Diario del Confinamiento. Leche y aceite

Leche y aceite.

Felipe, Rey de España, le ha dicho a los nobles de nuestro reino (sí, vivimos en un reino) que compren aceite y leche y lo repartan a los súbditos más necesitados. Es maravilloso. Será bueno para nuestros productores, para los niños y las niñas y, claro está, para la conciencia de nuestros duques, condesas, barones y demás miembros de esa “nobleza” española.

Felipe VI lo ha dicho presidiendo un pleno de la Cámara de Comercio, creo, y, al parecer, no ha dicho nada sobre otras aportaciones de nuestros nobles, de cesión de inmuebles históricos, de fundaciones que desgravan impuestos o de subvenciones europeas para sus explotaciones agrarias.

Sólo ha hablado de aceite y leche.

La plebe es agradecida, los siervos de la gleba acogen con alborozo el anuncio de su Majestad y se postrarán en las laderas de los castillos para recibir por una compuerta mugrienta el regalo de los nobles como lo hacían en la peli de El Nombre de la Rosa.

Y eso que llaman “opinión pública” aprobará el gesto del monarca porque es así de naive. A la opinión pública y a ciertos medios de comunicación que la fomenta, suele interesarle más dónde meten sus genitales los nobles que dónde meten el dinero. Somos así, por lo que se ve.

Desconozco si habrá preparadas fotos del reparto de la leche y del aceite, si la Zarzuela será capaz de mostrarnos a la Princesa de Asturias y a su hermana Leonor llevando botellines de Covap y queso al recreo del cole cuando puedan volver a clase. Todo puede ser, teniendo en cuenta que el presidente del gobierno habla también de un “nuevo plan Marshall” (pero europeo, matiza).

Estos tiempos nos están deparando asuntos fascinantes. Históricos.

Yo creo que la Casa de Alba repartirá aceite, porque sabe de eso y aquí en Andalucía sabemos que sabe de eso.

Mientras, ya comprobamos que Cayetana, la Marquesa de Casa Fuerte, acostumbra a repartir leches desde la tribuna del Congreso.

En fin, con leche y aceite se puede hacer un simulacro de mayonesa para prevenir la salmonelosis: no queremos otros contagios, ya tenemos bastante.

O un bizcocho.

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