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Dolores Redondo: “El éxito es un caballo loco, y además no es tuyo, siempre es prestado”

La escritora Dolores Redondo en la Feria del Libro de Córdoba.

Juan Velasco

23 de octubre de 2026 20:04 h

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Dolores Redondo contesta entre un ascensor y una habitación de hotel en Sevilla. Ha pasado la mañana dando entrevistas de televisión y para prensa, como la que ahora le ocupa el tiempo. Sobre la cama hay una maleta a medio cerrar, ya que en unas horas viaja a Córdoba, donde esta tarde de viernes ha inaugurado la Feria del Libro. Pero cuando coge el teléfono, ese “honor” -como ella lo describe- aún no se ha dado (tiene lugar este mismo viernes a las 19:00), por lo que se centra en hablar de Todas las noches, todas las ciudades, su nueva novela, que acaba de salir de la imprenta, como quien dice, y apenas lleva un par de días en las librerías.

Cuenta algún detalle de la que es ya la tercera entrega de una tetralogía que se ha convertido en best seller, a pesar de que ella misma haya huido del diálogo habitual entre novelas de una misma serie. La primera, Esperando al diluvio, transcurre en el Bilbao de 1983, entre Glasgow y la capital vizcaína, en un periodo oscuro de la historia de España, con ETA, el IRA y un asesino en serie que pudo huir del Reino Unido. La segunda se sitúa en 2020, en los días previos al confinamiento, con un personaje distinto. Aparentemente, no guardaban relación, y esa era la intención: “huir de los lugares comunes de las series, donde vas de una a otra y son como continuaciones”.

En esta tercera, las dos historias confluyen. Pero la autora quería, sobre todo, un viaje distinto, con lugares que ni el lector ni ella habían pisado: “así los visitamos juntos”. Un pasito más en una trayectoria que partió del rechazo y, en estos momentos, está en un punto envidiado por cualquier autor. “El éxito no es tuyo, siempre es algo prestado. Por eso tienes que vivirlo como lo que es, un privilegio”, afirma una escritora que, precisamente, en su última novela, habla sobre la fama a través de Benedict Newman, su alter ego, que, en una entrevista ficticia con el New York Times, invita al periodista a comprobar cuántos de los escritores que tenían éxito hace diez años, siguen entre la lista de los más vendidos una década después.

La escritora Dolores Redondo presenta su nueva novela, 'Todas las noches, todas las ciudades', en la inauguración de la 51ª Feria del Libro de Córdoba

El escritor que se convierte en su personaje

Redondo, no obstante, renuncia en Todas las noches, todas las ciudades a volver a los territorios en los que se sentía “muy feliz y muy cómoda” para instalarse en uno mental. Aquí, un escritor célebre es interrogado por la Policía después de que su última novela describa unos crímenes que guardan una semejanza inquietante con los que alguien ha perpetrado y sobre los que el autor no debería tener tanta información. Los investigadores, por tanto, quieren saber de dónde ha sacado la información, con quién ha hablado y qué relación puede tener con los hechos. Pero el interrogatorio toma un rumbo inesperado. El escritor se quiebra y, cuando despierta, deja de comportarse como él mismo para hacerlo como uno de los personajes de sus libros. La frontera entre quien inventa una historia y quien la protagoniza comienza a desdibujarse.

“He querido que el lector experimente lo que tienen que sentir las personas que tienen Alzhéimer o demencia cuando creen estar en otro lugar”, explica Redondo. La novela se adentra en una mente que pierde el control de la realidad, con sus saltos temporales y sus espacios cambiantes. La escritora plantea también una reflexión sobre la crueldad que puede suponer devolver bruscamente a esas personas a lo que los demás consideran la realidad, negando la experiencia que están viviendo.

Yo nunca he puesto el foco en los asesinos, sino en las víctimas

El título alude precisamente al espacio mental en el que habita el escritor protagonista y donde sitúa sus historias. Una suerte de Macondo particular, un escenario ficticio que puede ser cualquier lugar y cualquier noche. “Siempre que estamos con este personaje, con este escritor que ha perdido el control de la realidad, estamos en su mundo de ficción”, señala.

Quizá por ello, Redondo abandona también algunos de los territorios geográficos que han dado identidad a sus novelas para trasladarse al interior de la mente de un creador. La trastienda de la escritura se convierte así en el escenario principal: ese lugar oscuro en el que nacen las historias y en el que los personajes pueden adquirir una vida propia.

La idea parte, en parte, de una experiencia personal de la autora. Redondo recuerda haber tenido un pensamiento que sintió como ajeno y que la llevó a interesarse por los mecanismos de la mente. A partir de ahí, investigó sobre creadores que habían terminado identificándose con sus personajes y encontró también un respaldo literario en alguien tan aparentemente alejado de su literatura como Miguel Delibes. El escritor vallisoletano llegó a reflexionar sobre cómo la mente del novelista puede estar habitada temporalmente por sus criaturas, hasta el punto de preguntarse si conservaría la suya o la de alguno de sus personajes.

“Me pareció que refrendaba absolutamente esto que quería contar”, apunta Redondo, que utiliza esa idea para construir una historia sobre la identidad, la memoria y la fragilidad de la percepción. El resultado es una novela que, además de jugar con los códigos del género negro, puede interesar a quienes se preguntan cómo se construye un personaje y de dónde surgen las historias.

Público en la presentación del libro de Dolores Redondo.

La mirada puesta en las víctimas

La escritora rechaza, sin embargo, que el atractivo de la novela negra resida en una supuesta fascinación por la mente criminal. Frente al auge del true crime, Redondo aclara que su mirada es mucho más clásica: “Yo nunca he puesto el foco en los asesinos, sino en las víctimas”, sostiene. Si tuviera que identificar qué hay dentro de ella, no sería un psicópata, sino un policía. Recuerda que, cuando jugaba de pequeña a policías y ladrones, siempre quería ser uno de los primeros. Para Redondo, el interés por estas historias responde a una pulsión mucho más elemental: identificar al culpable y conseguir que pague por sus actos. Una lógica que atribuye también a los lectores de Agatha Christie y que considera vigente un siglo después. “Distinguir quién es, distinguir el mal cuando lo tenemos cerca”, resume.

La novela negra ofrece, en ese sentido, una herramienta para observar la sociedad. La escritora considera que las historias de ficción permiten reconocer comportamientos que también aparecen en la vida real, incluso en los espacios de poder. Y no oculta que el contexto internacional, con personas que hacen gala de su maldad al frente de gobiernos y ejércitos, le provoca una inquietud que va más allá de la literatura.

“El temor más grande de todo es que un día una de estas escaladas bélicas a las que nos están conduciendo cada vez con más frecuencia no eche el freno”, confiesa. Le preocupa la posibilidad de que la violencia termine arrastrando a ciudadanos que no comprenden por qué tienen que participar en un conflicto ni qué hacen en un lugar lejano. “Lo más horrible del mundo es tener que verse envuelto en una escalada de violencia y terminar dejándote la vida en un lugar lejano, en una trinchera de un pueblo con un nombre que ni siquiera sabes pronunciar. Y por una causa que no sabes ni por qué estás ahí”, resume.

La conversación vuelve después al éxito, aunque desde una perspectiva más personal. La distancia entre aquellos primeros rechazos editoriales y la posición que ocupa hoy en las listas de ventas no le hace olvidar que la continuidad de una carrera depende de la respuesta del público. La fama, insiste, no es una propiedad que se pueda conservar indefinidamente. “Cuando alguien dice: 'Este ya es famoso, este ya tiene éxito o este ya está en el número uno', no es cierto. Este privilegio lo conceden cada vez los lectores”, afirma, antes de definir al éxito como “un caballo loco al que hay que aprender a montar cada vez”.

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