David Donnier: “La gente graba discos por la inercia de la época dorada”

David Donnier | VALENTÍN GÁMIZ

El músico David Donnier (1980) tiene nuevo trabajo en el mercado y vuelve por sus fueros más folkies. Cuatro canciones, todas ellas cantadas en su lengua materna -el francés- y que ha recopilado en un EP que lleva su nombre y que es continuador de The solo show, su anterior trabajo en solitario, lejos de los escarceos eléctricos con su banda.

Se trata de un trabajo acústico bien luminoso, en el que ha experimentado con su propia voz y con el que conectado con algunas influencias que llevan toda la vida sonando en su cabeza -y en la colección de discos de su padre-.

Un pequeño EP que puede que sea el formato en el que siga esparciendo su talento creativo este músico nacido en Francia, que se vino a vivir a Córdoba con nueve años, y que se declara amante de la copla y de los cantautores.

PREGUNTA. Tenemos trabajo nuevo, aunque llega un poco rodado.

RESPUESTA. Sí, así es. Lo acabé de grabar el año pasado antes de verano. Es un trabajo sin eléctricas, todo con un guitarra parlour, que si no la conoces, es una guitarra más pequeña, con una resonancia muy bonita. Y es un trabajo con canciones más próximas a los acústicos que vengo haciendo.

P. Y es un trabajo autoproducido.

R. Sí. He grabado todas las guitarras y las voces. Y también líneas de bajo, que las he hecho con arreglos de voz. Nada de beatbox, porque eso no se me da bien, pero he experimentado con eso. Lo he grabado todo en casa y me he encargado de la mezcla, también. La masterización es de Pedro Cantudo, que ya trabajamos con él con la banda, cuando nos produjo el disco Fernando Vacas, y le pedí el teléfono a Fernando.

P. No sé porqué, pensaba que el disco lo habías grabado en Ottawa.

R. No. Verás, saqué unas cuantas copias a través de Delia Records en Madrid para cuando me fui a Ottawa, para repartirlas en unos conciertos que tenía cerrados allí en Canadá. Quizá sea por eso. El videoclip lo he hecho yo con imágenes de ese viaje. Pero el caso es que, aparte de esas copias, el disco ha visto la luz en plataformas digitales hace unos días. Lo he subido a las plataformas a través de una empresa sueca especializada en este tipo de distribución.

P. Es un trabajo que se distancia de lo que haces con la banda. Hay canciones que son directamente folk jazz, con toques de mucho swing que es un registro que no te había conocido.

R. Sí. El proyecto en solitario va por un camino mucho más intimista y menos rockero que con la banda y el swing viene por parte de la educación musical, por los vinilos de Django Reindhart de mi padre. Es una música que me tiene enamorado desde que era chico. Y aunque nunca he tenido la capacidad de tocar jazz manouche es un estilo que me tira mucho... Esa rítmica que tiene... Hay un corte, Emma, que es totalmente swing.

P. No sé si has investigado las conexiones entre el flamenco y el jazz manouche, aprovechando tus raíces y tu vinculación con Córdoba.

R. Por mi padre he vivido también inmerso en el flamenco. Y lo intenté. Me iba al tablao de La Bulería, junto a la Plaza de la Corredera, pero no enganché. La verdad es que no lo he investigado, pero claro que hay ciertos vínculos entre ambos estilos, pues ambos vienen de músicas nómadas, conectadas a la guitarra, y que tienen esa expresión tan visceral.

P. En este disco cantas solo en francés, antes lo has hecho también en inglés. ¿En español te cuesta hacerlo o ni te lo planteas?

R. Me cuesta horrores escribir y cantar en español. He hecho dos intentos en mi vida musical y son parte de los chistes que mis compañeros músicos tienen sobre mí.

Lo poco que he intentado no sé porqué pero no me sale natural. En parte, supongo que porque no he escuchado tanta música en castellano, a excepción de la copla, que es un género que me encanta pero que es difícil de reproducir. Y la otra parte, que me atrae mucho, que son los cantautores sudamericanos. Aquí en Córdoba hay una persona que admiro mucho que es a Javier Ramos, de Malparaiso. Pero es que no me sale.

Si algún día sale, pues saldrá, pero no es una cosa que vaya buscando.

P. ¿Y la banda la hemos aparcado?

R. No, que va. Con el grupo seguimos. Estuvimos tocando hace poco en Long Rock, pero mover una banda es mucho más complicado. Somos siete personas, con sus siete vidas y sus siete trabajos. Y con todo y con eso, ahí seguimos, con temas nuevos. Estamos grabando. Lo que ocurre es que en solitario resulta más fácil mover mi música. Me gusta esa facilidad de que te llamen y puedas decir que sí y no tener que hablarlo con nadie más. Y, a la hora de componer, pues las canciones van saliendo de manera natural y ya se derivan hacia un lado o a otro dependiendo de las circunstancias. No hay un planteamiento previo.

P. ¿Podemos esperar un nuevo disco de Donnier & His Bones, entonces?

R. No, no creo que grabemos un largo porque conlleva mucho esfuerzo económico y personal, pero sí algo enfocado a moverlo tema a tema. Hoy en día producir un disco entero a nivel independiente es bonito, pero es la inercia de la época dorada. Personalmente, creo que hoy en día lo que tiene más impacto es cosas cortas. A veces pienso que debería lanzar una canción y poner toda la energía en ella. Yo escucho discos enteros, claro, pero de gente de la que soy muy fan. Lo que me llega nuevo me engancha por un tema y un vídeo, porque yo soy muy visual. Un disco... A nosotros el segundo disco nos dejó sin dinero, sin fuerza y con el cerebro licuado.

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