Un lastre insoportable: 39 goles en contra

Los cordobesistas, tras encajar uno de los goles en Gijón | LOF

El episodio de El Molinón trajo a la memoria otro sucedido hace unos años, en Tarragona, cuando un desconcertado Florin Andone hablaba con su habitual vehemencia ante las cámaras de televisión. “¿Qué tenemos que hacer ya para ganar?”, se lamentaba el rumano. Al fondo, el marcador centelleaba con un 4-4. El rumano había firmado un hat-trick y los blanquiverdes se iban con un punto que sabía a rayos. En Gijón, este fin de semana, el Córdoba marcó dos goles... para no llevarse absolutamente nada más allá de cierta tranquilidad de conciencia por el irreprochable esfuerzo. Le hicieron tres.

Como entonces, el equipo cuenta con un goleador referencial y en racha. Sergi Guardiola puso su firma a su diana número doce, por lo que incluso supera los números del ahora jugador del Depor en una primera vuelta. Y eso no le basta. Su balance defensivo sigue siendo deficiente. El problema viene de largo, aunque en este curso está alcanzando sus cotas más extremas. Los 39 goles encajados (1'85 de promedio por partido) neutralizan la notable producción atacante y condenan al equipo a una situación de lo más preocupante. Cierran la primera vuelta con solo 16 puntos, en zona de descenso.

La debilidad de la retaguardia se está mostrando con especial crudeza en los partidos lejos de El Arcángel. Con la derrota en El Molinón, el equipo llegó al intermedio de la competición con unos números pésimos como forastero: encajó 24 goles -más que nadie- y solamente ganó un partido. Lo hizo en Albacete, por 0-3, en el último fin de semana de agosto del año pasado. Después de aquello, un rosario de derrotas solamente interrumpido por el empate en la Ciudad Deportiva Ramón Cisneros Palacios ante el filial del Sevilla. Empató a uno ante un conjunto con el que lleva meses repartiéndose el último y el penúltimo puesto de la clasificación.

El mercado de invierno deparará reformas en la parte de atrás. El fiasco de algunos de los fichajes veraniegos ha sido evidente. Dos de los llamados a ser referentes, el central Josema y el lateral izquierdo Pinillos, no fueron ni siquiera convocados para el encuentro en Gijón. Ambos apuntan hacia la puerta de salida de modo inminente. El zaguero Joao Afonso, que llevaba tres años compitiendo en la máxima categoría de Portugal, llegó cedido por el Vitoria de Guimaraes y no ha terminado de convencer. El propio futbolista reconoció en una comparecencia ante los medios que no estaba dando lo mejor de sí. Distintos percances físicos le lastraron aún más.

La polivalencia del sevillano Caro -que tapa agujeros lo mismo en el lateral que en el centro, además de marcar goles- está siendo lo mejor en una zaga en la que el regreso de Fernández no ha curado la hemorragia en el lateral derecho. Para ese puesto se fichó como recambio del cordobés al gallego Loureiro, pero el ex del Pontevedra no ha contado. En las últimas semanas entró en lista y llegó a debutar unos minutos. Peor le ha ido a Javi Noblejas, a préstamo desde el Rayo Vallecano, que no ha vestido la camiseta blanquiverde en partido oficial y que se lesionó hace unas semanas. El lateral izquierdo madrileño podría irse sin ni siquiera aparecer.

Mena y Soler, del filial, echaron una mano en algunos partidos y hombres como Edu Ramos o Álex Vallejo retocaron su posición habitual para tratar de acorazar una trinchera endeble. El cambio de sistema de Romero en los últimos partidos, con Fernández y Galán ocupando los carriles y tres atrás (Caro, Joao y Edu), no ha deparado la efectividad que pretendía. El Córdoba sigue siendo una tómbola a la hora de defender el marco de Pawel Kieszek, que está comprometiendo su caché con la etiqueta de portero más goleado de Segunda. El conjunto blanquiverde tiene que cerrar el grifo como sea. Por este camino solo hay un destino.

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