Silencio, canciones para los oídos del corazón

Comparsa Los Don Nadie | TONI BLANCO
La elegancia de ‘La Incorruptible’ destaca en la última semifinal del COAC, que depara letras sentidas y magia de guitarra | El humor no falta en una gran noche chirigotera

La luna engalana el cielo. Es en el exterior. Nadie la observa. Nadie escucha su canto de luz. Los ojos, los oídos y el corazón, sobre todo el corazón, prestan su atención a otra estampa. Estampa sonora, estampa de puñal en forma de letra. Es la estampa de lo que como todo en la vida pronto quedará como retal de la tela de la memoria. Es la imagen que se siente sin ver, que se ve al escuchar. Es la fotografía de las coplas que alcanzan lo más profundo y que, también, son capaces de hacer reír. La noche es la penúltima y quizá por eso viste elegante, sueña como un niño y vibra como nunca. El Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC) se encamina a su final. La final que llegará el próximo viernes después de que este lunes tuviera lugar la llamada, quizá de manera poco acertada -por su significado histórico-, Noche de los cuchillos largos. Doce agrupaciones volverán al Gran Teatro en sólo unos días, otras quedaron atrás. Pero sólo en este camino, que no en el tiempo. Si existe recuerdo, nada muere.

El principal espacio escénico acogió la última semifinal del COAC en un ambiente un tanto alejado al de anteriores funciones. Una lástima. Quienes no acudieron al Gran Teatro se perdieron un baile con las estrellas, un paseo por el paraíso. De la lírica. De la música. De las emociones. Porque esta sesión deparó momentos de brillantez antes de que llegara el fallo del jurado, “en la ciudad de Córdoba”, a las 00:25. La guitarra cobró protagonismo de la mano de los dos últimos ganadores de la Púa de Oro, que cada año entrega Canal Sur. Ambos lucieron su habitual maestría con el tarro de las esencias de madera y cuerdas con comparsas de Peñarroya.

El primero fue Rubén Corvillo, que puso sus punteaos cargados de magia con ‘Los don nadie’, grupo que cerró una gran actuación. Su primer pasodoble fue una crítica al prototipo de mujer delgada, el mismo que provoca en jóvenes enfermedades como la anorexia. “Otra niña con su cuerpo de cristal muy pronto se romperá”, porque “va desfilando su sueño por la pasarela de la muerte”. Nada más qué decir. Curioso que la segunda copla de esta tanda versara sobre la música. Curioso porque la música hacía volar en ese instante. “Es la manera que tiene el silencio de ser derrotado”. Demostrado quedó. También con Roberto Fernández, el otro prestidigitador de la guitarra, que mostró su saber hacer con ‘La Bacía’, cuyo primer pasodoble fue una bella carta de amor. Y de despedida. De la vida que se apaga y el reflejo en los ojos, como si un espejo fueran, de la persona querida. Añorada antes del adiós. “Maldita enfermedad, ay, qué poquito me queda”. Hermosa letra. Tras unos años que fueron los mejores de la existencia que termina… “por eso quiero decirte lo mucho que te quiero”.

La elegancia, la sutileza, la sensibilidad tomó el escenario poco después. De la mano de ‘La Incorruptible’, ese grupo de periodistas llegados de Pozoblanco que tan buen sabor de oído dejó en preliminares. Repitió este lunes con dos pasodobles delicados. Canciones directas al alma de la envidiable pluma de Juan Bautista Escribano. La comparsa de Los Tunantes destiló una vez más genialidad en sus coplas y armonía en su conjunto. El segundo de la tanda devolvió la imagen de la lacra de la violencia del hombre sobre la mujer con una referencia hechizante. “A mí Juan yo lo he matao”. El recuerdo de “Con permiso, buenas tardes”, de Los Piratas de Martínez Ares (1998). De poeta a poeta. “Miramos para otro lao, nos tapamos los oídos ante un grito desesperao”, reprocharon los soldados de la información… “¿Cuántos minutos más de silencio habrá que guardar?”. Ni uno más, por favor. El primer pasodoble recordó a quienes escapan de la barbarie, inocentes cuyo único error fue nacer donde lo hicieron. “No tuvieron a dónde ir y por eso están aquí […] los cuentan como ganao, pero yo he visto personas y son refugiaos”. Hora de tomar nota en esa Europa cuna de las libertades y los derechos.

A pesar de que ésta era noche chirigotera, fueron los pasodobles los que más brillaron también en esa modalidad. Como el que ‘Metálica’, con autoría de David Amaya Agüito,  dedicó a dos ilustres del Carnaval de Córdoba. “Hoy por fin regresó el de la Piedra Escrita”. Volvió “de un barrio de toreros ese coplero que jamás se marchó”. Volvió Miguel Amate, “un genio que igual que Pablo Castilla son inmortales”. Ahí quedó, con la presencia de los dos autores sobre el escenario. Buen pase del grupo dirigido por Cristóbal Castilla Cristo, que cerró una función en la que, en su tipo de agrupación, le precedieron ‘Los Rodríguez’.

La formación de San Lorenzo, después se vio fuera de la final tras siete años consecutivos. Y eso que cerró una actuación muy completa. Dos pasodobles bien tirados: el primero, en homenaje a la madre de Julio Horcas Julito, por motivos de salud que para la intimidad deben quedar; el segundo fue un puñal de verdad a la sociedad española. “Tú eres facha, tú eres rojo, el país es lo de menos, así tenemos lo que tenemos”. Graciosos cuplés también, sobre todo el segundo. La prima Mari Loli, que se apuntó a clases de baile, se hizo polvo la nariz y, como no quiere operarse -es una tacaña- y “ahora (danza) sólo bachata, sólo bachata, sólo bachata”.

‘El día que yo me jarte’ tú verás… La chirigota del Vacas, que sí estará en la final, se encargó de abrir la noche. Lo hizo con su sello de simpatía, con dos buena letra y voz en un pase en el que gritaron contra la “impunidad” que ofrecen las redes sociales para realizar críticas a otras agrupaciones. “Por qué me tienes envidia cobarde, si a mí nada me ha regalado nadie”, cantaron estas madres que en el primer cuplé anduvieron desesperadas por la falta de ayuda para mantener en estabilidad higiénica la casa: “Entraron un día a robar y el ladrón me fregó los platos”. Así estaba la cosa. Y el hijo. Ay, el hijo, que una madrugada llamó al portero a las cinco… “Asómate un momento, mama, a ver si soy yo”. Ni el nuevo Hermano Mayor lo podía arreglar. “Señora, qué voy a decirle yo al muchacho si es mayor que yo dos años”.

Muy animada estuvo la actuación de ‘Sin reglas’, las embarazas de Pozoblanco. La chirigota El Grifo, entretuvo a base de bien y tiró dos buenos pasodobles, el segundo una necesaria defensa de la fiesta de Don Carnal en Córdoba. “No quiero decir que Cádiz no tenga arte, tan sólo pido respeto, porque aquí el Carnaval también vale”, cantaron para después advertir de que… “si nosotros mismos no lo respetamos, así cómo va a crecer”. Cierto. Las encintas vallesanas hablaron de una niña que es “graciosa”. Es decir, “es más fea que el hotel de la Victoria, ése que está oxidado, más que la capital sin su cabalgata de Reyes Magos”. Hubo que esperar a que viniera la carroza hecha tres de Villarrasa…

La función la completó la chirigota ‘Los Comecocos’, de Écija, que en su primer pasodoble cantó a Córdoba. “Te miro y ya tengo mi final”, dijeron sobre su presencia en el Gran Teatro, porque “contigo soy más chirigotero y menos extranjero”. Estos conquistadores que naufragaron en una isla quisieron defender el ritmo del 3x4, con voces sencillas y alma chirigotera. “No hace tantas florituras”, dijeron sobre las tablas a oscuras. Sellaron un buen pase los astigitanos.

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