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Once

Redacción Cordópolis

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Normalmente vivimos sin saber qué día es, pero a veces miras el calendario y te viene a la memoria algo especial.

Un buen recuerdo.

Los buenos recuerdos te hacen sentir el paso del tiempo, te muestran tu pasado y llenan de esperanza tu futuro.

Los buenos recuerdos dibujan paso a paso tu existencia, tal y como haría un pasatiempo infantil en que cada punto que has de unir es uno de ellos. Uno de esos buenos recuerdos.

Tal vez lo mejor de ellos sea que te demuestran que la vida merece la pena.

Y que son tuyos, propios, lo único que realmente te pertenece.

Tus buenos recuerdos.

De los malos hay que desembarazarse, una vez aprendido de ellos, como buenos maestros de la realidad que deberían ser.

El caso es que a mi sólo me gusta hablar de los buenos. Incluso de los muy buenos. O de los mejores.

En fin, voy al grano.

Este es un post público, aunque está escrito como una carta con destinataria.

Para ti:

Una noche, hace mucho tiempo ya, tuve la fortuna de cruzar mi mirada contigo.

Es curioso como en ese momento dejaron de existir la gente que abarrotaba el local, la música que atronaba instantes antes, la nube de humo de tabaco que ocupaba todo el ambiente, tus amigas y los míos, y el extenso mundo dejaba de serlo para quedarse limitado a nosotros dos.

Y me sonreíste.

Una sonrisa que empezaba en tus ojos y terminaba en mi pecho.

No sé si será la definición de amor a primera vista, pero creo que es a lo máximo que puedo acercarme con palabras.

Mientras escribo estas líneas no puedo evitar emocionarme, sobre todo porque el recuerdo, de los buenos, de los muy buenos, es tan intenso que me permite revivir las sensaciones de aquel día.

Como primera página de nuestra historia quizá no pudiera haber sido mejor.

Digo nuestra historia porque es algo que escribimos, juntos, párrafo a párrafo, página a página, desde aquel momento.

Y como la escribimos entre los dos, decidimos olvidar los capítulos malos con sus erratas y renglones torcidos, porque sabemos que lo que aquí se escribe no se puede borrar, y disfrutamos inventando los siguientes, porque, ¿sabes?, cada vez escribimos mejor.

Y sobre todo, sobre todo, que no dejemos nunca de escribir juntos.

Hoy hace once años que dijimos el sí, quiero.

Quiero creer que el secreto del matrimonio es seguir diciéndolo cada día.

Y deseándolo.

Y demostrándolo.

Gracias por cada uno de esos once.

Y por los que quedan por pasar.

Sí, quiero.

http://www.youtube.com/watch?v=giAE7Yz7gHI

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