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El Coto Córdoba CB busca un hito con un solo precedente

Pozoblanco y Coto Córdoba CB.

Cristian López

21 de abril de 2026 20:08 h

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Córdoba va descontando ya los días para la cita más importante del baloncesto provincial en más de dos décadas. Ese es el tiempo que ha pasado la provincia huérfana de un equipo en la segunda categoría masculina nacional. Concretamente, desde el descenso del Cajasur Córdoba en la 2001-02, ningún otro equipo cordobés ha logrado acercarse tanto como el Coto Córdoba CB al segundo escalón estatal. Los blanquiverdes aguardan para el inicio de la eliminatoria entre primeros en Segunda FEB, la cual otorgará el primer billete de ascenso a Primera FEB. Los de Gonzalo Rodríguez llegan a la cita como líderes del Grupo Oeste y se medirán al Amics Castelló, un recién descendido y que ha culminado como el mejor del Grupo Este. El primer paso tendrá lugar este próximo sábado (20:00) en Vista Alegre. Uno que puede suponer un hito casi sin precedentes para la provincia, no en el fondo, sino en las formas.

En efecto, el Coto Córdoba se fundó en 2022 y, desde entonces, ha habido un crecimiento continuo desde Liga EBA hasta consolidarse en Segunda FEB. Hay un proyecto sólido y que mira hacia lo más alto. Sin embargo, en lides de máximo nivel, la experiencia es un grado. Y de eso apenas goza la entidad blanquiverde, que ha querido apelar a su historia en busca de ese impulso emocional. El precedente más cercano es el Cajasur Córdoba, al cual rendirá homenaje el Coto con una camiseta con los colores granates, siendo el último club de la provincia que llegó a una segunda categoría del baloncesto masculino. Concretamente, permaneció durante diez temporadas seguidas (de 1992 al 2002) entre la Primera División, la Liga EBA y la LEB.

Igualmente, antes y durante la etapa de dicho club, hubo otros equipos que también pusieron el nombre de Córdoba en la división de plata del baloncesto español. Sin embargo, solo uno de ellos lo hizo de la misma forma que lo puede conseguir en estas próximas semanas el Coto Córdoba: en la pista y por méritos deportivos. En efecto, ya que el único precedente de una hazaña de tal calibre se produjo en la temporada 1994-95, que contó con hasta cinco equipos de la provincia en Segunda División (3ª categoría): Cajasur Pozoblanco, Cajasur Cabra, Cajasur Peñarroya, Cajasur La Carlota y Cajasur Cotuba.

Jugadores del Coto Córdoba CB celebran un victoria

Sería el conjunto pozoalbense, dirigido en aquel entonces por Eduardo Burgos, quien alzó la voz por encima de todos, contando con una plantilla en la que figuraban jugadores históricos como Manolo Camacho, José María Martín, Javier Alcántara, José Aveledo, Emilio Lara o Luis Gallardo. Aquel equipo se clasificó para la G1 como tercero. Por tanto, no eran los favoritos, aunque la entidad hizo un esfuerzo por llevar la fase de ascenso a Pozoblanco, en la cual participaron -además de los anfitriones- otros tres equipos cordobeses (Cabra, La Carlota y Peñarroya), junto a Oximesa Granada, Unicaja y los canarios del Claret de Las Palmas y el Náutico de Tenerife.

Tras superar a mineros, egabrenses -que fueron segundos del G1 con Manuel Alguacil en el banquillo y habían ganado ambos partidos al Pozoblanco- y tinerfeños, se iban a medir al Claret en semifinales, al que superaron por 64-59, obteniendo así el billete de ascenso a la Liga EBA, que entonces era la segunda categoría nacional, únicamente por detrás de la ACB. La final se disputó tras una larga noche de celebración, y la misma, ya sin nada en juego más allá que el título de la categoría, fue para el Oximesa Granada, el otro ascendido. “Fue la primera vez que por méritos propios un equipo de Córdoba llegaba a la segunda categoría; el que lo había hecho antes fue comprando o quedándose la plaza de otro. Nosotros lo hicimos partiéndonos la cara en la cancha. Para Pozoblanco esa gesta supuso un hito histórico y llevar el baloncesto a la cúspide jamás soñada”, afirma el propio Eduardo Burgos.

Eduardo Burgos celebra el ascenso del Pozoblanco a Liga EBA, entonces la segunda categoría

Otros precedentes en la segunda división, pero todos 'vía despacho'

Como se ha dicho, al margen de la gesta obrada en Pozoblanco, hubo otros equipos que pusieron igualmente el nombre de Córdoba en la segunda división nacional. El propio Cajasur Córdoba, con ese bagaje de hasta diez campañas, protagonizó hasta tres ascensos, pero ninguno de ellos llegó sobre la pista, sino más bien de manera administrativa. El primero se dio en la 1980-81, en la que el entonces Juventud protagonizó una excelente campaña en Segunda División, siendo líder de su grupo y un firme favorito al ascenso en la fase en Ponferrada. Sin embargo, pese a que le bastaba con ser cuarto, acabó como quinto clasificado y tuvo que esperar una renuncia, que llegaría por parte del Porcelanas Galicia Santa Clara, con lo que obtuvo su plaza en Primera B, tal y como cuenta Antonio Raya en el libro 'La canasta a la sombra de la Mezquita'.

La aventura apenas duró una temporada y habría que esperar hasta la 1985-86 para vislumbrar el siguiente salto. Aquel año, el Colecor Juventud se clasificó para la fase de ascenso a Primera B, después de una apasionante eliminatoria con el Maristas de Málaga de Javier Imbroda. En la ronda final no obtuvo los resultados suficientes para acabar entre los dos primeros, aunque una posterior ampliación de equipo le permitió obtener la plaza en los despachos. En ese caso, el rodaje duró dos cursos. Por último, tercer 'ascenso' llegaría en la 1992-93, cuando el Cajasur Juventud compró los derechos del Maristas de Málaga, que ya no necesitaba la plaza en Primera B al haberse fusionado con el Caja de Ronda.

Ese club permanecería en la segunda categoría durante varios años, pese a cambiar la estructura de las ligas. De la Primera B se pasó a la Liga EBA, compartiendo escalón con el citado Pozoblanco (primera y única vez con dos equipos de la provincia en el segundo escalón), y por último, a la LEB, de la que acabó descendiendo en la 2001-02. Con todo, previo a este bagaje, se tiene constancia de que el Areté Universidad Laboral compitió en la segunda división (Trofeo Guadalquivir) entre 1965 y 1968, aunque no se trató de un ascenso como tal, sino la inscripción del propio equipo en unas divisiones que comenzaban a andar en ese entonces.

Y Córdoba nunca más volvió a tocar ese cielo propio. Hasta ahora, momento en el que el Coto Córdoba tiene la opción de escribir una página dorada en los libros de la historia del baloncesto cordobés. Llegar sobre el parqué a lo más alto que ha estado nunca la provincia. Con un solo precedente, pero como gran pionero en la capital.

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