Fuel Fandango y Lin Cortés salvan el caudal de Río Mundi

Fuel Fandango en Río Mundi | TONI BLANCO

Con un retraso mucho más largo de lo esperado, ante un público que llegó a estar algo desconcertado pero expectante, el sabor cordobés se ha acabado imponiendo en la primera noche de Río Mundi. Si la apuesta era coronar el cartel con artistas de la ciudad, la opción de Fuel Fandango y Lin Cortés para abrir boca en la segunda edición este festival de las experiencias ha sido un acierto de la organización a nivel de programación, aunque se les exigió demasiado para sobreponerse a los problemas técnicos.

Lo hicieron, especialmente los Fuel, porque jugaban en casa y las raíces son importantes en estos trances. La explosión de sonido nacido en la Plaza de la Corredera -donde cantaron tanto Lin como Nita hace unos cuantos años- ha retumbado por el Escenario Guadalquivir, aunque con desigual fortuna.

Y es que tanto Lin Cortés como Fuel Fandango han llegado a este festival en un momento dulce de su carrera, aunque en el directo los resultados han sido desiguales. A priori, eran dos de los platos más suculentos del cartel de esta edición. El de Lin Cortés es el triunfo del talento bruto que pasa de la segunda a la primera línea. Tras una carrera detrás de maestros como Enrique Morente, Raimundo Amador o Vicente Amigo, el cantante y compositor ha tomado las riendas de su carrera con un segundo disco que lo sitúa en un espacio extraño, a caballo entre el flamenco, el pop y el soul.

Su concierto, sin embargo, ha ido de menos a más, con mucho más brillo en sus colaboradores -El Pele y Jorge Pardo, especialmente- y con un papel algo lánguido por su parte, mostrando que le costó sobreponerse al desfase horario y a los problemas de sonido. No ha sido su noche.

Tras su concierto y tras una espera considerable, el escenario ha sido para los Fuel. La banda del canario Alejandro Acosta y la cantante Nita ha acudido al rescate y se ha presentado con un nuevo espectáculo, mucho más guerrero de lo esperado en un grupo que siempre ha hecho del directo su principal arma.

Y en ese ámbito poca presencia brilla más que la de Nita, una menuda mujer que es, al mismo tiempo, Lola Flores y Roisin Murphy, ancestro y alien, bailaora y diva, gasolina y flamencura. Suyo ha sido el Guadalquivir durante algo más de hora y media en la que la banda no ha levantado el pie del acelerador, algo que el público ha disfrutado en una noche más fresca de lo esperado tras varias semanas de verano inmisericorde.

Tras el cierre del escenario Guadalquivir, seguía sonando la música en el Parque de Miraflores, donde conviven tres escenarios: el Amazonas -para ritmos tropicales-, el Hudson -para hip hop y música negra- y el Rin -para música electrónica-. Hasta allí se ha desplazado gran parte del público, lejos de las molestias que se ocasionaban a los vecinos en la primera edición. El último en cerrar ha sido el cordobés Cecilio, quien, acompañado de la italiana Laurine, han dejado bien claro por qué su colectivo Slow Life es uno de los más relevantes de la escena electrónica en Berlín.

Lo dicho, desde la Corredera y el Guadalquivir, al mundo.

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