De Pérez Giménez a Pharmex: trabajadores que han vivido las dos crisis laborales de la fábrica
El pasado viernes 27 de febrero a última hora de la mañana, los trabajadores de la planta de Pharmex en Almodóvar Río (Córdoba) fueron llamados al salón de actos y recibieron la noticia de que 32 compañeros iban a ser despedidos. En ese momento, a la mente de muchos de ellos volvieron imágenes y experiencias de hace años, cuando sufrieron el concurso de acreedores de la entonces fábrica de Laboratorios Pérez Giménez que les dejó en la calle hasta que, tiempo después, fraguó la compra de la planta por Pharmex. Dos crisis laborales que han marcado a alrededor de una decena de trabajadores de la fábrica que vivieron, primero, la agonía del concurso de acreedores y la espera hasta que una nueva empresa la compró y, ahora, el despido.
Gema y Lucía -nombres ficticios para preservar su anonimato ante la situación en la que se encuentran- son dos de las trabajadoras marcadas por sendas crisis laborales en la fábrica. “Luchamos muchísimo para que aquella empresa (Laboratorios Pérez Giménez) no se cerrara, por mantener una empresa de ese tipo aquí...Y ahora tenemos la sensación de que esa lucha tan grande, ese esfuerzo, no se ha valorado”.
Gema hace esta reflexión recordando su experiencia en la primera crisis. Fue en marzo de 2012 cuando los gestores de Pérez Giménez se vieron incapaces de hacer frente a las deudas y solicitaron el concurso de acreedores. Pérez Giménez era dirigida por el nieto del creador del popular Calmante Vitaminado, que era el analgésico español más vendido. Creado en 1954 en un pequeño laboratorio de Aguilar de la Frontera, triunfó en plena depresión económica franquista, cuando la importación de medicamentos era muy cara e inalcanzable para la mayoría de los españoles. En 2009, se inauguraron las instalaciones de Almodóvar del Río. Esta operación estaba hipotecada a la construcción de un centro comercial en los suelos liberados por la antigua fábrica, que nunca llegó a producirse. La empresa que tenía que hacerlo denunció a Pérez Giménez y ahí arrancó la cascada de problemas. Un año después de inaugurar a bombo y platillo la fábrica, la familia Pérez Giménez fue incapaz de hacer frente a la deuda y se vio forzada a vender la fábrica por un precio simbólico de un euro. Luego, llegarían varias empresas con sus ofertas que no cuajarían, dejando un camino de agonía para los trabajadores, que se vieron en la calle, con protestas y lucha por sus empleos. No sería hasta 2016 cuando la fábrica quedó en manos de Pharmex, que ahora ha echado a la calle a tres cuartas partes de la plantilla.
“Es que es la segunda vez”, dice en conversación con Cordópolis esta trabajadora, que se enteró de su despido estando de vacaciones con unos días libres y una amiga se lo dijo por la calle. Ella recuerda cómo en la crisis de Pérez Giménez, un día reunieron a los trabajadores para informarles de que “la empresa tenía problemas económicos, pero que no nos preocupáramos, que no habría problemas. Al poco tiempo, nos dijeron que entrábamos en concurso de acreedores”. En aquella situación, los empleados no habían podido abandonar la empresa hasta deberles tres nóminas y, “cuando iba a cumplirse ese periodo, nos ingresaban un poco de dinero. Así estuvimos mucho tiempo”. Luego, con la administración concursal, les dijeron que “llegarían empresas importantes a interesarse por la fábrica y que contarían con nosotros”.
Cierre de la fábrica: “Tuve que dejar mi casa”
La fábrica llegó a cerrarse y abandonar toda producción. Antes, los trabajadores habían peleado por mantener al menos parte de la actividad, como la planta de agua. “Como no estábamos despedidos, teníamos que ir, aunque ya no hubiera actividad”. Pero el cierre fue inevitable. Hubo trabajadores que presentaron demandas y después Pharmex se tuvo que hacer cargo del pago de esas cantidades. Otros, no demandaron, como Gema y cobraron lo estipulado por el Fondo de Garantía Salarial (Fogasa). El impacto a nivel personal de aquella experiencia fue “tremendo”. “Me tuve que ir de mi casa a vivir con mi hermana y alquilarla hasta que alguien la comprara”, explica sobre cómo la falta de empleo e ingresos le afectó.
Para Lucía, su trabajo en Pérez Giménez era su primer empleo. “En aquella época no sabía lo que era un concurso de acreedores”, recuerda, y tuvo la suerte de que sus padres la ayudaran al quedarse sin trabajo. Ahora, el despido de Pharmex le “viene ya con un poco de experiencia. Pero da mucha rabia ver cómo puede pasar otra vez lo mismo, con la misma fábrica”. Y le pilla con dos hijos pequeños: “Es duro”.
En la época de Pérez Giménez -rememora-, “había trabajo, fabricábamos muchísimo para otras farmacéuticas, pero ahora con Pharmex la producción era muy intermitente, nunca era lineal, no ha habido objetivos claros y nunca hemos visto que saliese mucha producción”. Pero los trabajadores, seguían cobrando hasta que comenzaron los problemas. “Desde hace un año comenzó a haber problemas con retrasos de las nóminas”.
Retraso de nóminas y despidos inminentes
Gema también señala esa situación en los últimos tiempos. Con la llegada de Pharmex, recuerda cómo al principio se incorporaron los antiguos trabajadores, había actividad y la empresa les ofrecía “gratificaciones”. “Pero empezamos a darnos cuenta de que había picos de actividad, era intermitente”. Hubo despidos puntuales y sustituciones y retrasos en algunas nóminas. Y la situación ha degenerado en los últimos meses gravemente: “No teníamos papel higiénico, ni jabón ni agua para beber. Era algo muy llamativo”.
Y, como apuntan ambas, el ambiente era “horrible”, con un “trato vejatorio y exigencias” a los empleados. De hecho, remarcan, la comunicación de los despidos se ha hecho “sin aportar documentación ni información, solo con papel en el que dicen que se hace ”por cuestiones económicas y, como consecuencia, no pueden pagarnos ahora el finiquito y lo harán en breve“. ”Lo considero inhumano, las cosas no se hacen así“. En ese sentido, denuncian que entre los compañeros despedidos hay personas que estaban de baja laboral, alguna mujer embarazada y trabajadores con edad próxima a la jubilación.
Ahora, tras los 32 despidos, la fábrica de Pharmex en Córdoba se ha quedado con una docena de empleados y, con ello -señalan estas extrabajadoras-, con despidos que han dejado a la planta “sin dirección técnica, sin recursos humanos y sin responsable de riesgos laborales”, apuntan sobre la incertidumbre de la continuidad de la planta. Incertidumbre y shock como el que viven ahora los empleados despedidos, que rememoran las dos crisis laborales vividas en la misma fábrica. “Me han jodido la vida”, sintetiza Gema.
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