La tormenta del siglo deja paso a un fin de semana de 'fresco' veraniego

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Poca gente, muy poca gente, entenderá la magnitud y excepcionalidad de la tormenta que el pasado martes 11 de agosto sacudió la tarde cordobesa. Aquello no fue una tormenta de verano más, no. A falta de que la Agencia Estatal de Meteorología pueda terminar emitiendo un informe especial sobre las tormentas que se produjeron en buena parte del interior peninsular dicha jornada, lo cierto es que ya contamos con información que subraya lo extraordinario del asunto más allá de los registros y de la insólita estampa sonora que deja el impacto del pedrisco sobre muros, coches y tejados.

J. J. González-Alemán, físico investidagor de dinámica atmosférica y cambio climático en la Universidad Complutense de Madrid, afirmaba en la red social Twitter que “las intensas tormentas acontecidas el pasado martes (11 de agosto) fueron resultado (principalmente) de un jet en la alta troposfera muy intenso para la época” destacando que “este jet ha sido histórico, quedando por encima del percentil 99 e incluso del máximo absoluto en numerosos puntos”.

https://twitter.com/glezjuanje/status/1293889447197642754?s=20

En lenguaje llano, la afirmación concluye que una oscilación de tal calibre y en dicha posición durante la primera quincena de agosto nunca antes se había dado en los 40 años precedentes, quedando la probabilidad de que ocurra por debajo del 1 %. Un episodio de oscilación en consonancia con los efectos posibles relacionados con el cambio climático, que preveen un incremento de este tipo de eventos a medio y corto plazo. Calificar de normal a la tormenta del 11 de agosto resultaría cuanto menos osado.

Al paso de la tormenta le siguió el anunciado desplome en las temperaturas que llevó las máximas hasta valores no vistos desde mediados de junio. 30.6 °C se registraron durante la tarde del miércoles 12, repuntando hasta los 34 grados ya en la tarde del jueves. El descenso dejaba además noches realmente agradables, casi frescas, recuperando sensaciones perdidas hace dos meses, como la del descanso nocturno. Por fortuna, el tiempo seguirá así durante todo el fin de semana, reforzándose incluso con el paso de una borrasca por el norte peninsular, de nuevo provocada por una de esas oscilaciones de la corriente en chorro, que aunque no vaya a traernos de nuevo tormentas hasta la provincia, sí que volverá a restarle un par de grados o tres a la zona alta del termómetro.

Así, mientras la jornada del viernes será prácticamente un calco de la anterior, con máximas que de nuevo rondarán los 34 a 35 grados en el valle del Guadalquivir y los 30 a 32 en el resto de la provincia, durante el sábado la entrada de viento de componente oeste y noroeste empezará a refrescar de nuevo la atmósfera peninsular, bajando las máximas en la capital hasta los 33 o 34 grados. Un descenso que se mantendrá durante la jornada del domingo cuando las temperaturas bajen entre 1 y 2 grados de forma generalizada en toda la provincia.

Las temperaturas mínimas por su parte se mantendrán muy estables, en el rango de los 16 a 17 grados en el valle del Guadalquivir y de los 13 a 15 grados en el norte y sur de la provincia. La primera derrota del verano parece haber hecho mella a falta de poco más de dos semanas para que el otoño climatológico dé comienzo, buen presagio este.

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