La obra del gran botánico de al-Ándalus que Francia y Alemania tradujeron hace siglos llega finalmente a España
Cuenta una de las historias que han quedado asociadas a Ibn al-Baytar que el científico andalusí murió como había vivido: experimentando. El mito es irresistible, aunqe no esté certificado documentalmente: el botánico andalusí (probablemente nacido en Benalmádena, aunque tampoco haya pruebas fehacientes de ello) habría fallecido en Damasco después de ingerir uno de los medicamentos que él mismo había elaborado. No habría sido, en cualquier caso, una muerte del todo extraña para alguien que convirtió su propio cuerpo en laboratorio y que quiso comprobar personalmente buena parte de los remedios que aparecían en los tratados médicos que había estudiado.
La historia resume bien la personalidad científica de Ibn al-Baytar. No era un simple recopilador de conocimientos. Viajó por todo el Mediterráneo para buscar plantas y sustancias, contrastó las informaciones que habían dejado sus predecesores y experimentó con remedios que hasta entonces habían circulado de un tratado a otro. La experimentación de la que hacía gala al-Baytar es precisamente lo que más ha sorprendido a Guillermo Navarrete Bergman, un traductor malagueño que ha hecho la primera traslación al español de toda la obra botánica del científico andalusí.
Una tarea monumental que ha hecho por su propia cuenta, sin más interés que el de ecuperar la figura y el trabajo de este botánico, cuyo amplio tratado ha sido antes traducido al francés y al alemán. Precisamente es a partir de la traducción germana, que se hizo en el siglo XIX, de donde sale la primera traslación al español de la obra de una de esas figuras del conocimiento que pasaron al ostracismo en España pese a haber nacido en este país.
Y eso que el personaje tiene un punto fascinante. Nació en Málaga a finales del siglo XII en el seno de una familia vinculada al derecho islámico: su padre era jurista y todo apuntaba a que él podía seguir la tradición familiar. Sin embargo, decidió apartarse de ese camino para dedicarse a las ciencias naturales y, especialmente, a la botánica y la medicina. Fue discípulo de destacados científicos de su tiempo, entre ellos el sevillano al-Nabati, se lanzó a viajar por el Mediterráneo para cumplir con su cometido. Quiso repetir los viajes de sus maestros y de los grandes autores que le habían precedido, entre ellos Dioscórides y Galeno. Y no se limitó a asumir como ciertas sus afirmaciones. Allí donde encontraba conocimientos incompletos, dudosos o incluso relatos difíciles de creer, trataba de contrastarlos.
La primera traslación al español
“Él no solo emuló lo conocido, él lo quiso corregir”, explica Navarrete sobre alguien que elaboró uno de los grandes compendios botánicos y farmacológicos de la Edad Media. Un enorme inventario de plantas, sustancias y remedios que conecta territorios que hoy identificaríamos con España, el norte de África, Oriente Próximo o Persia y que demuestra hasta qué punto circulaban los conocimientos científicos a través del mundo islámico medieval.
Y, sin embargo, existe una paradoja en la historia moderna de ese legado: Ibn al-Baytar lleva mucho más tiempo traducido al alemán (en el siglo XIX por Josef Von Sontheimer) y al francés (por Lucien Leclerc) que al español. Navarrete lo descubrió casi por casualidad. Él se dedica profesionalmente a la traducción, especialmente del alemán, y vive en Benalmádena, la localidad que durante décadas ha reivindicado la figura de Ibn al-Baytar. Al comprobar que la traducción más completa de su obra era una realizada en alemán en el siglo XIX por un médico botánico, encontró también que Francia había accedido posteriormente al texto a través de esa versión alemana.
En castellano, en cambio, solo existían traducciones parciales: la introducción, algunos tratados concretos o fragmentos de unas pocas páginas. “Nadie nunca ha hecho la traducción de la obra completa”, sostiene Navarrete Bergman en una charla con Cordópolis en la que narra cómo se enfrentó a este vacío y cómo lo ha llenado: el resultado son tres tomos y unas 1.100 páginas traducidas al castellano. Un trabajo realizado sin editorial, sin subvención y sin respaldo institucional, simplemente porque, como él mismo explica, se encontró con una obra fundamental de la historia científica andalusí que seguía sin estar disponible íntegramente en español.
·Qué mínimo que exista el español siendo Ibn al-Baytar, de aquí de Málaga o de Benalmádena, y siendo yo de aquí también“, razona el traductor sobre un personaje que, paradójicamente, es estudiado en universidades de Medicina de Estados Unidos como parte de la historia de la medicina. Su legado ha viajado por las mismas rutas que recorrió él durante su vida: de Málaga a Sevilla y Granada y, después, hacia Egipto, Siria y otros territorios de Oriente.
Plantas de Córdoba hasta Persia
Su tratado es también una ventana excepcional a aquel mundo. Entre sus páginas aparecen plantas procedentes de la antigua Persia, remedios transmitidos desde lugares remotos y referencias a territorios andalusíes. La distancia geográfica no parece haber impedido el intercambio de conocimientos. Al contrario: el propio tratado permite reconstruir una red de científicos, médicos, botánicos, viajeros y traductores que mantenían en circulación fórmulas y experiencias a través de miles de kilómetros.
Y ahí también aparece Córdoba. Ibn al-Baytar pasó físicamente, según Navarrete, por Granada y todo apunta a que también recorrió Córdoba. El traductor está revisando ahora los pasajes concretos que documentan esa relación, pero el propio tratado contiene referencias a remedios y plantas procedentes de pueblos cordobeses. En uno de sus pasajes aparece incluso una referencia a las viñas de Córdoba al describir el adschavan o argavan, un árbol de Persia de flores intensamente rojas.
Es una pequeña pieza dentro de las más de mil páginas del tratado, pero sirve para entender la dimensión del universo científico de Ibn al-Baytar: un mundo en el que una planta persa podía terminar relacionada con Córdoba, en el que los conocimientos viajaban entre continentes y en el que un científico andalusí podía citar indistintamente a autores de tradiciones culturales diferentes.
Ocho siglos después, su obra vuelve ahora a recorrer otro camino. Esta vez, en dirección al castellano. Y su traductor, que el 23 de octubre presenta la obra y vida de Ibn al-Baytar en la Biblioteca Municipal de Benalmadena, ha puesto la obra a disposición de quien la quiera cotejar. Basta con descargar un PDF en el siguiente enlace: https://www.elmuseodelacabala.com/product-page/ibn-al-baytar-kitab-al-jami-espanol
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