El soñado regreso al hogar, el esperado retorno al origen

Traslado de la Virgen de las Angustias de San Pablo a San Agustín | ALVARO CARMONA
La imagen de Nuestra Señora de Las Angustias volvió, acogida por todo un barrio, a la iglesia de San Agustín, en que se fundó su hermandad y de la que salió en 1961

La noche hace tiempo que cayó. El cielo abierto permitía la nítida visión de la luna, que llena, hermosa, parecía acudir a la cita. Se adivinaba su presencia entre las palmeras de una plaza que recorrían numerosos murmullos. Era el sonido de las conversaciones de los muchos que hasta allí se habían acercado. No quedaba un rincón sin cubrir. La espera estaba a punto de terminar. Unos minutos más allá de las ocho, la imagen de Nuestra Señora de Las Angustias se encontraba en el lugar; ese lugar que se había engalanado para un recibimiento soñado; anhelado se podría afirmar incluso. La obra póstuma de Juan de Mesa regresaba a San Agustín, el templo en que se fundó una hermandad que el pasado jueves cumplía 456 años. Retornaba a la que hasta 1961 fue su casa, como su casa volverá a ser a partir de ahora.

Y como al hijo que un día se marchó y regresa, acogió todo el barrio a la imagen, que caminaba con su habitual elegancia. En la plaza se veían rostros de emoción, a veces contenida y otras escapando, así como de felicidad. Los que a partir de este sábado volverán a ser sus vecinos no querían perder el más mínimo detalle de un momento histórico, que ya se encuentra en los anales de una hermandad que cumple también su propio sueño. Las saetas se sucedían. Nadie quería abandonar el lugar. Pero en torno a las nueve y media de la noche, la venerada imagen se encontraba en el interior de la iglesia de San Agustín. Terminaba una jornada memorable que arrancó algo más tarde de lo previsto. Allá por las seis y veinte de la tarde, Nuestra Señora de las Angustias cruzaba por última vez la puerta del compás de San Pablo.

Sonó el carillón en dos ocasiones. La gran talla de Juan de Mesa ya estaba, como cada Jueves Santo del último medio siglo, en Capitulares. Una gran concurrencia de cordobeses atendía al comienzo del camino de regreso a su templo original. Porque fue en San Agustín donde se fundó la hermandad de Las Angustias. Ocurrió un 13 de marzo de 1558. Setenta años después, con el insigne escultor cordobés ya fallecido, fue bendecido el grupo escultórico. Desde entonces y hasta el 2 de marzo de 1961, allí permaneció. Fue ese día el mismo en que se trasladó a la Real Iglesia de San Pablo. El motivo de la marcha, según se escribió de manera oficial, fueron unas obras en el huerto de San Agustín, lugar desde el que salía la imagen.

Años después, la iglesia que hoy vuelve a acoger tan venerada obra, quedó cerrada, de forma que el regreso se convertía en un sueño. El sueño recobró fuerza cuando se restauró el templo. Así, desde la década de los noventa, la hermandad decidió recorrer las calles del barrio. Era una mirada al origen y la muestra de un deseo que ya se hizo realidad. En 2009, Nuestra Señora de Las Angustias regresó por un tiempo al lugar en que volverá a residir. En San Agustín la recibieron con los brazos abiertos y con la esperanza también de que su retorno signifique el inicio de buenos tiempos para el barrio. “Ya está en su casa” o “por fin se ha hecho justicia” eran algunas de las expresiones que se podían escuchar.

Y con la luna presente y las emociones a flor de piel, volvió a su hogar quien quizá muchos, todavía hoy, piensen nunca debió marchar. La noche hace tiempo que cayó.

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