Furóru, la flor de la paciencia

Frame del documental Furóru

Cuando uno traza una imagen mental de la paciencia, difícilmente piensa en pueblos como el japonés o el andaluz. La propia imagen mental de Japón, aunque trae paz y zen, también lleva a urbes superpobladas de ritmo frenético. Al mismo tiempo, la imagen popular del andaluz es la de alguien que se deja llevar por sus pasiones y que actúa antes de pensar, marcado por ese joie de vivre tan propio de la tierra.

Sin embargo, nada mejor para combatir la generalidad de los clichés, que acudir a lo concreto. Algo parecido es lo que han hecho el productor Álvaro García, de Trim Producciones, y el director José Antonio Gutiérrez, con el documental Furóru, una cinta que va a viajar de la tierra seca en la que florecen los vinos Montilla-Moriles hasta los campos de arroz en los que surge el Sake Japonés y va a retratar, por el camino, las similitudes y diferencias entre quienes perpetúan ambas tradiciones centenarias y en las que tienen mucho peso factores como la familia o el tiempo.

"El tema que atraviesa toda la película es la paciencia y la dedicación a la hora de elaborar un producto. Porque, tanto en las bodegas como en las viñas se lleva a cabo una labor muy minuciosa que se traslada de padres a hijos, y estos valores son también propios de Japón", remarca el director de la cinta, que entró en el proyecto poco después de haber desarrollado la Webserie de Ciencia Ficción MemE.

Y es que, si bien hay algo de encuentro extraterrestre entre Japón y Montilla-Moriles, lo cierto es que los vinos de esta tierra y el sake son, en esencia, dos tradiciones y productos parecidos, dos sectores vivos y con gran peso familiar, y que tienen el mismo punto de partida: la paciencia que vertebra todo el proceso desde la recolección a la mesa. "Hay bodegas que tienen 300 años y vinos en botas que llevan 80 o 90 años", señala Álvaro García sobre nuestros vinos generosos. "Eso por no hablar del proceso de producción del sake, que se extrae gota a gota", añade Gutiérrez.

Furóru, que significa flor en japonés, hablará también de contrastes: De la velocidad de las urbes a la tranquilidad de las bodegas; de tecnologías y recolecciones a mano; de Tokio y la campiña cordobesa, a través, siempre de una cuidada estética, cuyo referente visual es el documental Samsara, y a través de un puñado de vidas. De éstas, sólo se sabe que tendrá un papel estelar Kohya Nakase, un venenciador japonés experto en vinos generosos.

Parte del documental, cuya preproducción arrancó hace un año y al que se sumó la gerente de Caracol Tours Isabel Calvache, se podrá ver el próximo viernes 29 de septiembre en el Instituto Cervantes de Tokio, donde esperan arrancar nueva financiación -hasta el momento llevan 140.000 euros-. Después, se podrá ver el primer trailer en la Feria Internacional de Turismo FITUR en enero, y el objetivo final es llevar la cinta terminada al Festival de Cine de San Sebastián del año que viene, para que se vea y se deguste dentro de la sección Culinary Cinema.

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