Un año de la victoria de Bellido: del cambio tranquilo a la pandemia que lo puso todo patas arriba

José María Bellido, en el Paseo de la Victoria | TONI BLANCO

Esta semana se ha cumplido un año del día en que le cambió la vida a José María Bellido. El popular, que a sus poco más de 40 años es el político con más años en activo en el Ayuntamiento, se convirtió en alcalde de Córdoba tras las elecciones municipales de mayo de 2019. Lo hizo con una extraña geometría para un alcalde del PP en Córdoba. Hasta ahora, Rafael Merino y José Antonio Nieto habían necesitado del desacuerdo de la izquierda (el primero) o de la mayoría absoluta para poder gobernar. Bellido logró una victoria por la mínima, obtuvo el menor número de concejales cosechado por el PP en las últimas dos décadas pero sí que pudo sumar con Ciudadanos y Vox una mayoría alternativa a la izquierda.

Desde el principio, el nuevo alcalde ha intentado gestionar un cambio tranquilo. Bellido es un político moderado al que jamás se le ha escuchado una palabra más alta que la otra y que ha buscado un perfil más parecido al del longevo alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, que inspirarse en otros más cercanos. Aunque ha necesitado pactar con Vox, Bellido no ha cedido a su discurso, como han hecho otros líderes nacionales de su partido, y siempre ha buscado un centro que le hace más fácil la habitabilidad con Ciudadanos que con los dos concejales de Vox, que aunque votan ordenanzas fiscales y presupuestos con el equipo de gobierno no dudan a la hora de criticar a los populares o los naranjas.

Pero todo lo que Bellido tenía en la cabeza para su mandato de cuatro años en el Ayuntamiento de Córdoba saltó por los aires en marzo. Como en todos los ayuntamientos, el alcalde se vio con una cuarentena, un estado de alarma y un parón económico que hizo todos sus planes trizas. Pero con un añadido: la situación económica de Córdoba es mucho más delicada de la de la inmensa mayoría de capitales de España. Córdoba es la ciudad con tres de los barrios más pobres de España y la capital de la provincia con más parados del país, según la última Encuesta de Población Activa (EPA).

De repente, más de 20.000 personas en la ciudad se han visto sin dinero y sin manera de poder ganarlo. El propio Bellido ha advertido de que los servicios sociales municipales están desbordados ante la enorme cantidad de gente que llama a la puerta del Ayuntamiento para pedir algo tan básico como tener comida. En apenas dos meses, el Ayuntamiento casi ha gastado la mayor parte de los fondos de emergencia de que dispone (y que se triplicaron en el mandato anterior) para atender estas circunstancias. Bellido reclama ahora que el Gobierno deje usar el remanente de tesorería para afrontar esta enorme crisis. La ley presupuestaria aprobada precisamente por el PP para que las cuentas públicas no se desviaran lo impide.

No obstante, el equipo de gobierno quiere enderezar el mandato y lanza mensajes de que parece interpretar que todavía se pueden salvar proyectos anteriores. Es el caso de la Feria. Esta semana se ha presentado como proyecto estrella la reforma del recinto del Arenal impulsada por los caseteros tradicionales. El proyecto prevé adoquinar el recinto y una inversión de más de siete millones de euros. Pero antes hará falta cambiar las normas urbanísticas, ya que el Arenal está considerado como una zona verde y nada se puede construir allí de manera permanente. También está el caso de Caballerizas Reales, donde el Ayuntamiento negocia con el Ministerio de Defensa directamente una expropiación para que este espacio "sea de los cordobeses", según dijo el concejal de Presidencia Miguel Ángel Torrico.

Son proyectos de la antigua normalidad que regresan a la nueva, en la que la prioridad está siendo arreglar también al Ayuntamiento por dentro. Si algo han aprendido en Ciudadanos cuando se han estrenado en el gobierno es que dirigir una empresa pública como el Imdeco o el Imtur es muy diferente a una privada. Los procesos administrativos se eternizan y muchas veces, por concepto, no se pueden hacer determinadas cosas. La burocracia y una democracia muy garantista lo impiden.

Pero el Ayuntamiento empieza a tener urgencias. La plantilla envejece y no llegan los refuerzos. La plantilla de la Policía Local y de bomberos está en números dramáticos. En la Gerencia Municipal de Urbanismo se jubila un porcentaje importante de trabajadores en los próximos años y de momento no llegan los nuevos trabajadores. Lo que sí que se ha acelerado con la pandemia ha sido la necesaria y tardía transformación digital del Ayuntamiento, que sigue sin ser completa.

La pandemia lo ha cambiado todo. Y es difícil acostumbrarse a una nueva normalidad que no se sabe como va a ser. La incertidumbre mantiene en una tensa indecisión a muchos servicios. Aún se desconoce, por ejemplo, cuánto va a caer la recaudación municipal y cómo afectará eso a la estabilidad del Ayuntamiento y a las promesas de no subir impuestos e incluso bajarlos. Y sobre todo, aún no se tiene muy claro cómo van a aguantar esos barrios tan pobres de la ciudad.

En menos de un año, el mandato de Bellido ha entrado en un punto de inflexión.

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