El yacimiento por el que hubo que desviar la autovía, abandonado a su suerte

El yacimiento, totalmente abandonado, en una imagen de esta misma semana.

En el año 2004, en plena construcción de la Autovía de Málaga (A-45), una rutinaria inspección arqueológica se topó con un edificio único en el término municipal de Montemayor: un santuario del siglo III antes de Cristo dedicado, probablemente, al agua.

El hallazgo fue tan impresionante que el Ministerio de Fomento no dudó en desviar la autovía para proteger el yacimiento. La obra se alargó al menos un año más del previsto y el presupuesto se elevó en unos seis millones de euros más, según las crónicas de la época. Pero a día de hoy, 16 años después, el yacimiento está totalmente abandonado. A pesar de estar protegido, es prácticamente inaccesible. En la puerta, una valla tumbada impide hasta saber qué es lo que hay allí exactamente.

El hallazgo se produjo un tórrido verano, en el que los arqueólogos trabajaban a contrarreloj para sacar a la luz algo que fue dando sorpresas. Una enorme escalinata concluía en un pozo en el conocido como Cerro del Sastre, en un edificio bastante bien conservado.

Desde primera hora, la Junta de Andalucía se interesó en conservar este yacimiento ibero. El recinto se valló para evitar el vandalismo y se instaló un tejado para evitar el deterioro del adobe descubierto a causa de la lluvia y el sol. También se construyó un pequeño y empinado acceso.

El objetivo era integrar el yacimiento en una especie de ruta arqueológica por el pasado ibero, que en Montemayor no para de dar sorpresas. En otro punto del término municipal apareció el enterramiento de un carro en excelente estado de conservación que ha sido portada de varios periódicos nacionales.

Pero a día de hoy, el yacimiento es pasto de los jaramagos, sin planes de ninguna administración para integrarlo en ruta alguna. De hecho, el hallazgo que llegó a cambiar el curso de la autovía apenas si puede verse desde la propia carretera, coronando un gigantesco talud que a punto estuvo de llevarse para siempre un espacio mágico y de enorme interés cultural.

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