Correr con las piernas atadas

.

Koki se arrancó la cabeza en los prolegómenos del partido. El personal se desgañitaba abroncando a González y el himno quedó sepultado por los silbidos. Mal empezaba aquello. El estreno de Jorge Romero, digámoslo como es, no había generado una gran expectación. Es lo que tiene estar tan mal, como diría Merino, del que nadie se acordó en una fría y nublada mañana de domingo, una fecha maldita para los blanquiverdes. No habían ganado ninguno de sus últimos diecisiete partidos matinales. Una estadística más que romper. No hubo lugar. Opositaron de una manera emotiva por el fondo y por las formas. El Córdoba realizó un ejercicio de coherencia. Hizo lo que puede hacer con lo que tiene, ni más ni menos. Y eso no le bastó para sacar adelante una cita de trascendencia brutal.

Quería Romero que su Córdoba dominara generando más ocasiones que el rival. Le salió bien porque, principalmente, se detectó en los futbolistas un cambio de actitud sobre el césped. Corrieron, metieron la pierna y estuvieron solidarios. Se dieron cuenta, además, de que la bronca no iba con ellos. La banda sonora de la indignación se enfocaba en la propiedad. Para los de corto había indulto. Esa liberación, unida a su necesidad de puntuar, a cierta desidia del Rayo -quizá menospreciando el poder de los anfitriones- y a las consignas de Romero, les llevó a controlar la situación con cierta suficiencia.

A los cinco minutos pudo marcar Guardiola, que capturó una cesión fallida para regatear a Alberto y conectar un disparo que un defensa sacó en la línea de gol. Replicó en la contra Aguirre y Pawel protagonizó una parada bestial. El Rayo se quedó ahí. Los franjirrojos estuvieron sometidos por un Córdoba que enfocó sus evidentes nervios en una buena presión. No son un equipo perfecto, ni muchísimo menos, pero pueden dar una mejor versión. Antes del minuto 20 se retiró, lesionado, el central Joao Afonso. Romero sacó a Vallejo para suplir al portugués y reconstruir una destrozada defensa. Y de ahí mismo, de la retaguardia, nació la solución. Caro, uno de esos profesionales honestos que siempre dan la talla, se transformó en goleador. Está para lo que le manden y esta vez apagó el fuego lejos de su terreno natural.

Después de una andanada de saques de esquina, el Córdoba llevó una alegría a El Arcángel después de muchas semanas. Javi Lara botó un córner y entró como un obús Caro para rematar de cabeza. El sevillano corrió como un poseso a celebrarlo. Cinco minutos después iba a repetir la acción. Córner del montoreño y testarazo de Caro al fondo de la red. El público respondió con una ovación al goleador y, acto seguido, gritos exigiendo la marcha de González. La ventaja pudo ser incluso mayor. Los rayistas estuvieron a punto de marcar en propia puerta con deficientes despejes en dos ocasiones y Guardiola tuvo una muy clara en la que el meta exblanquiverde Alberto le tapó bien. En el intermedio hubo aplausos para los locales, que tenían el trabajo medio hecho.

Míchel sacó a Jonathan y Javi Guerra para dar otro aire y, sobre todo, más presencia ofensiva a un Rayo muy ramplón. Trató de buscar un asedio directo a la meta de Pawel, pero el Córdoba aguantó bien e incluso tuvo sus ocasiones. Jovanovic, muy participativo y valiente, exigió a Alberto en un trallazo. Los de Romero lo tenían bajo control. Solo era necesario no fallar. Pero la pifia llegó. Al saque de un córner, Velázquez la metió por el sitio más difícil ante el desconcierto de la zaga local. Con el marcador apretado, el choque entró en una nueva dimensión. La afición, consciente del esfuerzo de los suyos, intensificó sus ánimos. La gente sabe lo que ve, no hace falta explicar demasiado.

Al Córdoba le tocaba sufrir una tortura filipina para mantener lo que tenía. El Rayo tocó más, se acercó con frecuencia y puso más miedo por el síndrome del perdedor que por la claridad de sus acciones. A diez del final, Romero sacó del campo a un extenuado Guardiola  -no marcó esta vez, pero se dejó el pellejo- para colocar a Jona. Y ocurrió. Javi Guerra, en el 83, anotó el empate rematando de cabeza desde muy cerca. El Arcángel enmudeció. El Rayo, oliendo la sangre, se tiró a por todo. Y se llevó su premio, seguramente inmerecido para quienes establecen las diferencias en la colección de oportunidades. El Rayo hizo la misma cosecha que el Córdoba sembrando mucho menos. Eso es lo que hay. El equipo suma su décima jornada sin ganar y permanece colista, corriendo con las piernas amarradas.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 2: Pawel Kieszek, Fernández, Caro, Joao Afonso (Álex Vallejo, 19'), Pinillos, Edu Ramos, Javi Lara, Jovanovic (Jaime Romero, 65'), Caballero, Javi Galán y Sergi Guardiola (Jona, 78').

RAYO VALLECANO, 2: Alberto García, Baiano, Velázquez, Dorado, Álex Moreno, Fran Beltrán, Santi Comesaña (Javi Guerra, 46'), Unai López, Aguirre (Jonathan, 46'), Embarba (Amaya, 90') y Chori Domínguez.

ÁRBITRO: Pulido Santana (Comité Canario). Amonestó con tarjeta amarilla a Fernández.

GOLES: 1-0 (24') Caro. 2-0 (31') Caro. 2-1 (59') Velázquez. 2-2 (83') Javi Guerra.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la décimo octava jornada del campeonato nacional de Liga 1|2|3, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 7.297 espectadores.

Etiquetas
stats