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A cualquier cosa llaman empleo…

David Val

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Es cierto que el paro ha bajado en 2014, pero ¿a qué precio? Tener un empleo ya no asegura poder hacer frente a las facturas, pues la precariedad y la temporalidad brillan para poder maquillar las cifras

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Ayer todos los periódicos online (y hoy los de papel) abrieron con la cifra más esperada del momento: El paro desciende en 477.900 personas en 2014. Todavía estamos en los escandalosos niveles de 2012 (24% de paro), pero los medios de comunicación, casi todos liberales y conservadores, la venden como la gran noticia del año, fruto de las ‘buenas’ políticas del gobierno. Pero casi nadie se para a analizar detenidamente los datos y a ver qué tipo de empleo se está creando y con qué condiciones. Aun así, cabe recordar que todavía hay 182.000 parados más que cuando el Partido Popular llegó al poder en diciembre de 2011 y, lo que es peor, muchas personas han desaparecido de la lista negra de desempleados porque se han visto forzadas a emigrar.

Asimismo, a esto hay que añadir que la precariedad y la temporalidad son dos conceptos que van tristemente ligados a la nueva creación de empleo. Según los últimos datos oficiales, el 80% del nuevo empleo asalariado es temporal y el trabajo a tiempo parcial ya llega al 17% del total. A su vez, muchos trabajadores con empleo no son capaces de llegar a fin de mes porque la remuneración salarial ha caído considerablemente escudándose en la complicada situación. ¿Recuerdan cuando no hace muchos años el término ‘mileurista’ se usaba de manera despectiva? Hoy, quienes tienen un sueldo mensual de mil euros parece que tienen que dar gracias al cielo.

Hace unos días, el secretario general de CCOO-Andalucía, Francisco Caballero y la secretaria de Juventud y Mujer de este sindicato, Elizabeth García, presentaron un informe en el que se ponía de manifiesto la pérdida de poder adquisitivo, especialmente entre los jóvenes. Esta pérdida oscila entre el 16 y el 34%, según el grupo de menores de 26 años o de mayores de esa edad, y la retribución media anual en Andalucía para este colectivo se situaba en 4.881 y 11.453 euros respectivamente. Es decir, los menores de 26 años ganan de media 4.881 euros al año, divididos en 12 pagas, 406 euros mensuales. ¿De verdad alguien puede independizarse con esa cantidad?

Además, la tasa de paro alcanza al 38% de los jóvenes de entre 25 y 29 años y al 60% de los menores de 25 años. Según el informe de CCOO, el 40% de esos parados lleva más de dos años en desempleo y del total de parados jóvenes, solo el 16,4% recibe alguna prestación. Y si consiguen un empleo, la temporalidad les ahoga, pues el 79% de los trabajadores menores de 25 años y el 58% de los que tienen entre 25 y 29 años tienen empleos temporales. Es más, de los 422.000 contratos realizados a jóvenes en el 2014 en Andalucía, el 98% fueron temporales.

En España, ser menor de 30 años y tener un contrato indefinido a jornada completa y un salario que te permita no llegar ahogado a fin de mes se ha convertido en una quimera al alcance de una minoría. De hecho, España es el país de la UE con mayor tasa de temporalidad juvenil, con un 61% frente al 42% de media comunitaria. Solo el 16% de los trabajadores que en 2010 tenían un contrato temporal lograron pasar a uno indefinido. En cuanto a los contratos a tiempo parcial, España se convirtió en 2014 en líder indiscutible de la Unión Europea. Actualmente, más de un millón y medio de personas tiene este tipo de contrato, liderando el porcentaje de subempleo en toda la UE. Además, según la Encuesta de Fuerza Laboral, un 58% de estos trabajadores tienen jornada parcial por obligación, no porque lo así lo deseen.

Lo mismo ocurre con el salario. Según datos de 2014, los españoles cobran un 17% menos de sueldo que la media europea. El salario medio en España es de 1.200 euros, pero entre la gran mayoría de los empleados a jornada completa actualmente ese sueldo cae por debajo de los 1.000 euros e incluso de los 900.

Igualmente, los derechos laborales están desapareciendo sin que nadie haga nada por evitarlo. Ya es más que normal encontrar empleos con jornadas laborales de seis días y descansando solo un día entre semana. Adiós a los fines de semana, a los amigos y a las relaciones sociales. Si tienes un empleo tu única preocupación será trabajar; y si no lo tienes, solo tendrás que preocuparte de encontrar uno.

Y yo me pregunto, ¿tan pronto se resignan los trabajadores? ¿Tan pronto olvidan los años de lucha que protagonizaron sus padres o ellos mismos para conseguir una serie de derechos laborales básicos? ¿Por qué tenemos que resignarnos y olvidar derechos como las 14 pagas, las vacaciones pagadas, la indemnización por despido o la jornada de ocho horas? Porque, por mucho que lo quieran negar, hoy son muchísimos los empleadores que ofrecen jornadas maratonianas de 10 u 11 horas, pagando solo ocho en el mejor de los casos. ¿Por qué hay que aguantar esta situación? ¿Por qué tenemos que aceptar esta precariedad? ¿Para eso pelearon tanto nuestros padres y abuelos?

Por desgracia, siempre queda quien te dice… “no te quejes, que al menos tienes trabajo”. “Esto es lo que hay”. Sí, aunque sean diez horas por 500 euros al mes. “No te quejes”. Es la consigna que intentan meternos entre ceja y ceja desde hace años. Sabemos lo que hacemos. Tú no. Así que no te quejes y déjanos hacer. Pues no, no estoy de acuerdo. Los recortes y la precariedad laboral nos están condenando a la pobreza laboral que se extiende como una pandemia por todo el continente americano, desde EEUU a Argentina y de la que ya hablé en este mismo blog hace año y medio. Trabajadores que tienen un empleo que les quita casi todo su tiempo pero que, sin embargo, no pueden mantener su casa caliente o no pueden hacer frente a todas las facturas. No permitamos que nos ocurra lo mismo. Peleemos contra esa lacra. Empleo sí, pero no a cualquier precio. 

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