La vida en un instante: “No me amputaron la pierna. A mí me salvaron”

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Un instante. Sólo un instante basta para dar al traste con una vida que lo dio todo en cada segundo. Un instante que todo lo revuelve y que hace a sus protagonistas vivir una historia que jamás olvidarán. Y no sólo por las secuelas físicas que deja aquel momento, sino porque hay recuerdos que se amarran al alma y se alojan en ella para siempre. Sístole y diástole a prueba de bombas. Un cumpleaños que jamás se celebró. Una recta y un error en una de las ruedas de su moto hicieron que la vida de Rafa Prieto diera un vuelco de repente. Pero para él no hay límites. Quiere volver al lugar donde aprendió la disciplina y la obediencia. Quiere regresar al Cuerpo Nacional de Policía. Ahora, lucha para que un tribunal médico valore positivamente su situación. Sólo quiere servir al Cuerpo. Sea como sea. "Llegar hasta donde se pueda".

El accidente se produjo a las 20:55 en las proximidades del puente de San Rafael el pasado 29 de septiembre de 2015. En la recta, la moto de Rafa colisionó frontalmente contra un turismo. El choque fue de tal magnitud que el parte médico que se difundió indicaba que Rafa había fallecido. Pero él sólo estaba luchando por sobrevivir. "Menudo error cometimos los medios de comunicación aquel día". "Sí, pero bueno, ya está todo pasado. Los propios médicos creían que yo estaba muerto y que me llevaban al hospital para donar órganos". Con la confirmación de Emergencias 112, todos los medios de comunicación -sin excepción- daban la noticia del fallecimiento de un hombre que resultó ser Policía Nacional. Lourdes Osuna, mujer de Prieto, guarda en un cajón todos los recortes de prensa de aquel día: los que corrigieron la información y los que no. "Nuestros amigos se empezaron a enterar por la prensa y sólo me llamaban preguntando en qué tanatorio estaba. Yo decía: ¿Y si ha muerto y no me han dicho nada? Porque es verdad que el parte era que Rafa había fallecido", cuenta Lourdes.

Asombra escucharla. A pesar de los momentos de crisis que vivió aquella noche, es capaz de explicar con detalle los aspectos más técnicos que, en un primer momento, le trasladaron los médicos. La situación era grave. Sus conocimientos de enfermería -ya que ejerce en el Hospital de Cabra- le hicieron temerse lo peor. La pierna de Rafa había sido amputada en el mismo momento del accidente. A las fracturas de la pierna derecha se sumaban otras roturas en los huesos escafoides. Pero lo realmente delicado se encontraba en la cabeza. Un enorme hematoma estaba presionando el cerebro de Rafa. Sólo un TAC podría arrojar luz sobre la recuperación durante las primeras horas. Una segunda prueba sobre las seis de la mañana del día 30 de septiembre eliminaba todo género de dudas: el hematoma había desaparecido y ni los propios médicos podían explicarse el porqué.

Después de seis días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), Rafa despertó. La principal preocupación de Lourdes era cómo decirle a su marido que había perdido la pierna. "Dadas las horas que pasaba solo, porque no podíamos entrar, los médicos nos dijeron que no podíamos decirle nada de la pierna". Pero llegó un momento en que Rafa empezó a preguntar. "Recuerdo que me decía: Gorda, qué paranoia, me estoy tocando la pierna y sólo me llega hasta aquí", cuenta Lourdes, mientras señala la parte superior de su propia pierna. "Yo sólo le decía que no se tocara y me fui a comprar una botella de agua. Cuando llegué ya me lo pregunto: ¿Me han cortado la pierna? Y se lo dije claro: Rafa, no te han cortado la pierna, te han salvado la vida".

Conforme Lourdes relata la secuencia de los hechos, Rafa asiente continuamente y hace suyas aquellas palabras de Lourdes que le hicieron reafirmarse en algo: "Es verdad, a mí no me amputaron una pierna. Me salvaron la vida y lo que vendría después era un reto para mí". Tantos días pensando en cómo explicarle a Rafa su situación que, a la hora de la verdad, "fue él quien nos sorprendió a todos. Era él quien nos animaba". Al día siguiente, Lourdes quiso retomar esa conversación pero Rafa "no se acordaba". "Me asusté porque yo le preguntaba pero no sabía a qué me estaba refiriendo. Y de repente me dice: Ah, sí, lo de la pierna. Me creía que era otra cosa. ¿Pero no me faltaba nada más, no?". Ahora, Lourdes sonríe al recordar esta anécdota.

Nada más salir del hospital, Rafa puso sus miras en los avances tecnológicos para conseguir la mejor prótesis posible para desarrollar su profesión. "Tuve claro desde un primer momento que las limitaciones sólo están en la cabeza de cada uno. Además, por Facebook veía a varios triatletas espectaculares y pensé que yo también podría". Después de visitar varios centros especializados, la prótesis que Rafa necesitaba rondaba los 58.000 euros, un precio muy elevado que no podía pagar. Una ola de solidaridad y de eventos benéficos permitió que en apenas ocho meses Rafa consiguiera su prótesis biónica.

A partir de ese momento, Rafa comenzó su lucha por volver a una vida normal y a su puesto de trabajo, odisea que se extiende hasta el día de hoy. Y así lo cuenta semanalmente en su página de Facebook Una prótesis, una vida normal #SINLIMITES. Su forma física la prepara todos los días en el gimnasio. Ningún ejercicio supone una limitación. Pero sí un reto. Actualmente, Rafa se encuentra en segunda actividad en el Cuerpo, esperando a que el tribunal le dé de alta y pueda, de nuevo, ejercer para lo que se preparó. "Hay mil puestos que puedo seguir desempeñando. Para mí, ser policía no es sólo un trabajo. Es mi vocación. Mi forma de vida".

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