Cordobán Neverland La la land

Musical de Michael Jackson | ÁLEX GALLEGOS

Antes de que comiencen las obras en enero para transformar el Gran Teatro en un lugar más accesible, anoche se transformó en un rancho. En concreto, el Rancho de Neverland, aquella finca de 3.000 acres que Michael Jackson proyectó para adoración de su música y su persona.

Hablamos del rey del pop, ojo. Aquel chaval que con 5 años se subió a la cresta de la ola del éxito y ya no se bajó hasta aquel aciago día en que una ingesta masiva de estimulantes y sedantes lo dejase en las mismísimas Puertas del Cielo.

Pero no estamos aquí para tratar los claroscuros en la vida de Michael Joseph Jackson, sino para celebrar que ha llegado a Córdoba un espectáculo que repasa su imponente legado de rhythm & amp, blues, rock o dance. Y con esa idea, la de ser arropados por el espíritu y la música del añorado genio de Indiana, padres con sus niños, adolescentes y, en general, público de todas las edades, ocupan sus localidades en el teatro la tarde-noche del viernes, casi hasta llenarlo.

A las seis en punto se produce un fundido en negro en el patio de butacas, para después dar paso a un despliegue abrumador de luces y sonido: dos maiquelyásones, uno para el baile y otro para el cante, mas una banda sonando en vivo y cuatro bailarines, todos en perfecta sincronización.

Por no hablar del vestuario. Guantes con lentejuelas, sombreros voladores y calcetos blancos con zapatos negros. Nada desentona lo más mínimo. Las imitaciones de los Jackson 5 son de un 8 o 9, al igual que las mimetizaciones de Michael Jackson en solitario, que también merecen nota alta. Y el público, cómo no, agradecido.

Hay que ser muy animal para no agitar el cuello con las bases rítmicas de Thriller, Wanna Be Startin Something o Smooth Criminal, al igual que es imposible no sentirse en paz y armonía con la humanidad con temas como Black or White o Heal the World.

Tras dos horas justas de espectáculo, el musical I Want You Back toca a su fin. El respetable sale enloquecido. Los unos pegando grititos de aauuuuuuuuuuuuh, los otros haciendo el baile-del-bailar-patrás (también conocido como Moonwalker), y, los más atrevidos, haciendo violentos movimientos pélvicos y palpándose a la vez con dos dedos el escroto.

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