En aquella época

En aquella época tenías que pasar por allí,

llevar algunas monedas encima,

pensar que sería divertido, incluso convencerla de ello,

dar vueltas a un asiento gastado de tanto roce hasta acertar con la altura adecuada,

arrimarse bien el uno al otro por las estrecheces

y aguantar la risa que pasaba en instantes a ser carcajada, el pestañeo o,

imposible esto último, las ganas de besarse.

Después, además, los minutos de espera,

más besos, claro,

las miradas furtivas al cajón del revelado

y los ruidos que avisaban del fin de sus tareas.

Ahora lo llaman selfie.

Bendito foto-matón.

Y qué recuerdos.

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29 de diciembre de 2014 - 12:05 h
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