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Lecciones de la gran riada del 2010: así fueron los caudales del Guadalquivir que le hicieron desbordarse

Efectos de la riada de diciembre de 2010

Alfonso Alba

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25 de febrero de 2010. A las 7:00 de la mañana, el caudal del río Guadalquivir alcanza su techo tras un episodio de intensas lluvias. El río baja muy crecido por Villafranca de Córdoba, donde se desborda y entra en una de viviendas muy próxima. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir dispone de un sensor en el que afora el caudal. El objetivo es medir la crecida y prevenir lo que pueda pasar aguas abajo. A esa hora, el caudal ha alcanzado su nivel más alto: 2.124 metros cúbicos por segundo.

La propia Confederación tiene un mapa de umbrales por el que comienza a alertar de la situación. El amarillo implica riesgo muy bajo. En Villafranca de Córdoba se activa a partir de los 475 metros cúbicos por segundo. El naranja, a partir de los 710 metros cúbicos por segundo. El rojo, por encima de 950 metros cúbicos por segundo. En 2010 se duplicó el caudal del umbral rojo.

Esta semana, el Guadalquivir ha vuelto a aumentar su caudal. Pero aún no ha alcanzado el umbral rojo en Villafranca de Córdoba. A las cuatro de la madrugada de este jueves, 29 de enero, se fue a un máximo de 854 metros cúbicos por segundo. Ese caudal llega, primero, a Alcolea y posteriormente pasa por Córdoba capital, donde tampoco se ha superado el umbral naranja. En 2010, se calcula que en Córdoba se superaron los 2.200 metros cúbicos por segundo de caudal. Entonces, había pantanos desembalsando, que aportaban aún más caudal, como el caso de San Rafael de Navallana. También ríos que bajaban desbordados, como el Guadajoz, que desemboca precisamente en Valchillón, a las puertas del Aeropuerto de Córdoba.

Ahora, la situación no es la de 2010. De momento, la crecida del Guadalquivir se debe única y exclusivamente a la escorrentía. Los suelos están muy saturados y todo lo que llueve acaba directamente en los arroyos y ríos. De momento, salvo el Bembézar, ya en Hornachuelos, no hay pantanos que estén desembalsando en el Guadalquivir. De momento.

Radiografía de una crecida histórica: 13 días en nivel rojo

El análisis de los datos históricos del SAIH revela que la riada de febrero de 2010 no fue un evento puntual, sino una crisis hidrológica de una persistencia asombrosa. En el punto de aforo de Villafranca de Córdoba, el río no solo alcanzó los 2.124,5 metros cúbicos por segundo, sino que se mantuvo por encima del umbral de alerta roja (950 metros cúbicos por segundo) durante un total de 325 horas, es decir, 13 días y medio de flujo crítico ininterrumpido.

Esta persistencia es la que explica el desastre en las zonas bajas de la provincia. Aguas abajo, en Fuente Palmera, el escenario fue incluso más extremo. El caudal máximo registrado el 24 de febrero alcanzó los 2.249,8 metros cúbicos por segundo. Durante ese invierno, el río en Fuente Palmera fluyó por encima de los 1.000 metros cúbicos por segundo durante 615 horas (más de 25 días), convirtiendo las vegas del Guadalquivir en un inmenso mar interior.

El segundo embate: Diciembre de 2010

Cuando la provincia aún se recuperaba de los daños de la primavera, el final de año trajo un segundo episodio violento. Entre diciembre de 2010 y enero de 2011, el Guadalquivir volvió a rugir. El 7 de diciembre de 2010, Villafranca registró un nuevo pico de 2.046,1 metros cúbicos por segundo.

Aunque esta segunda riada fue ligeramente menos voluminosa en términos de caudal punta, su impacto fue devastador debido a que los suelos ya estaban completamente saturados por un año hidrológico extraordinario (se llegaron a recoger más de 1.000 metros cúbicos por segundo de lluvia, el doble de la media anual). En este episodio de diciembre, Villafranca pasó otras 285 horas (casi 12 días) en umbral rojo.

El papel de los embalses y los afluentes

La diferencia entre la situación actual y la de 2010 radica en la gestión de la cuenca. En aquel entonces, la capacidad de regulación de los embalses llegó al límite. Pantanos como San Rafael de Navallana o el sistema del Guadalmellato se vieron obligados a desembalsar grandes volúmenes para garantizar la seguridad de las presas, sumando agua a un cauce principal que ya no admitía más carga.

A esto se sumó el comportamiento de afluentes como el Guadajoz, que en 2010 aportó caudales críticos justo antes de que el río entrara en las zonas más vulnerables de Córdoba capital, como las parcelaciones cercanas al aeropuerto. En la actualidad, aunque la escorrentía es alta, la ausencia de desembalses masivos está permitiendo que el río absorba las lluvias actuales dentro de los márgenes de los umbrales amarillo y naranja, lejos de los catastróficos 2.200 metros cúbicos por segundo que marcaron a una generación de cordobeses hace 16 años.

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