¿Y eso qué es? ¿Y por qué?

¿Y por qué?

¿Y eso qué es?

¿Y cómo es eso?

¿Y por qué y cómo y qué es?

Madre mía el ansia de saber de los niños...

Ellos no se cansan de preguntar cosas y yo a veces me canso de contestar.

O no me canso sino que simplemente no tengo respuesta.

O es que me cuesta explicarme para que me entiendan.

O para que lo entiendan.

O a lo mejor tengo miedo.

Sí, miedo, porque llega un día en que se dan cuenta de que tú, que lo eres todo, no sabes algo.

NO SABES ALGO.

Ay.

Hace un rato estabas arrancándoles a bocados el chupete de la boca y ahora llegan los primeros ¿papá no lo sabes? seguidos de un tierra trágame, pero bien hondo.

Joder, es que cuando tienes respuesta para cada pregunta te sientes seguro porque les haces sentir seguros. Creo.

Cuando puedes responder cualquier cosa que te pregunten eres todo, o casi.

No, sin casi, qué demonios.

Eres todo.

El mejor.

Y ya no eres todo.

O eres un todo, pero más pequeño.

Un más pequeño que te hace sentir nada.

Un más pequeño que a la vez te hace sentir más viejo, a ellos mayores y a la vida le da sentido.

Un más pequeño que te hace dejar de ser su todo a cada talla que van dejando atrás mientras acaparas canas como si no hubiese un mañana.

Y sí que hay mañana.

Sólo está creciendo

Y pregunta cosas más difíciles.

O yo qué sé.

Si no tengo ni idea.

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Publicado el
7 de marzo de 2015 - 14:35 h
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