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Manuel Martínez: “La mayoría de los grupos de La Movida no sabían ni tocar”

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

Juan Velasco

31 de octubre de 2026 19:58 h

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Manuel Martínez (Córdoba, 1951) nos cita en una churrería. Así se empieza una entrevista desmitificadora. Lo que pasa es que está cerrada. El cantante de Medina Azahara, probablemente la banda española más longeva en activo (es decir, sin dejar de grabar discos nuevos), aparece por el aparcamiento en su coche puntual y, en vista de que no habrá café con porras, se presta a trasladar la charla a su vivienda, ubicada en la periferia de Córdoba. Es una casa unifamiliar apartada de la capital, en las faldas de Sierra Morena. Bastante más modesta de lo que uno imagina para un rock star. Nada más llegar, una familia de gatos rodea al cantante de Medina Azahara y algunos le maúllan con hambre. Él aclara que suyo, suyo solo hay uno, un precioso macho gris, totalmente castrado: el resto son del entorno y se han acomodado en su casa.

Nos invita a sentarnos en el salón, aunque antes nos enseña otra parte de la vivienda, un espacio en la primera planta plagado de discos de oro, reconocimientos y trofeos. También de juguetes de sus dos hijas más pequeñas, dos torbellinos que, según cuenta, han ido ganándole espacio a su modesto mausoleo, un pequeño habitáculo que encierra medio siglo de carrera trabajado sin ningún amago de ostentación.

En varios momentos de la charla, de hecho, parece que se cuela el Mazorcas, el mote con el que lo bautizó un colega hace 60 años, y que dio nombre a su primer grupo, una de las dos semillas de Medina Azahara. Cuando termine la gira de despedida de su gran proyecto, el próximo 21 de noviembre en Vistalegre, volverá a estar solo y comenzará a publicar nuevas canciones con su nombre. Pero antes, Manuel repasa generosamente sus orígenes, el boicot al rock andaluz, las trampas de los contratos y el precio de una vida en la carretera.

PREGUNTA (P.). Estamos aquí un poquito apartados de la ciudad, ¿no? ¿Qué te da esta zona que no te da la ciudad?

RESPUESTA (R.). Realmente yo siempre he vivido en la ciudad. Lo que pasa es que en el 94 me vine aquí, y la verdad es que lo que te da es tranquilidad, espacio para pensar, sobre todo para componer. Es un sitio ideal, aunque cuando paseas por Córdoba también te vienen las ideas. Pero yo creo que aquí tenemos tranquilidad, espacio y una forma de vivir más natural.

El éxito es mantener tus propias ideas desde el principio hasta el final

P. Hombre, si es desde el 94, de aquí han salido unos buenos trallazos de tu repertorio, ¿no? ¿Tienes algún recuerdo de alguno paseando por la sierra?

R. ¿Sabes qué pasa? Que yo compongo canciones cada dos o tres minutos. Con lo cual, muchas han salido de aquí y otras de otros sitios. Muchas veces incluso me despierto con una melodía y un principio de letra, me salgo de la habitación y lo grabo, que es lo que hago siempre. Pero, por supuesto, aquí han salido muchas canciones.

P. Y, ¿cómo grabas? ¿Te coges el móvil?

R. Sí, sí, claro.

P. Y luego ya te pones con la guitarra a componer.

R. Yo compongo siempre la melodía y las letras. Luego, en Medina Azahara, siempre les he pasado mis ideas de letras y de melodías a Paco Ventura o a (Manuel) Ibáñez, y ellos las han desarrollado. En otros tiempos, a Pablo Rabadán o a todos los músicos que han pasado por el grupo.

P. ¿Crees que has conseguido una poética propia, que uno pueda leer tus letras y decir: “Ese es Manuel”?

R. Habría que preguntárselo a la gente. Yo creo que sí, que los fans tienen clarísimo que cuando escuchan una canción saben quién la ha escrito. El 98 o el 99 % son letras mías y melodías en cuanto a voz mía, con lo cual es muy identificable.

P. ¿Cuáles serían los temas que más te inspiran? ¿De qué mina has extraído más petróleo como escritor de canciones?

R. Yo intento escribir siempre sobre la igualdad de la gente, sobre la libertad, sobre la justicia, para que no haya encontronazos entre personas. Y también sobre el amor. A mí me gusta mucho escribir sobre el amor, porque hay una variedad de sentimientos que muchas veces te hacen escribir.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. El amor y el desamor, a veces, ¿no?

R. Y el desamor también, claro. El desamor casi tiene tantas canciones como el amor, y ocupa parte de nuestras letras.

P. Es curiosa esa paradoja de que uno encuentre la inspiración en la tristeza. ¿Buena parte de tu repertorio lo has escrito desde la tristeza, o también desde la felicidad, si has encontrado una especie de equilibrio?

R. Yo creo que hay un porcentaje bastante grande desde la tristeza y otro bastante grande desde la alegría. Dependiendo del momento que estés viviendo, te salen cosas más poéticas o menos. Desde la tristeza salen canciones muy bonitas, sobre todo cuando piensas en alguien en concreto. Y también te salen muchas cosas desde la alegría.

P. Y desde la batalla, ¿no? Porque Medina es hija de su tiempo y Manuel Martínez es hijo de su tiempo. Tú empiezas en los 70, cuando un dictador se está apagando, en plena transición. Todo eso permea en ti, ¿no?

R. Sí, por supuesto. Cada cosa que pasa en tu vida te da una inspiración y te ayuda a escribir cosas que a lo mejor llevabas dentro desde hacía tiempo y no podías escribir. Por ejemplo, Paseando por la mezquita o Sé, del primer disco, eran canciones que reivindicaban un tiempo, a unas personas y a un estamento de la nación. Pero nunca nos hemos querido meter de lleno en la política. Nos interesa como a cualquier ciudadano que va andando por la calle. Todos pensamos que lo que creemos nosotros es lo mejor y lo que creen otros es lo peor. Yo creo que tiene que haber un equilibrio entre todas las partes y ser conscientes de que el mundo necesita, lo primero, paz, y lo segundo, libertad.

P. La música, en cualquier caso, es una vía de escape, incluso en momentos de tensión política. He visto que vuestro último concierto es el 21 de noviembre, una semana antes de las próximas elecciones.

R. Madre mía.

Nuestra descarga eléctrica nunca la tuvo Triana

P. Pues está bien, ¿no? En plena campaña va a haber unos cuantos miles de personas en Madrid.

R. Sí. Habrá que ver qué nos espera después de las elecciones. Yo espero que haya un gobierno que no tenga censura a la hora de programar sus cosas y las del pueblo. El pueblo no puede pasar por lo que estamos pasando actualmente, y yo creo que iremos a mejor, haya lo que haya. Que vaya tela como está la cosa.

P. Cuéntame cómo están siendo tus días ahora, después de los dos conciertos de Córdoba, cuando ya se vislumbra el final. Creo que os quedan dos conciertos, el de Madrid y uno en Cáceres, ¿no?

R. No, nos quedan cuatro: Cáceres, Barcelona, Bilbao y Madrid.

P. Ah vale. Pues cuéntame cómo están siendo estos días, ya pasado el trance de Córdoba, con los últimos dos conciertos con Medina.

R. El concierto de Córdoba fue muy bonito, porque tocábamos con nuestra familia alrededor, incluso se subieron al escenario. Pero también era una responsabilidad muy grande. Yo creo que tocar en Córdoba es una responsabilidad mayor que tocar en Madrid. En Madrid tocamos en Vistalegre, está todo vendido, y cada vez que venden todo lo vuelven a abrir para que haya algunas entradas más. Pero Córdoba nos impresiona más, porque están nuestros amigos, nuestra familia, todo el mundo que conocemos. Vas por la calle y todos te dicen: “¡Eh, que voy a ir a verte!”, y eso requiere más responsabilidad. Aun así, Madrid es una ciudad que siempre ha estado con nosotros y nos ha apoyado en todo, y creo que va a ser un fin de fiesta bastante grande. Además, tocamos con diferentes amigos, como Celu, Rulo y un montón de gente. Antonio José, por ejemplo, que es de aquí, de Córdoba, va a cantar Córdoba conmigo. Va a ser muy bonito, pero poner el punto final va a ser difícil, sobre todo entre nosotros, que llevamos muchos años juntos. Ver que es la última hora, el último momento, nos va a llevar a momentos complicados, entre comillas.

P. Claro, me lo imagino. Aquí casi todos estabais jugando en casa. ¿Recuerdas algún momento especialmente tierno, algún abrazo entre todos en esas dos noches de La Axerquía?

R. Aparte de con mis compañeros, lo que más me gustó fue cuando se subió mi hija pequeña. Me dieron la sorpresa de subirla al escenario. Por supuesto, también cantar con Marcos, y canté un tema que en la gira de despedida le hemos dedicado a Manuel Ángel (su hijo, cantante del grupo Estirpe, fallecido en 2021). Eso también te lleva a momentos muy emocionantes. Pero la respuesta del público los dos días fue impresionante, y me quedo con eso: con el público entregado totalmente y nosotros, por supuesto, al público. Fue una comunión muy bonita.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. ¿En algún momento se te apareció en la cabeza el Mazorcas?

R. (Se ríe) Claro que sí. Claro que sí.

P. No todo el mundo sabe que Mazorcas, además de tu mote, fue el nombre de tu primer grupo.

R. Así es.

P. ¿Cómo veías entonces la música?

R. Cuando yo comencé eran momentos muy difíciles y no pensábamos que pudiéramos grabar un disco; eso estaba a años luz. Pero se nos presentó la ocasión al poco tiempo, cuando ya éramos Medina Azahara, y la aprovechamos con un buen disco, y luego con un segundo y un tercero. La carrera nos ha llevado a ser uno de los grupos con más continuidad. Claro que en algún momento se te presenta el pasado y te dice: “Hola, estoy aquí. Acuérdate de qué hiciste, de cómo eras, de la ilusión que tenías”.

P. Háblame de aquel chaval. ¿Cómo era?

R. Era, entre comillas, entre tímido y divertido. Tenía muchos amigos y jugaba al fútbol. Jugué en el Córdoba infantil y luego en el juvenil, y lo dejé por estar en desacuerdo con quien nos entrenaba (que no nos entrenaba, simplemente nos llamaba para jugar). Pero estuve muy contento todo ese tiempo. Era muy aficionado: estaba todos los días con el balón, hasta que por fin me entró la música por las venas. Y cuando me llegó la música, lo dejé todo y me dediqué a ella. Hicimos entre los colegas varios grupos que tuvieron éxito aquí en la provincia, y estábamos tocando casi todos los días hasta que llegó la oportunidad de hacer algo distinto con Retorno.

Ha habido etapas en que todo era carretera; a algunos de mis hijos los he visto nacer de casualidad

P. O sea, primero fue Mazorca y después Retorno, ¿no?

R. Sí. Justo cuando salimos de la mili, un amigo que había tocado conmigo, estuvo en la Legión y me dijo: “Vente para acá, que vamos a tocar en la banda y vamos a vivir bien”. Y nos metimos en la banda. Pero es que cuando estábamos en la mili, hicimos un grupo en la Legión que se llamaba los Army Boys.

P. ¿Los Army Boys?

R. Los Army Boys, sí. Tocábamos los jueves para los suboficiales y los sábados para los mandos. Eso me llevó a tener una posición bastante buena dentro de la mili. La gente era muy comprensiva, todos los legionarios eran muy colegas y lo pasamos muy bien; yo me divertí mucho. Él salió antes que yo y me esperó. Cuando volví me dijo: “Vamos a hacer un grupo, y se va a llamar Mazorcas”. Yo le dije: “Tío, no me hagas esto”. Pero insistió, y le pusimos Mazorcas. Duró muy poco, unos cuatro meses, y después nos metimos los dos en Retorno. A partir de ahí empezó una historia bastante bonita.

P. ¿De dónde viene lo de Mazorcas?

R. De jugar al fútbol.

P. ¿Mazorca de maíz?

R. Claro. Yo era muy pelirrojo, y veía a las chicas darse pellizcos cuando pasaba yo por su lado. Además, jugaba al fútbol las veinticuatro horas del día. Varios amigos me llamaban Kubala, y entre Kubala y Mazorca, mi cuñado me dijo: “Mazorca, venga ya, déjate de Kubala, vamos a cantar”. Y empezó la historia... Mi historia.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. O sea, entre el balón y la guitarra te ganó la guitarra.

R. Sí, ganó la guitarra.

P. Es curioso que el caso de Córdoba sea distinto al de otras ciudades en el rock andaluz. Aquí erais más duros. Estaba Expresión, que luego fue Mezquita, y vosotros, que de Retorno pasasteis a Medina Azahara. Había una sonoridad distinta, con mucha más descarga. ¿A qué crees que se debe esa particularidad del sonido de Córdoba?

R. Yo creo que en Córdoba metimos las raíces de la ciudad en el rock andaluz. Mezquita, por ejemplo, se basaba mucho en lo árabe a la hora de componer. Nosotros, un poquito menos, pero también teníamos nuestra forma de decir las cosas, distinta a la de Mezquita. Nosotros lo hacíamos mucho más para el pueblo; ellos eran más específicos, aunque también hicieron canciones con referencias a la gente. Nosotros éramos mucho más directos. Cuando queríamos expresar algo, lo expresábamos libremente. No decíamos: “Ten cuidado con la censura, que nos pueden censurar”. Si le gustaba al público o a las compañías, estupendo; si no, pues no.

P. Y también en el sonido. Triana quizá era un pelín más progresivo, le tiraba más King Crimson o Pink Floyd, y vosotros erais más duros.

R. Mezquita se basaba mucho en aquel tiempo en la improvisación; nosotros éramos más directos en cuanto al sonido. Ya antes de Medina Azahara nos gustaban mucho Kansas, Purple, Uriah Heep, Grand Funk Railroad, grupos completamente distintos a lo que se llevaba en aquel tiempo. Nunca hemos estado pendientes de que saliese una moda para apuntarnos a ella. Incluso nos lo propusieron varias veces y dijimos que no: éramos Medina Azahara y así íbamos a morir.

P. Eso os distingue de Triana, que podemos convenir en que es el gran grupo de rock andaluz por impacto, pero que en sus últimos discos llegó a cantar canciones en inglés. Es decir, que de alguna manera, Triana aceptó entrar en el redil de lo que se llevaba. Vosotros, sin embargo, no pasasteis por eso.

R. Sobre todo con la discográfica que más pudo hacer por nosotros en aquel tiempo, CBS, que era la más grande del mundo. En el tercer disco, Andalucía, tuvimos la discordia definitiva con ellos. Querían que saliese en una fecha y nosotros dijimos que no, que era la que habíamos decidido y que no la cambiábamos. Hubo discusiones: cuando alguien cree que lleva la razón, intenta imponerse al otro, y vino la ruptura prácticamente con CBS. Nunca nos dejamos dominar por la industria. Siempre hemos hecho lo que hemos querido, y tuvimos la suerte de estar mucho tiempo con Avispa, que al principio era una compañía muy pequeñita, pero que se hizo grande gracias a las ventas de Medina Azahara. Las discográficas ayudan al grupo, pero nosotros le dábamos la coherencia para hacer grande una compañía.

Yo he sobrevivido de la música pero no he llegado a hacerme rico

P. No te he preguntado todavía cómo te llega a ti el flamenco. Supongo que era algo que mamabas de la calle, al igual que el rock.

R. Al principio me gustaba mucho cantar flamenco. Tenía un amigo que cantaba muy bien y andábamos por los bares cantando cosas de niños. Siempre me ha gustado el flamenco; de hecho, de vez en cuando sigo escuchándolo. Pero cuando entras en el rock por las venas ya no puedes dejarlo. Rock de distintas formas, porque Medina Azahara tiene una música bastante potente por detrás, pero con una melodía de base que es la que engancha a la gente. Una guitarra potente la puede tocar Ritchie Blackmore o cualquiera -Paco Ventura la toca como nadie-, pero no puede tener las notas del flamenco. Las notas son una parte importante de la melodía al cantar. Y además el cante va por libre en algunas partes, y eso es lo que hace que Medina Azahara sea distinta y pueda mezclar flamenco y rock.

P. ¿Qué flamenco te gustaba a ti en aquel tiempo?

R. Me gustaba gente que ya no está o que casi nunca estuvo. Fosforito, por supuesto. Camarón, indiscutible. Y mucha más gente de aquellos cantaores antiguos: Mairena, Pepe Pinto… Cantaban muy bien y hacían cosas muy bonitas con la voz. A lo mejor sin ser catedráticos del flamenco puro, pero hacían canciones dentro del flamenco que a mí me gustaban mucho.

P. Lo de Fosforito es impresionante por la cantidad de canciones que escribió y que luego han cogido otros, desde Los Chichos hasta Los Planetas. Qué importante es no solo cantar bien flamenco, sino escribir tus propios cantes.

R. Eso es lo más bonito, porque al escribirlas ya tienes en la mente lo que quieres hacer con ellas, y eso te lleva a tenerlo claro a la hora de componer.

P. Y no todos los cantes flamencos son fáciles de meter dentro de un 4x4, y aun así tú has hecho auténticas filigranas para encajar ciertas florituras.

R. Es verdad que a veces te encuentras partituras que no entran en una melodía que ya tienes en la cabeza, y tienes que darle vueltas para encajarla. Yo lo he hecho muchas veces, pero mis compañeros también me han ayudado. A lo mejor yo solo no hubiese podido. Es la potencia del grupo, la unión del colectivo.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. Ahora que vivimos en una época en la que todo el mundo mira por su ombligo, creo que sois casi un milagro: un grupo que ha aguantado 46 años. Tú sigues desde el principio, está claro, pero con Paco llevas desde los 80.

R. Yo creo que son 46 años. Hay grupos que siguen tocando desde esa época, pero sobre todo extranjeros. Aquí en España es muy difícil, porque te ponen muchas barreras y no hay gente que te ayude a poder convivir durante mucho tiempo. Hay que saber también limar las asperezas entre los compañeros. Son a lo mejor cinco días seguidos viajando en una furgo, durmiendo en un hotel, comiendo en los mismos sitios, tocando. Si no tienes una gran amplitud de sentimientos, es imposible.

P. Y también envainártela, ¿no? A veces te la tienes que envainar aunque tengas razón.

R. Claro, por supuesto. Tienes que ser consciente de que a veces merece la pena guardarte la razón en el bolsillo y no sacarla.

P. ¿Cómo os contactaron los García-Pelayo? Fueron los primeros que apostaron por vosotros, estaban muy ligados a Sevilla y a Madrid, y tenían unos contactos increíbles. Pero ¿cómo contactan con este grupo de melenudos de Córdoba?

R. Fue difícil y fácil a la vez. Nos invitaron a tocar en un festival, ya como Medina Azahara, aunque no éramos conocidos. Éramos un grupo que tocaba en ferias, como Retorno, y las ferias duraban un montón. Un par de semanas antes estábamos en un festival en Écija, organizado por Juanito, un chico que tiene un restaurante allí. Tocó Mezquita, que ya se iba a grabar un disco, y también Tren Eléctrico, cuyo batería era el amigo del que te hablo. Tocamos las canciones del primer disco de Medina Azahara. Y unos días después, Javier García-Pelayo, que era más el A&R, pasó por la carretera y paró en el Pirula, porque el bar era sitio donde toda la gente se detenía a tomar café.

P. ¿El Pirula se llamaba?

R. (Se ríe) Sí, sí, el Pirula. Él tenía bastante confianza con Juan, el dueño, y le preguntó: “Oye, ¿qué tal el festival que hicisteis?”. “¡Estuvo genial!”. “¿Y qué grupo te gustó más?”. “Indiscutiblemente, Medina Azahara. Fueron los mejores, a la gente le encantó”. Y Javier le dijo: “Pues yo tengo una cinta de estos que me mandaron”. Y era verdad, se la había mandado la gente de la FM de Córdoba. La habíamos grabado en directo para la radio y sonaba fatal. Pero empezó a buscarnos. Llamaba a casa todo el rato, porque en aquellos tiempos no había móviles, y nosotros estábamos fuera diez días seguidos. Cuando volvimos nos dijeron: “Os están buscando, hay una gente de Madrid que quiere hablar con vosotros”.

Total, que le llamamos y quedamos. Javier era, y sigue siendo, un tío muy peculiar. Fuimos a su oficina en Madrid, que era pequeñita: una secretaria y él. De ahí nos fuimos a casa de su hermano, y allí pusieron la cinta. Pero es que ahí estaban los A&R de las compañías más grandes del mundo, gente importante a la que yo no conocía ni Miguel Galán tampoco. Nos decíamos: “¿Esto qué es, tío? Qué gente, qué pintas...”. Javier nos había dicho que iba a haber gente escuchando, pero no esperábamos aquello. Pusieron la cinta, que sonaba fatal, pero lo importante para ellos no era el sonido, eran las canciones. Cuando terminó hubo un silencio y de repente aplausos. Todas las grandes compañías de aquel momento querían fichar a Medina Azahara. Nosotros no entendíamos de CBS ni de Movieplay ni de nada, así que les dijimos a los que nos habían llevado allí, Gonzalo, que ya había hecho producciones importantes con Triana, con Lole y Manuel, con María Jiménez y con mucha gente: “Nosotros no sabemos nada de compañías. Dime tú”. Y él dijo: “La mejor es CBS. Para lanzar es la mejor; luego ya hacéis lo que queráis”. Y efectivamente, CBS fue un punto importante en la historia de Medina Azahara, porque con ellos grabamos los tres primeros discos, y sobre todo el primero, que es el más importante, el que te tiene que dar a conocer. Luego ya hubo desavenencias, pero en ese momento estaba claro.

Un contrato mal firmado te puede arrastrar durante años

P. Lo cierto es que llegáis en un momento de cambio en la industria.

R. Sí, y además, teníamos la esperanza de que el director en aquel tiempo era de un pueblo de Córdoba, Tomás Muñoz.

P. El de Villanueva.

R. De Villanueva, sí, exacto. No es que tuviésemos mucha relación con él, ni siquiera lo conocíamos, pero después se presentó como cordobés y dijo que amaba la música de Medina. Tuvimos suerte.

P. Creo que una de las ofertas que rechazasteis fue estar en el mismo sello que Triana.

R. Sí, claro. Nos dijeron: “Aquí está Triana, y sería bonito contar con vosotros”. Y nosotros dijimos que no, que donde estuviese Triana no queríamos ir. Nos gusta muchísimo Triana, pero no queríamos ser competencia suya ni que ellos lo fueran nuestra. Estaba claro que los triunfadores eran Triana, que llevaban dos o tres discos de éxito. Queríamos que una compañía apostara por nosotros de una forma distinta, sin mirar: “Tengo a Triana, no puedo hacer esto por Medina”. Nos decidimos por lo contrario.

P. Pasar de estar veinte días tocando en una feria a plantarte en Madrid, en una casa rodeada de ejecutivos del mundo discográfico, es un shock. Cuando os fuisteis de allí, diríais: ¿Pero qué acaba de pasar?.

R. Exactamente. A todo el mundo le pasaría igual. Nosotros lo pasábamos muy bien tocando en las ferias, porque éramos muy divertidos. Tocábamos desde Uriah Heep y Grand Funk hasta los Purple. No éramos el típico grupo con un solo repertorio, como los que ahora tocan en bodas y comuniones. A veces improvisábamos durante media hora antes de que entrase la gente, y luego empezábamos con esos grupos. También llevábamos los temas principales que sonaban en el momento. Lo más comercial entonces eran Los Diablos o Fórmula V, que yo nunca toqué -bueno, sí, Busca un amor, de Fórmula V-. Pero hacíamos cosas distintas, mucho más duras. Tocábamos de todo un poco.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. Vosotros sacasteis los primeros discos a finales de los 70 y principios de los 80, y los grupos que llegaron después, los de La Movida, renegaban del flamenco y de la música española. Luego, en los 90, salieron los nuevos flamencos, Ketama, Ray Heredia, Pata Negra y demás. Entre medias hubo un salto que de alguna manera os perjudicó. Me gustaría saber por qué crees que se dieron esos años en los que se renegaba de lo flamenco. No sé si tú, con los años, tienes una teoría.

R. Desde el principio tuve bastante claro lo que estaba pasando. Creo que el centro, o más bien en Madrid y Barcelona, se dan cuenta de que hay una música muy potente que podría expandirse por todo el mundo, que era el rock andaluz. Estaban Triana, Alameda, Medina Azahara, Cai, Imán, Mezquita… grupos impresionantes que además tocaban bien. No eran los típicos grupos basados en canciones; eran grupos en los que todos los músicos tocaban y cantaban muy bien. Había posiblemente una apertura para salir fuera que no fue utilizada por las grandes compañías. De hecho, algunas ni siquiera nos ayudaron.

Yo me di cuenta de todo cuando hicieron la gira Andalucía en Rock, con Alameda, Medina Azahara, Imán y Gualberto, no me acuerdo. ¿Y qué hicieron? Cargársela. Cambiaban la fecha para que cuando llegases no hubiera nadie: por ejemplo, el cartel decía 18 de abril y teníamos que tocar el 19. Cuando llegábamos decíamos: “¿Pero esto qué es?”. Los equipos nos llegaban tarde. Era todo un boicot al rock andaluz. Creo que mucha gente no lo entendió y muchos grupos desaparecieron por eso. Medina Azahara hacía unas 180 galas al año. Triana no tocaba tanto, pero tocaba mucho; todos los grupos de rock andaluz tocaban mucho. Con La Movida pasamos a tener 50, y buscándonos la vida, porque las compañías ya no te querían fichar. Habías terminado el contrato con CBS y te decían: “Tío, es que esto ya no se lleva”.

P. ¿Qué papel jugaron las radios?

R. Las radios apoyaron mucho La Movida. En aquel tiempo no era como ahora, que la música viene enlatada desde las emisoras grandes; cada uno podía poner prácticamente lo que quería. Pero se dejaban llevar mucho por lo que sonaba en Cataluña y sobre todo en Madrid. Si Los 40 Principales y los periodistas apoyaban la gran movida, todo el mundo se basaba en eso. La música que había era La Movida, y lo demás no existía para nada. Era Alaska y todos aquellos grupos que salieron en masa.

P. Aquello era una especie de copia del postpunk anglo. Pero lo que más me sorprende es ese desprecio hacia la música española en casi todos. Vale, bastantes grupos cantaban en español, pero ninguno tenía ni un guiño hacia las raíces, como el flamenco u otras formas de cantar más de la tierra. Se basaban mucho en lo anglosajón. Vosotros también mirabais a Deep Purple y a grupos de fuera, pero sin renunciar a lo que sois.

R. Claro. Aunque intentes copiar un estilo de música como el de Deep Purple, le metes tus raíces, notas distintas a las que ellos hacen, una forma de cantar completamente distinta, y todo eso hace que la música evolucione y que tenga sentido lo que estás haciendo. Pero la mayoría de los grupos de La Movida no sabían ni tocar. Los músicos del rock andaluz se mezclaban con ellos y les ayudaban a tocar en directo. Y muchos músicos, como el guitarrista y el teclista de Manzanita, se fueron a tocar con los grupos de La Movida, porque les daban de comer. Tampoco iban a vivir de nada pudiendo hacer música.

He podido denunciar a mucha gente por abusar de Medina, pero no lo he hecho porque soy feliz tocando

P. ¿Cómo llevaste esos años de ostracismo, entre comillas, en los que las discográficas y las grandes radios os dieron la espalda?

R. Yo creo que por eso seguimos aquí: porque teníamos un sentimiento fuerte por hacer una música realmente propia. Si no, nos hubiéramos ido enseguida. Cuando ninguna compañía nos quería, teníamos canciones y un disco prácticamente hecho, pero nadie lo quería. En aquel tiempo no se llevaba la autoproducción, pero nosotros nos autoproducimos pidiendo un préstamo, y con eso pudimos sobrevivir un tiempo. Por suerte nunca perdimos galas y siempre tuvimos lo suficiente para seguir viviendo, aunque no para ganar mucho dinero. Luego hay un salto grande desde Caravana española hasta En Al-Hakim, porque ya pensábamos de distintas formas, entraron nuevas personas al grupo y lo hicimos de otra manera. Nos centramos mucho más en buscar una compañía. Nos encontramos con un nuevo mánager, Javier Gálvez, que prácticamente era socio de Avispa, y él nos llevó a Avispa. Cuando escucharon lo que teníamos, rápidamente nos ficharon.

P. En aquellos años grabasteis con un joven guitarrista de Córdoba que se llamaba Vicente Amigo, ¿no?

R. Sí. Eso tampoco lo sabe mucha gente.

P. ¿Cómo era Vicente en aquellos años?

R. Era divertido, un personaje. Lo pasamos muy bien grabando los temas y mezclando el rock andaluz con una guitarra flamenca. Aunque esto ya lo habíamos hecho también con Busco y con otro tema, no me acuerdo cuál, con Paco Cepero. Vicente tenía unas aspiraciones muy grandes, y creo que las sigue teniendo. Es un musicazo total. A la hora de tocar e improvisar, fue un disfrute.

P. ¿Quién lo fichó?

R. Nadie. Necesitábamos un guitarrista flamenco, hablamos con él y encantado. Se fue para allá y lo grabamos.

P. Y ahora, cuando escuchas la música de Vicente, ¿reconoces a aquel chaval que empezó a tocar con vosotros o lo ves muy cambiado?

R. En la forma de tocar sí lo reconozco, porque tiene una personalidad muy grande tocando. Pero en aquel tiempo era mucho más joven, era un chavalito.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. ¿Hay algún músico, español o extranjero, con el que te hubiera gustado grabar o tocar y no hayas podido? Seguramente habrá alguno que se te haya quedado a las puertas.

R. De los modernos hay muy buenos cantantes, guitarristas e instrumentistas. Pero creo que todos los que pensaba han cantado conmigo de alguna forma. En el disco del 30 aniversario tuvimos bastantes, y con este final creo que van a estar todos.

P. Estoy pensando en Robe, que estaba con vosotros en Avispa. No sé si llegaste a entablar alguna relación con él.

R. No tuve nunca una relación fuerte, pero recuerdo una conversación de cuando él estaba en Avispa. Estábamos los dos sentados en el bordillo de la calle y me dijo: “Hay que ver, Manuel. ¿Te estás dando cuenta de que estamos aquí los dos poetas distintos del pueblo, tío?”. Yo le dije: “¿Poetas?”. Me hizo mucha gracia y empecé a reírme. Y él: “No te rías, tío, de verdad: yo soy el poeta extremeño y tú el poeta andaluz”. Cosas así que se me quedaron. Nunca coincidimos demasiado en el tiempo, pero alguna conversación se me quedó grabada.

P. Tu carrera ya es de casi 50 años, y de multinacionales solo fueron los tres primeros discos. ¿Cómo se aguanta todo el resto? No sé si has llegado a estar arruinado, pero en números rojos sí te habrás visto. ¿Has llegado a decir: “Me cago en la música y en la guitarra”?

R. Los números rojos eran un día sí y otro no. La verdad es que yo he sobrevivido de la música, pero no he llegado a hacerme rico. Aquí puedes ver que vivo desde el 94 sin grandes alardes: una casa normal, sencilla, y en el banco tengo poco dinero, lo justo para sobrevivir. Yo me he basado siempre en tocar, porque me ha gustado tocar. Muchas veces hemos tocado por mucho dinero y otras por poco: cuando ha habido momentos muy fuertes, por más, y cuando no, por menos. El caso era tocar, estar siempre en la carretera, con la gente que te sigue. La gente que te sigue nunca sabe lo que cobras; lo que entiende es que cuando te subes al escenario lo das todo. Y eso Medina Azahara siempre lo ha llevado a gala: “Estamos en el escenario, somos Medina Azahara y nos vamos a comer el mundo”. Nos daba igual que hubiera 30 personas, 5.000 o 100.000. Por eso hemos sobrevivido a todas las épocas. Había un árabe que dijo una frase muy bonita: “Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”. Quiere decir que si tienes las ideas claras y llevas tu vida por donde te gusta, qué te importa lo que opine la gente.

P. Y qué te puede importar si te pones a contar y dices: “He vendido -es un poner- 20 millones de entradas”. 20 millones de veces, una persona ha sacado el dinero de su bolsillo y lo ha pagado para ir a verme tocar.

R. Eso es una responsabilidad. La responsabilidad de subirte a un escenario nosotros siempre la hemos llevado a gala. En las últimas épocas hemos tenido varios músicos que han tocado con nosotros, sobre todo en la batería y el bajo, pero los tres que hemos estado más o menos siempre al mando hemos tenido claro que cuando te subes al escenario tienes que dar hasta la última gota de sangre.

Desde la tristeza salen canciones muy bonitas

P. ¿Y cuánta gente vive o ha vivido de Medina Azahara?

R. Mucha. Desde las compañías, que han ganado muchísimo dinero con Medina Azahara, hasta managers, representantes, técnicos… Es una cadena muy grande. Hay mucha gente que ha vivido de Medina Azahara, pero que te ha ayudado a ser lo que eres. Un grupo no puede subsistir sin un buen mánager ni sin una buena compañía detrás, aunque a veces las compañías no apuestan del todo por ti, sino que intentan sacar beneficio de tus discos y tus canciones. Pero entre todos hacen un equipo, y ese equipo es el que ayuda a un grupo a subsistir tanto tiempo.

P. La independencia y la libertad de la que has disfrutado, ¿compensan el trabajo y la autoexplotación a la que te has sometido?

R. Siempre he tenido claro que lo que yo quería era subirme a un escenario. Que a veces te sientas engañado por promotores o discográficas, eso siempre lo he tenido en un segundo plano. Es verdad que he podido denunciar a mucha gente por abusar, discográficas, managers, toda la gente que hay detrás de un movimiento grande. Pero me he basado siempre en pensar: “Soy feliz tocando; el que se está aprovechando se lleva el dinero, pero yo me llevo lo que me gusta, que es tocar”. Por eso no me arrepiento del camino que he andado.

P. Ese camino hoy dista mucho de cómo era hace 30 años. Hay un poco de justicia poética en que las grandes discográficas, que controlaban a bandas y proyectos como el tuyo y decidían si un día estabas arriba y otro abajo, con las redes sociales y los cambios en la música se hayan ido la mayoría al carajo. Ya solo quedan dos o tres grandes conglomerados. Vosotros, sin embargo, habéis seguido. Todo se ha puesto en su sitio de forma, digamos, natural.

R. Puede ser. Este sistema de hoy es más abierto: salen muchos más músicos, gente que desde su casa puede hacer un disco. Antes tenías que pasar por una discográfica; ahora la discográfica se ha dado cuenta de que no es nada. Puedes llevarle el disco y decirle: “Tengo un disco, ¿te interesa? Vamos a negociar”. Antes te decían: “Te doy el 10 % de royalty”, y te conformabas con eso, que salía de lo que tú componías. Además, se llevaban un 50% de la editorial, un trabajo que habías hecho tú, y se lo llevaban por nada. Ahora puedes negociar todo eso, porque ya no estás sujeto a una compañía, a no ser que firmes un contrato, y entonces tienes que estar muy vivo, porque un contrato mal firmado te puede arrastrar durante años. Si no estás de acuerdo con su gestión o ellos con la tuya, puedes ser un artista frustrado durante mucho tiempo, sin poder componer, porque no te dan libertad para grabar.

P. Compañeros tuyos seguro que han pasado por eso, y vosotros también. Así que no os dejaban grabar.

R. No es que no te dejaran grabar, es que no te dejaban fichar por nadie.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. ¿Y eso con quién os pasó?

R. Simplemente, cuando quieres hacer un proyecto completamente distinto, te topas con lo que hay. Tienes un contrato y ellos pueden apoyarte si quieren. Por ejemplo, Paco sacó un disco en solitario y yo saqué otro con la misma compañía con la que grabábamos Medina Azahara. Pero si ellos no hubiesen querido, no hubiésemos podido grabar, porque tenían todos los derechos. Imagínate: una compañía como Avispa, que estaba vendiendo miles y miles de discos, por no decir millones. Llega un agente de CBS y dice: “Quiero fichar a Medina Azahara”. Se reúnen el director de la compañía, nuestro mánager, Javier Gálvez, y el enviado de la multinacional, que en este caso era CBS. El director responde: “Yo tengo contrato con Medina Azahara por tantos años, y tiene que pasar por mí”. Y el otro: “Tengo aquí un talón de 25 millones de pesetas para liberarlos”, que en aquella época era un pastón. Empezaron a reírse. El enviado insistió: “No te preocupes, tengo un cheque en blanco de la compañía americana para que pongáis el precio vosotros”. Y el director contestó: “No tenéis dinero para fichar a Medina Azahara”. Una compañía independiente se negó a negociar con un cheque en blanco de una multinacional. Eso es lo que puede hacer una compañía, por pequeña que sea, cuando tienes firmado un contrato: ese contrato ya no lo rompes en la vida.

Tienes que ser muy astuto para romper el primero que haces con una compañía, a no ser que la compañía diga: “Haced lo que queráis”. Por ejemplo, CBS tuvo con nosotros cuando empezamos un contrato de tres años y, cuando terminó, nos dijo: “Sois libres”. Pero hay compañías que hacen que arrastres el contrato todo el tiempo que ellas quieran. Imagínate que te firman tres años, tres discos. Eso es imposible cumplirlo; siempre te va a quedar un disco pendiente, así que el contrato se prorroga otros tres años, y ahora tienes seis discos. Tampoco vas a hacer seis discos en seis años, así que se vuelve a prorrogar y te pueden tener toda la vida. Hay que ser muy astuto y decir: “Tres años, dos discos”, que es lo que posiblemente haga ahora la gente. Pero en aquella época éramos todos borregos que queríamos grabar discos. No queríamos nada más. Nos sentíamos completamente realizados con poder grabar y tocar en directo. Ahora creo que la gente lo mira de otra forma.

P. ¿Habéis tenido que litigar mucho, ir a juicio por este tipo de cosas, o muchas veces has decidido no meterte?

R. Hemos tenido muchas posibilidades de hacerlo, porque nos hemos sentido estafados. Hemos ido incluso a abogados muy potentes que nos han dicho: “Mira, esto es así, por aquí podéis meterles”. Pero eso te lleva a un juicio, y a otro, y a otro, y durante todos esos juicios estás en boca del mundo, como diciendo: “Estos tíos son unos peseteros”, porque ellos se van a aprovechar de todo lo que hagas para echarte por tierra. Entonces dices: “Paso de esto; intento cumplir mi contrato, llegar a acuerdos y poder salir de alguna forma algún día”. Y te basas en seguir tocando y disfrutando de lo que eres.

P. Esa es la parte del músico que no se ve. Uno tiene la idea del músico con su guitarra, creando, componiendo, y no piensa que tiene que lidiar con todo eso.

R. Esa es la cara bonita del músico: estar aquí en mi casa pensando en hacer canciones. Y luego sales de gira de un lado para otro y vas a gusto por la vida, divirtiéndote, pasándolo bien. Pero nunca piensas en lo que es un contrato. Cuando eres joven y alguien te pone un contrato sin que hayas hecho nunca nada, lo firmas con los ojos cerrados, y no sabes que ahí está la trampa. La trampa te lleva a estar prácticamente toda tu vida agarrado a una situación. Y te lleva a la ruina, no monetaria, pero sí a decir: “Estoy cansado de estas compañías, quiero hacer otras cosas”, y no puedes. Te llevan siempre por donde a ellos les interesa.

Manuel nació músico. Era innato, sabía tocar todos los instrumentos

P. En lo personal y en lo familiar, ¿cómo lo has llevado? ¿Cómo has conseguido que tus hijos y tu pareja entendieran que tenías que irte 180 noches al año? Sois uno de los grupos que más han tocado de toda España.

R. Yo creo que no ha habido ningún grupo que haya tocado tanto como Medina Zahara ¿Cómo lo llevaba? Difícil, porque a algunos de mis hijos los he visto nacer de casualidad, o diciendo: “Voy a suspender este concierto porque quiero verlo nacer”. Sobre todo a las tres pequeñas: con las dos últimas estuve presente e incluso les corté el cordón umbilical. Antes no había tenido tiempo. Los últimos años nos los programamos de otra forma, pero ha habido momentos en que todo era carretera: venir, estar unas horas y volver a irte. Manuel, por ejemplo, lo vivió desde pequeñito; Alicia también; Marcos lo ha vivido completamente, e incluso a veces se ha venido conmigo. Pero es difícil: pasas muchas horas fuera, no es todo divertimento, y también hay muchas horas de soledad en la habitación del hotel, que te dan muchas vueltas en la cabeza. Aun así, he tenido mucha suerte con las dos familias que he tenido. Con la primera tuve bastante suerte, con mis hijos también, y con esta tengo una vida completamente plena y unas hijas que son una maravilla.

P. ¿Te imaginabas que Manuel iba a querer dedicarse a la música también?

R. Es que Manuel nació músico. Nunca fue cosa de decirle: “Tienes que ser músico”. Desde pequeño quería ser como Michael Jackson. Claro, desde pequeñito. Yo recuerdo que prácticamente nunca había tocado un piano, y le compré un Hammond a Pablo Rabadán. Entre Pablo, un amigo y yo lo metimos en mi casa, cuando yo vivía en Cruz de Juárez, donde había un jardín que había que cruzar, junto al bar La Gamba de Oro. Le enchufamos el piano: “Manuel, mira qué bonito es, mira cómo suena”. Mi vecino Antonio, cuya madre había sido profesora de piano, aunque él no sabía tocar, le enseñó una melodía con un dedo (hace el gesto de tocar la melodía con el dedo índice solamente). Manuel se quedó allí, y nosotros nos fuimos a tomar una cerveza. Cuando volvimos, estaba tocando a dos manos lo que había visto. Nos quedamos todos alucinados: “¿Pero quién te ha enseñado a tocar esto?”. “Nadie, he visto cómo tocaba y he hecho la melodía entera”. Era innato. Manuel tocaba todos los instrumentos; le dabas uno que no conocía y en media hora lo sabía tocar. Era música total.

P. Sabiendo lo que has vivido, ¿le llegaste a dar algún consejo?

R. Simplemente, cuando fichó por Avispa un tiempo, lo primero que le dije fue: “Ten cuidado con el contrato que vas a firmar, y con esto, y con lo otro. Y que la música sea siempre lo que tú quieras hacer; que nadie te imponga nada”. Y siempre ha ido por libre, haciendo música propia. Él era superfán de Michael Jackson, y yo lo llevé a ver a Guns N' Roses a Sevilla, cuando vinieron por primera vez. Pensé: “A ver si le entra la vena que me gusta a mí”. Tocaban Soundgarden, Guns N' Roses y Faith No More, con Mike Patton de cantante. Vimos todo el espectáculo, los Guns N' Roses alucinantes, y al salir le pregunté: “¿Qué te ha gustado? ¿No has visto qué tíos, qué guitarrista?”. Y me dijo: “No, a mí quienes me han gustado son los Faith No More”. “¿Por qué?”. “Porque son distintos, y a mí me gusta lo distinto”. Y se hicieron amigos: Mike Patton y él se hicieron íntimos. Cuando venía a España, lo llamaba y se reunían. Fíjate hasta dónde podía llegar. Y como compositor era la leche, hacía cosas muy bonitas.

P. Hay un paralelismo brutal, porque Estirpe hizo lo que no hacía nadie en su época, de la misma manera que vosotros hicisteis lo que no hacía nadie en la vuestra. Y eso también os relegó a un espacio muy complicado. Cuando uno vive en la frontera, en el fondo está un poco solo. Eres muy libre, con el tiempo acabas ganando estatus, pero una frontera puede ser un lugar muy solitario.

R. Sí, claro. Nosotros tuvimos la suerte de que en principio estaba Triana, que duró muy poquito tiempo. Pero no sonábamos como ellos; no sonábamos a nadie en ese momento. Triana era mucho más parecido a algo. Mucha gente decía: “Son una copia de Triana”, y yo pensaba: “¿Pero dónde está la similitud? No nos parecemos en nada”. Nuestra descarga eléctrica nunca la tuvo Triana, que era otro tipo de música; ni siquiera los instrumentos eran los mismos. Y ellos eran maravillosos, increíbles. Pero creo que estar solo en algo te obliga a ser más guerrero, a sacrificar muchas más cosas y, sobre todo, a tratar de componer lo que nadie está haciendo. A componer para ti, pero también para la persona que te está viendo. Y eso Medina siempre lo ha llevado a gala.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. De tu hijo, ¿hay alguna canción que te hubiera gustado escribir a ti?

R. Bastantes, muchas.

P. ¿Alguna en particular?

R. Puf, es que tiene tantas… Madre Tierra, por ejemplo, me hubiese gustado. Mi hijo tenía la virtud de tocar todos los instrumentos, y a la hora de componer todo eso le servía. De lo más grande que ha hecho Manuel como músico, que ha hecho mucho, es que todas las canciones de Estirpe son de él y de Javi. Javi componía las letras, pero lo demás era todo de Manuel. Cuando hicieron Estirpe ellos no sabían tocar, y Manuel les enseñó a todos, incluso a la batería. La batería que tocaba Javi era de mi hijo pequeño, Marcos, y se la destrozaron; cuando se la devolvieron ya no existía. La tengo por ahí, pero está hecha polvo. Yo me acuerdo de que Marcos quería una batería y le dije: “Venga, niño, para Reyes te voy a comprar una”. Nos fuimos por todos los sitios de Córdoba buscándola y no encontrábamos la que quería: una grande. Era un moco y ni llegaba, pero se la compramos. Entonces Javi le dijo: “Déjame la batería, Marcos, que voy a aprender a tocar”. Y empezó a tocar, y cuando la devolvió estaba completamente destrozada. Pero bueno, vivencias.

P. ¿Qué es el éxito para Manuel Martínez?

R. El éxito, entre comillas, es conseguir una formación que te lleve a hacer algo distinto y a emprender un camino que nunca dejes. Puedes tener éxito por muchas cosas, pero en cuanto a la música, aquel que empieza una carrera, por un lado, la termina por otro y en medio ha hecho no sé qué… eso puede ser un éxito efímero. El éxito tiene que ser la constancia de un trabajo.

P. O sea, no traicionarte.

R. Exactamente. Seguir con tus propias ideas desde el principio hasta el final.

A veces, merece la pena guardarte la razón en el bolsillo

P. He leído que se está haciendo un musical sobre Medina Azahara.

R. Sí, lo está haciendo la gente de CEMAC. Yo ya lo he visto, aunque no con la puesta en escena grandiosa: he visto a los chicos y a las chicas, a los cantantes, a los bailarines, todo lo que lleva el espectáculo, y es una maravilla.

P. ¿Está basado en la historia del grupo, en las canciones, o es una historia…?

R. Está más basado en las canciones. Es una historia surrealista, entre comillas, pero dentro de las canciones de Medina, y cantadas de distintas formas. Nadie va a escuchar a Manuel Martínez cantar ni a Paco Ventura tocar la guitarra; son versiones, de una forma muy vanguardista y muy bonita. A mí me ha encantado. Cuando he escuchado a la gente que canta, me he flipado con las versiones que hacen. Y los músicos, la leche.

P. A partir del 21 de noviembre, ¿qué hay para Manuel Martínez?

R. Seguiré en la música. Tanto Manuel Martínez como Manuel Ibáñez y Paco Ventura tenemos proyectos independientes de Medina Azahara que algunas veces se quedaron aparcados porque Medina Azahara exigía seguir tocando. Ahora es el momento de retomar la continuidad de aquellos proyectos: el de Paco Ventura, el de Ibáñez y el mío en solitario. Eso es lo que vamos a hacer.

P. ¿Ya estás liado?

R. Sí, desde hace mucho tiempo.

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara

P. ¿Cuántas canciones tienes ya para el nuevo disco de Manuel Martínez?

R. No voy a hacer un disco, al menos ahora. Voy a ir sacando temas. He hecho cuatro canciones, que creo que son suficientes en esta época. No voy a lanzar un disco como antes, como un LP: voy a lanzar un tema, luego otro, luego otro, hasta que llegue la hora de lanzar el disco en grande. Pero por ahora voy a lanzar canciones. Tengo canciones muy bonitas, y el domingo pasado hicimos un videoclip. Creo que va a ser bonito de escuchar.

P. ¿Cuándo va a caer la primera?

R. Creo que será por Navidad o a principios de enero.

P. ¿De este año, dices?

R. Sí, Navidad de este año o principios de enero del próximo. Está al caer.

P. Muy bien. ¿Te sientes profeta en tu tierra?

R. Por supuesto. Más que profeta, me siento querido. Hay mucha gente que reniega de su tierra, de su capital o de su pueblo porque a lo mejor no le dan el apoyo suficiente. Nosotros siempre nos hemos sentido queridos por Córdoba. Por supuesto, hay músicos que piensan lo contrario, pero yo pienso que hemos sido gente reconocida por la ciudad, querida y, sobre todo, ayudada. Porque sin Córdoba no seríamos nada.

Poner el punto final a Medina Azahara va a ser difícil

Entrevista N&B a Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara
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