Leo, un menor con autismo, no ha vuelto al cole: informes de la Junta discrepan sobre su progreso

Jose Carlos y Verónica junto a su hijo Leonell | MADERO CUBERO

Cuando Verónica Almeida y José Carlos Moreno emprendieron la aventura de tener un segundo hijo no pensaron en la posibilidad de que pudiera desarrollar cualquier tipo de trastorno psicológico. Su primer hijo, Juan Esteban -de 13 años- tiene asperger. “Estábamos tranquilos porque creímos que un segundo niño no sufriría alteración en su genética, pero nos equivocamos”, explica Moreno. Leonell, el pequeño de seis años, sufre autismo y hasta el pasado año estaba escolarizado en el colegio Ginés de Sepúlveda, en Pozoblanco, en un aula ordinaria y con el resto de sus compañeros. Informes dispares entre la Delegación de Educación y Salud de la Junta de Andalucía han llevado al menor a no estar escolarizado ya que la familia se opone a que Leonell vaya a un aula específica.

Tras la experiencia con su hijo mayor, desde el nacimiento de Leonell, sus padres observaron cada avance con especial cautela. Hasta los cuatro meses, el desarrollo del pequeño se incluyó dentro de la normalidad. Sin embargo, Verónica y José Carlos empezaron a ver “cosas extrañas” a partir de los 18 meses. El menor fue atendido en Atención Temprana y su valoración señaló que Leonell tenía autismo: un nueve sobre diez. Sin ningún género de dudas, la pareja lo escolarizó en la guardería municipal de Pozoblanco para que, desde el primer momento, se relacionara con niños de su edad. Verónica agradece el trato “que los profesores” le dieron a su hijo, lugar “en el que hubo una conexión única” con el pequeño.

Después de esta etapa, Leonell pasó a cursar primero de Educación Infantil en el centro Ginés de Sepúlveda dentro de una clase ordinaria necesitando, eso sí, el apoyo de una educadora en determinados momentos de las horas lectivas. En segundo de Educación Infantil, la educadora fue sustituida por una monitora, un cambio auspiciado por directrices de la orientadora del centro ya que “aseguraba que Leonell no la necesitaba”, explica la madre. Los padres mostraron su disconformidad y pidieron la revisión del dictamen de escolarización, con carácter extraordinario, para saber fehacientemente que las necesidades educativas de su hijo habían cambiado. Ante esa petición, los padres aseguran que no obtuvieron respuesta. Hay que señalar que este tipo de dictámenes se realizan cada tres años para conocer la evolución del menor, pero los progenitores motivaron la necesidad de este nuevo dictamen.

Mientras tanto, los profesionales pedagógico-terapéuticos y psicológicos -estos últimos del Hospital Reina Sofía- que realizan un seguimiento de Leonell desde que nació, detallaron el avance que el menor había experimentado desde los tres años. Para mejorar su conducta, la psicóloga elaboró un informe el 14 de septiembre de 2015 en el que aconsejó al profesorado del Gines de Sepúlveda un conjunto de pautas para que esos problemas cesaran, como rabietas o dificultades para seguir las órdenes. En tres informes posteriores, la psicóloga insiste de nuevo en continuar con esa vía para reforzar la conducta de Leonell. La madre del menor confirma que “a día de hoy” desconocen si esas pautas se llevaron a cabo pero lo que sí consta es el “buen potencial cognitivo” del menor. “¿En el primer trimestre del cole todo va bien y luego muy mal? ¿Qué es lo que ha ocurrido con mi hijo?”, se pregunta la madre.

Sin embargo, estos “comportamientos disruptivos” llevaron al colegio, el pasado mes de febrero, a valorar la posibilidad de cambiar a Leonell de aula, pasando de una ordinaria a otra específica. “Nunca jamás nos llegaron a decir que nuestro hijo ingresaría en este tipo de aulas”, asevera Verónica, que explica que por aquellos meses “el Hospital Reina Sofía iba a hacerle a Leo un test de inteligencia”. Ante esto, los padres del menor cuentan que “en aquella reunión, la orientadora nos dijo que había llamado al hospital para cancelar esa cita porque ya se habían encargado en el colegio de hacer ese test. ¿Pero cuándo se hizo y quién lo autorizó?”, se pregunta la madre. Días más tarde la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del Hospital Reina Sofía llamó a los padres confirmándoles la eliminación de la cita.

El dictamen final realizado por el colegio arrojó datos desalentadores en relación al desarrollo del menor, como puede ser la incapacidad para contar más allá del número tres o la imposibilidad de reconocer todas las letras del abecedario. Mientras los padres de Leonell se entrevistan con CORDÓPOLIS, los hermanos están en una habitación cercana al salón, donde se desarrolla el encuentro. Se escucha cómo Leonell está jugando y empieza a relatar los números uno detrás de otro. “¿Lo ven? Nuestro hijo claro que sabe los números”, interrumpe Verónica mientras el pequeño continúa jugando sin tener constancia de lo que cuenta su madre.

Después de aquella reunión con el equipo docente, Leonell fue sometido a un test de inteligencia en el Reina Sofía. El resultado: hiperlexia -una precoz habilidad para leer- de 130, muy superior a la media, que se encuentra entre 85-105. Por su parte, el informe realizado por el colegio aseguraba que el coeficiente del niño se encontraba en un 69. Asimismo, la asociación Prode, a donde acude el menor algunas tardes por semana, también ha elaborado un informe donde destaca el gran progreso de Leo, las dificultades que aún hay y cómo solventarlas. Sin embargo, la Delegación de Educación de la Junta de Andalucía sólo ha tenido en cuenta el informe de los docentes para que Leonell sea cambiado de aula. Por ello, la familia ha interpuesto un recurso de reposición que debe ser resuelto por el delegado de Educación en Córdoba de la Junta de Andalucía, Antonio López, quien “no ha tenido en consideración ningún informe positivo” de Leonell.

El tiempo pasa y el menor no está escolarizado en ningún centro. Sus padres ya no quieren que permanezca en el Ginés de Sepúlveda, ya sea en aula ordinaria o específica. “Sólo pedimos que el delegado nos conteste y que el dictamen de escolarización detalle que nuestro hijo puede estar en un aula ordinaria y con apoyo. Sólo así podremos llevárnoslo a otro colegio”. Cuando se inició todo este proceso, los padres intentaron escolarizar a Leonell en otro centro, pero su matrícula fue rechazada dado el expediente abierto de valoración de escolarización. Si el delegado responde de manera negativa, la familia tendrá que recurrir a la vía contencioso-administrativa, pero asegura que no quiere llegar a ese extremo. “No tenemos los recursos suficientes para hacerlo. Además, estamos hablando de nuestro hijo, que lo que necesita es ser tratado de igual a igual para superar sus dificultades sociales”, concluyen los padres.

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