Gámez Laserna y De la Vega, dos genios en Córdoba

Gámez Laserna y De la Vega, en el cartel del concierto de la Esperanza | BANDA DE LA ESPERANZA

Córdoba ha sido ciudad de grandes músicos de la Semana Santa y la banda María Santísima de la Esperanza recuerda este sábado a las 20:30 en la iglesia del Santo Ángel de Sevilla a dos de los que dejaron allí y en la capital cordobesa sus mejores marchas. Se trata de Pedro Gámez Laserna y José de la Vega Sánchez. El primero, oriundo de Jódar (Jaén) pero cordobés de adopción, y el segundo, nacido en Córdoba.

Gámez Laserna llegó a la ciudad de la Mezquita con 16 años (había nacido en 1907) y aquí conoció a la que sería su esposa, con la que tuvo tres hijos. Al llegar se alistó como voluntario en el Regimiento de La Reina 2, en el que tocaría varios instrumentos. Con su familia vivió en la calle Zapatería Vieja y, aunque marchó a Madrid un tiempo, volvió a esta casa para después trasladarse a vivir al cuartel de Lepanto, donde dirigió la banda de música de La Reina 2. El compositor y gerente de la banda de la Esperanza Alfonso Lozano cuenta que Gámez Laserna era cordobés de “carácter y de costumbre” y “muy humilde” pese a que llegó muy alto. Además, según apuntaban sus hijos en un reportaje escrito por Lozano y Rafael León en la revista anual de la hermandad de la Esperanza en 2008, su padre estaba “enamorado de Córdoba, demasiado enamorado de Córdoba”.

Gámez Laserna había quedado el primero de España en las oposiciones de director de banda de música militar en los años 40, que es lo que le había permitido elegir como destino La Reina 2 en Córdoba, pero más tarde ascendió y se marchó a Sevilla, donde fue director de la prestigiosa banda de música Soria 9. “Allí fue cuando adquirió más reconocimiento, Sevilla es una ciudad que encumbra más a sus artistas que Córdoba”, explica para EL CIRINEO Alfonso Lozano. De hecho, la mayoría de las 18 marchas de las que es autor están dedicadas a la capital hispalense y solo cinco fueron para Córdoba, aunque entre ellas están las grandes Saeta cordobesa y Salve Regina Martyrum, como también importantes son Nuestra Señora de la Piedad, Santísimo Cristo de la Caridad y Ángeles del Císter.

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Su estilo es clásico. Todas las marchas de Gámez Laserna “son antológicas, como Pasa la Virgen Macarena, El Cachorro o María Santísima del Subterráneo”, apunta Alfonso Lozano. Y es que este autor “conocía muy bien el mundo de la banda, sus instrumentaciones están entre las más completas, cualquier banda con cualquier tipo de plantilla no puede hacer sonar su música como debiera”, lo que no es óbice para que su música se toque muy frecuentemente. “Él buscó el camino de la calidad al de la cantidad a diferencia de otros autores”, opina Lozano, que lo considera “uno de los pilares fundamentales de la música procesional igual que Farfán o Pedro Morales, con una música muy cercana al pueblo”.

Las marchas de Gámez Laserna se intercalarán en el concierto de la Esperanza con las de José de la Vega, a quien conoció muy bien Alfonso Muñoz, quien presenta el recital de Sevilla y que fue el que tras dejar el cargo de hermano mayor del Císter quiso que Córdoba diera su sitio a un hijo al que había tenido olvidado muchos años y que ya era reconocido desde hacía tiempo en Sevilla y Madrid. En la capital de España es donde vivía y donde José de la Vega conoció a su esposa, con la que tuvo dos hijos. Allí había ido desde Córdoba muy joven para estudiar música y allí hizo su vida. Fue violinista de la Orquesta Sinfónica de RTVE, como uno de sus músicos fundadores, y cuando dejó la orquesta por una lesión en el brazo siguió como asesor musical de Radio Nacional, época en la que empieza a componer.

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Alfonso Muñoz cuenta que era “muy cordobés, sobrio en el trato, a veces adusto, sin alharacas pero a la vez muy entrañable y amable”. Y pese a que desde joven tuvo problemas de visión, componía magistralmente, cosa que estuvo haciendo hasta que murió en 2010 pues de poco antes es el poema sinfónico que dedicó a Córdoba. “Antes de pasar la música a la partitura, él la cantaba y si era cantabile entonces la escribía”, relata Muñoz. Su primera marcha la hizo en 1980: Esperanza, Divina Enfermera, y de 1990 es su afamada Valle de Sevilla, como aclamada es también Triana, tu Esperanza, muy posterior.

Pero aunque ya era conocido en Sevilla, no tenía relación con Córdoba. De hecho él siempre se sintió triste porque su ciudad no lo reconociera, se sentía poco querido por el lugar que lo vio nacer. Pero en 2007, Alfonso Muñoz lo llamó para pedirle una marcha para su hermandad y hacerle un homenaje del que se encargó la Asociación Amigos de las Posadillas. Fue así como José de la Vega regresó a su tierra de origen, en la que a partir de ese momento dejaría cinco de sus 23 marchas de procesión como son Ángeles, Reina; Los Dolores, La Esperanza, Gólgota y Gloria Cisterciense.

Alfonso Muñoz describe la música de su amigo José de la Vega como “muy andalucista, no renuncia a sus orígenes, además de ser muy elegante y muy elaborada en la instrumentación”. Añade que “su música era muy sincera, con excelente factura y basándose en la tradición española”. Cada una de sus marchas son “pequeñas obras orquestales”, en las que aportó “un nuevo lenguaje costumbrista, muy descriptivo, enmarcado en el sinfonismo de sus finales”. Con el estreno de su primera marcha para el Císter, José de la Vega sintió el cariño de los cordobeses y la propia hermandad con la que regresó a su ciudad procuró que disfrutara al oírla por primera vez en la calle tras la Reina de los Ángeles en 2008, dándole así por fin su sitio a uno de los grandes músicos de Córdoba.

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