieron acto de fe para estar en su asiento. Una tarde más. Otra como ésa de enero. Aunque muy diferente. Poco había en juego. El resultado duele. El dolor conduce al enfado, la indignación. Como la que muestra la afición al final del partido. Se escucha “González vete ya” en El Arcángel, al igual que sucediera antes de alcanzar el cuarto de hora. Tres jugadores piden disculpas desde el césped, pero el concierto de ‘pito’ -dícese de los silbido del respetable- no mengua. “Éste es el resumen de toda la temporada”, señala uno de los abonados que sí pasó por taquilla al tiempo que el encuentro toca a su final.

Termina la temporada de manera anticipada. Restan tres jornadas y sin embargo ya acaba la campaña. Las matemáticas nada aportan. La calculadora explota y las teclas saltan por los aires. La grada despierta, con cualquier papel usado a modo de abanico, de su sueño de Primera. Sueño como el que tiene algún que otro a las cinco de la tarde. El partido no es que sea gran cosa. Sin embargo, después todo se torna oscuro. Uno tras otro caen los goles del Barcelona. La afición trata de mantener el tipo, pero poco a poco se agota. Comienzan las críticas. También se produce alguna broma. Y las caras son las que son. Desesperación, tristeza, dolor. A las seis la realidad es la que es. “Encima bajamos de esta forma”, apunta alguien mientras baja las escaleras de salida del estadio. No hay llanto. A pesar de todo, no hay llanto. Finaliza la historia tal y cómo se esperaba. En silencio queda El Arcángel.

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