Piden al Gobierno de Francia que exhumen el cadáver de la periodista fusilada en Córdoba

Última imagen que se conserva de Renée Lafont | LE MONDE ILLUSTRÉ

Jean Ortiz se ha dirigido al presidente de la República de Francia, Enmanuel Macron, para pedirle que su gobierno haga todo lo posible por exhumar y repatriar el cadáver de una compatriota que fue fusilada en Córdoba el 1 de septiembre de 1936 en Córdoba. Ortiz se refiere a Renée Lafont y en su escrito habla en representación de asociaciones francesas y españolas, además de activistas por los derechos humanos, para dirigirse al presidente francés, según consta en un artículo publicado por el diario L'Humanité.

Dentro de esas asociaciones destaca un colectivo cordobés, encabezado por Rafael Espino y Florentina Rodríguez, dos activistas memorialistas que llevan años luchando por recuperar la memoria de la periodista francesa Renée Lafont, fusilada en Córdoba durante los primeros días de la Guerra Civil. Espino y Rodríguez han creado una web donde han reunido testimonios, la historia de la periodista francesa y también gran parte de su obra.

“Señor Presidente, la periodista francésa Renee Lafont, izquierda intelectual, novelista (La llamada del mar, los convictos de placer ...), políglota y traductora (incluyendo el gran novelista español Vicente Blasco Ibáñez), fue también una de las mejores hispanistas de su tiempo”, escribe Jean Ortiz, en su carta dirigida al presidente de la República francesa. “Fue fusilada por los franquistas en un lugar llamado Córdoba el 1 de septiembre de 1936, cuando tenía 58 años”, detalla. “Según informes coherentes, se encuentra en una fosa común en uno de los cementerios de Córdoba, donde varios cientos de republicanos desaparecidos (más de 2.000) están enterrados, independientemente de que sus nombres figuren o no, principalmente trabajadores agrícolas, proletarios, asesinados por los franquistas como parte de su cruzada de exterminio contra la anti-España”, detalla.

“¿Qué está haciendo el gobierno francés para salir del olvido y su pozo Renée Lafont? Imagine por un momento que el cuerpo no es de un rojo, o se encuentra en los países amigos de Francia, violadores de los derechos humanos, y con los que mantiene una relación muy amistosa”, le pregunta.

“Señor presidente, la exhumación del cuerpo de Renée Lafont se está convirtiendo en un problema humano y político esencial para Francia y para España. No se puede tolerar durante mucho tiempo el descuido deliberado de este símbolo de los valores humanistas universales, así como los más de 115.000 republicanos aún cubiertos de tierra e imposición de amnesia”, concreta.

El historiador Patricio Hidalgo fue el primero que documentó hace años la muerte de Renée Lafont. Su investigación se puede leer en su blog. Ahora, muchos historiadores, entre ellos Francisco Moreno Gómez (que la incluyó en su último libro) consideran que se trató de la primera mujer periodista que murió cubriendo una guerra.

En los últimos días de agosto de 1936, el gran frente de la Guerra Civil española estaba en Córdoba. La República confiaba en que el general Miaja acabaría tomando Córdoba y se convertiría en la primera gran victoria del Gobierno. Por eso, el frente (con el cuartel general en Montoro) estaba repleto de periodistas, muchos extranjeros. Y allí estaba Renée Lafont, enviada a cubrir la guerra en España por el periódico francés Le Populaire. Lafont se había acreditado como periodista y había recibido por parte del Gobierno un coche para que se desplazara, un Studebakers de color rojo, con chófer y traductor.

Lo poco que se sabe de la suerte que corrió esta periodista (traductora al francés de Vicente Blasco Ibáñez, escritora e hispanista, de la que hay numerosas referencias en la prensa española desde el año 1913) es lo publicado un día después de su muerte por dos periódicos cordobeses: La Voz de Córdoba (justo antes de transformarse en Guión) y El Defensor de Córdoba. El 29 de agosto de 1936, hace ahora justo 80 años, Lafont se acercó a la línea de frente y se perdió. La periodista, junto a su chófer y a su traductor, llegó a la zona de Las Cumbres, en Alcolea, una zona controlada por los militares rebeldes, que la descubrieron.

Según el relato de estos dos periódicos, recogido por Patricio Hidalgo y que se puede consultar en la base de datos de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura, sobre las 11:00 de la mañana el Studebakers de Lafont circulaba por la “carretera general” (la antigua carretera que unía a Córdoba con Madrid y que pasaba por Alcolea) “desde las líneas enemigas”. Un avión de reconocimiento descubre al vehículo y sus tres pasajeros se asustan, salen del coche y se esconden en una alcantarilla.

A pocos metros había un destacamento de la Quinta Batería del Regimiento de Artillería Pesada número uno, según la investigación de Hidalgo cuyo capitán le dio el alto a estas tres personas. Según la información publicada en prensa (se alude a que también se dio noticia a través de la radio), hubo un intercambio de disparos y los dos hombres lograron huir campo a través. Junto al vehículo, que interceptan (acabó siendo el coche oficial del coronel Ciriaco Cascajo, comandante militar de Córdoba en la Guerra Civil), está Renée Lafont, herida en una pierna. La mujer, vestida de hombre, es detenida y trasladada inmediatamente a Córdoba. Según La Voz de Córdoba, la mujer llevaba un carnet comunista (trabajaba para un periódico socialista francés) y un alfiler con la hoz y el martillo.

Tras su detención, ya no hay ni un testimonio escrito más salvo la anotación de su defunción (que se hizo el 12 de noviembre de 1936, más de dos meses después de morir) en el libro del cementerio de la Salud: “Renée Lafont, de nacionalidad francesa, de la que se ignoran más circunstancias. Falleció en esta capital desconociéndose en qué lugar el día primero de septiembre del año actual [1936] no se dice a qué hora a consecuencia de anemia aguda por hemorragia consecutiva a heridas recibidas”.

Según la información de los periódicos, la mujer fue juzgada por un Tribunal Militar, pero Patricio Hidalgo no ha logrado dar con documentación alguna de ese supuesto juicio. Lo que sí hizo fue conocer a de las últimas personas que presumiblemente vio a Renée Lafont con vida. Luis de la Fuente Román, ya fallecido, servía en el Regimiento de Artillería Pesada número uno de Córdoba. Según le contó a este historiador, una noche, en su servicio en una pieza antiaérea colocada sobre la rotonda entre Conde de Vallellano y el Paseo de la Victoria, vio cómo trasladaban hacia el cementerio de San Rafael a un camión con presos que cuando supieron a dónde iban comenzaron a gritar. Del vehículo saltó una mujer, a la que recogieron de nuevo y volvieron a subir. Minutos después escuchó las descargas de los fusilamientos junto a la tapia del cementerio. Por la mañana vieron a los sepultureros trasladar los cuerpos desde esta tapia hasta dentro del camposanto. En el cuartel, este soldado escuchó que la mujer que saltó era francesa. Por esas fechas, francesas detenidas en Córdoba solo podía haber una: Renée Lafont, que desde aquel 1 de septiembre está enterrada en la fosa común del cementerio de la Salud.

La muerte de Renée Lafont apenas fue conocida. Al contrario que la de Gerda Taro, ocurrida en las líneas republicanas, de Lafont se supo muy poco. Que había sido detenida y poco más. Hasta octubre, un mes después de su muerte, el periódico para el que trabajaba no cuenta que murió tras caer en una emboscada y presumiblemente desangrada por las heridas que sufrió. Poco después, varios medios franceses le rinden homenaje en sus páginas. Y en 1937, el Congreso del Partido Socialista Francés reunido en Marsella le rinde homenaje.

Pero poco más. El Gobierno francés, controlado por el Frente Popular de Leon Blum, no protestó por el fallecimiento, presumiblemente fusilada, de una de sus ciudadanas. La propia Wikipedia francesa que el motivo estuvo en que Francia no quiso desatar una crisis diplomática, que la comprometiera en la Guerra Civil. No obstante, su muerte fue mucho menos llorada y publicitada que la de otros dos periodistas franceses: Guay de Traversay (fusilado también por los franquistas y Louis Delaprée, cuyo avión fue derribado.

Y desde 1937 hasta la fecha, no queda constancia de nada que no sean sus obras (que fueron muchas). Su cuerpo sigue enterrado junto a al menos 2.000 personas más en la fosa común del cementerio de la Salud. Desde hace 80 años.

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