El incansable cortador de cintas y el político que lo hacía todo

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Hace más de una década, Astrud (que han venido a Cosmopoética con un concierto sublime) firmó un disco maravilloso llamado Todo nos parece una mierda. El título resume el sentimiento, creo, de toda mi generación en la actualidad. Pero dentro tiene hits que soy incapaz de sacarme de la cabeza cada vez que me llega una foto o una nota de prensa de un acto que ha contado con la presencia de políticos o representantes institucionales: Hay un hombre en España... "que lo hace todo".

Hay un hombre, o una mujer, en Córdoba, qué más da, que lo hace todo. Y que nos llena las páginas de los periódicos. O eso es lo que parece. Y que a veces nos nubla la vista. A los periodistas, a los ciudadanos que nos leen y a los propios políticos. "En el fondo, no sois más que cortesanos", me dijo una vez una parlamentaria de Izquierda Unida cuando era concejala y que llegó a consejera. Y aunque me ofendió al principio después entendí que tenía razón. Hace un mes, en una entrevista, el candidato del PP a la Alcaldía me vino a decir que no hay que confundir la "Córdoba institucional" con la Córdoba real.

El martes me reconcilié en parte con la ciudad gracias a Pablo García Casado. Su pregón bajó el balón al suelo. García Casado, al que ha elegido esa Córdoba institucional, quiso huir de los lugares comunes, del azahar, del mayo festivo que sacamos en los periódicos y que no es el real, el que vive la gente. Ese mayo que tantas veces se canta, que solo existe en las crónica prosaicas del postfranquismo, donde todo era bueno, donde todo era bello, donde nada parecía divertido ni realmente atractivo. Y ese mayo que tanto repetimos, con políticos inaugurando fiestas, acudiendo a eventos, donde parece que ellos, nuestros representantes (algunos elegidos por nosotros, otros elegidos por ellos mismos en una suerte de elección indirecta) son los protagonistas.

Esta semana, además del pregón, hemos inaugurado la Cata del Vino o la Feria del Libro. Con su corte de cinta, su foto de posado, sus sonrisas más o menos incómodas. Y sus notas de prensa siempre enfocadas y tituladas por "el delegado inaugura", "el delegado participa", "el delegado defiende equis durante la apertura de y griega". Incluso ha habido inauguración de cosas sin gente. Véase la cata, abierta primero el día de antes y reinaugurada después pero por la mañana, cuando todavía no apatece beberse un vino (a pesar del dicho aquel de "si quieres mantenerte como el bronce bébete un medio a las once").

A nosotros, incluso, nos confunde esa Córdoba que es irreal, que solo existe para los periodistas que además somos los encargados de contarle las cosas a la gente real, a la que va a la Cata y guarda colas kilométricas para entrar en una fiesta que ha degenerado en otra cosa. Por ejemplo.

No seré yo el que esté libre de pecado, el que jamás diga de este agua no beberé ni esa foto no la he metido, o cómodamente he publicado una nota de prensa que glosa las virtudes de un delegado provincial, ese (o esa) que todos los días sale varias veces sonriente, cortando cintas, firmando decretos, convocando mesas de diálogo, resolviendo problemas...

En la Antigua Roma, los generales que entraban victoriosos tras cualquier conquista militar iban acompañados por un siervo que por detrás le gritaba Memento mori. "Recuerda que eres mortal, y no un dios". Recuerda que llegará el día en que dejarás de ser un cargo institucional. Y que la gente te recordará por lo que hayas hecho (o dejado de hacer), por haber arreglado problemas (o no haberlo hecho) y no por las fotos en las que has salido. Ni por las cintas que has cortado. Ni por las fiestas por las que has pasado. Y que el teléfono, desgraciadamente, dejará de sonar. Y esos otros cargos, cuando ya no lo seas, dejarán de saludarte. Memento mori.

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22 de abril de 2018 - 02:16 h
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