Las inscripciones en árabe en la Mezquita, el guiño de Velázquez Bosco y la orden de un Rey

Una de las inscripciones en árabe instaladas por Velázquez Bosco.

¿Qué dicen las inscripciones en árabe de dos de las puertas de la Mezquita Catedral de Córdoba? La respuesta a esta pregunta que se han hecho muchos de los turistas no árabes que visitan el monumento depara grandes sorpresas. Y abre un capítulo de la historia de la ciudad y de España que encima está de plena actualidad. Lo que no está claro es qué pensarán aquellos que sí que saben leer en árabe cuando encojan los ojos para descifrar un supuesto mensaje sagrado sobre la puerta del Espíritu Santo y la anterior a la puerta del Sabat en el muro Oeste del principal monumento de la ciudad.

No, las inscripciones no son originales. Y sí, son una sorpresa solo descifrable para los que sepan árabe e historia de España. Y quizás son un mensaje que pueda aclarar también de quién es la Mezquita Catedral. Pero antes hay que remontarse al siglo XIX. En el año 1882, la Mezquita de Córdoba fue declarada Monumento Nacional. El arquitecto Ricardo Velázquez Bosco recibió cinco años después el encargo de unas ambiciosas obras de restauración en un monumento que presentaba entonces serios problemas. Los trabajos no arrancaron hasta el año 1891.

El trabajo de Velázquez Bosco fue intenso. El arquitecto, autor de La Casa de Cristal de Madrid y que fue director de la excavaciones en Medina Azahara, dejó un gran recuerdo en la ciudad. Tanto, que se le dedicó una calle en el entorno de la Mezquita Catedral. En aquellos años había dos corrientes sobre cómo había que restaurar un monumento. Las dos, totalmente opuestas. ¿Había que tocar lo mínimo posible y solo evitar que el monumento se siguiera deteriorando como defendía Ruskin? ¿O por el contrario había que conseguir una restauración restituyendo una apariencia original aunque hubiese, por así decirlo, elementos que no habían estado en el origen? Esta teoría la defendía Viollet-le-Duc. Las murallas de la ciudad francesa de Carcasonne son el mejor ejemplo de la misma.

Velázquez Bosco no fue tan radical en sus propuestas como Viollet-le-Duc, pero su trabajo en la Mezquita Catedral de Córdoba sí que recogió su espíritu. Así, desmontó la bóveda barroca de la capilla de Villaviciosa y restauró las portadas de las ampliaciones de la Mezquita de Alhakam II y Almanzor. En su trabajo, estudió minuciosamente los restos que fue encontrando, especialmente los de las fachadas que se conservaban en el interior de la Mezquita tras su última ampliación. Para la ejecución de los elementos decorativos contó con la colaboración de Mateo Inurria, que sería encargado de esculpir las lacerías.

Sin embargo, el arquitecto se encontró con un problema. ¿Cómo restituir los textos en árabe de las portadas originales que hacían referencia a las circunstancias de la construcción de la Mezquita? En ese momento se desconocía el contenido original. Así que Velázquez Bosco se lo inventó, pero lo adaptó a la reconstrucción que estaba haciendo.

Pero, ¿qué es lo que dicen los textos?

La de Espíritu Santo, que se encuentra justo al norte del Postigo de Palacio, detalla: “
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo mandó el rey Alfonso hijo de Alfonso – Dios (Allah) le ayude y le dé la victoria- al ministro Faustino Rodríguez San Pedro la restauración de la fachada de esta puerta y se hizo bajo la dirección del arquitecto Ricardo Velásquez Bosco y se terminó con la ayuda de Dios (Allah) en el año cuatro y novecientos de Jesús”.

Y en la otra, más al sur y penúltima contando la del Sabat: “En el nombre de Allah el Santo mandó el rey Alfonso hijo de Alfonso –Dios (Allah) le ayude y le dé la victoria- al ministro Lorenzo Domínguez Pascual la restauración de la fachada de esta puerta y se hizo bajo la dirección del arquitecto Ricardo Velásquez Bosco y se terminó con la ayuda de Allah en el año cuatro y novecientos y mil del Mesías”.

Alfonso XIII, hijo de Alfonso XII, reinó en España entre mayo de 1886 (cuando nació) hasta 1931. En 1904, año en que se fijó la fecha de la inscripción, ya era Rey, tras la regencia de su madre por el fallecimiento de su padre. En la inscripción, Velázquez Bosco obvia nombramiento alguno a la Iglesia, al Cabildo o al Vaticano. Faustino Rodríguez San Pedro y Lorenzo Domínguez Pascual, sin embargo, fueron dos ministros del gabinete del rey Alfonso XIII a los que Velázquez Bosco parece dedicar también su restauración.

Fue en 1976 cuando el arabista cordobés Manuel Ocaña descubrió y publicó el contenido de los textos esculpidos en los frisos de dos de las puertas de la fachada occidental que hacen referencia a la propia reconstrucción. Ocaña describía aquella falsificación visiblemente incómodo. Pero no fue él el primero que sintió que con esa falsificación se estaba violentando el espíritu de una parte del monumento. En septiembre de 1910 apareció en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones la noticia de la protesta elevada por don Rodrigo Amador de los Ríos, el mayor experto del momento en la epigrafía árabe de la Mezquita, ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la que, después de felicitar al arquitecto por el resultado total de la restauración, califica la inclusión del texto como “una verdadera superchería que ofende la seriedad de la obra y la de cuantos en ella han intervenido”, plagada además de errores, y propone su eliminación y sustitución por alguna fórmula coránica que resulte menos ofensiva al buen gusto.

En el número de diciembre de la misma revista se encuentra la respuesta de Velázquez Bosco. El arquitecto venía a decir que sí, que había puesto lo que consideró, pero que eso era algo en lo que solo caerían los tres o cuatro expertos que visitaran el monumento. Y es que a veces es en esos pequeños detalles que dejaron impresos los que actuaron sobre el monumento, que es símbolo y esencia de la ciudad, donde se puede encontrar el secreto de cómo se ha percibido siempre de alguna manera la diferencia entre la posesión y el dominio del mismo que hoy está tan puesta en entredicho.

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