El cantonalismo va a llegar

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Es imposible entender la historia de España sin saber lo que ocurrió en el país durante el siglo XIX, que más o menos fue todo lo que políticamente le puede pasar a una nación.

Durante la I República, que no duró ni un año, hubo un movimiento federalista radical aupado por la pequeña burguesía y abrazado después por el movimiento obrero (especialmente los anarquistas) que se llamó cantonalismo y que consistía, básicamente, en declarar la independencia de ciudades o pequeñas regiones. Una suerte de federalismo radical. El cantón más famoso es el de Cartagena, que aguantó seis meses hasta que fue militarmente aplastado. El de Córdoba apenas germinó pues fue aplastado por el general Ripoll que, de paso, convirtió a la ciudad en su capital para ir fulminando los diferentes cantones andaluces que fueron surgiendo como setas.

En el XIX estos republicanos federalistas optaron por emancipar ciudades, así a lo bruto. Obviamente no es un proceso tan sencillo y el movimiento está inspirado en los principios humanistas de que cada ser humano y cada territorio es libre de asociarse con quien quiera. Los cantonalistas no querían, en principio, separarse de España, sino construir su idea de España pero desde su ciudad. Una especie de taifas. Una visión plural de la nación, pero cada uno arrimando el ascua a su sardina.

En 2020, pandemia mediante, parece que vivamos una especie de cantonalismo soft. Como a finales del siglo XIX son los líderes políticos con poder territorial (entonces fueron las diputaciones, en muchos casos, las que se declaraban la independencia y hasta la guerra, como lo hicieron entre Jaén y Granada, true history) los que se atrincheran.

Hoy hay líderes a derecha e izquierda que se apropian de la idea de sus propios territorios. No se ataca a Isabel Díaz Ayuso, se ataca a Madrid. Tampoco a Torra, se condena a Cataluña. Viene a ser lo mismo que hasta cuando Teresa Rodríguez asegura que su declaración de tránsfuga es una especie de ataque a Andalucía.

Pero vamos a más. El PNV ha logrado un acuerdo que en Córdoba se resiste: la cesión de un cuartel militar a favor del Ayuntamiento de San Sebastián, que lo derribará y construirá viviendas, en una ciudad donde no hay un metro de suelo libre. En Córdoba, el Ayuntamiento lleva dos décadas intentando que Defensa ceda Caballerizas, que desde los noventa no es un cuartel sino un monumento. Por eso se empiezan a escuchar voces de que con un partido provincial o andalucista nos habría ido mejor. Una especie de Teruel Existe, que gracias a su diputado está logrando grandes conquistas para la que ha sido la provincia más olvidada de España.

El sistema político de España bebe mucho del siglo XIX. Las provincias siguen siendo estando representadas en el Congreso (no las comunidades autónomas, que en cambio acumulan más poder administrativo). Las diputaciones, como diría el padre de Sabina poco antes de morir, siguen teniendo muchísimo dinero (las vascas gestionan los impuestos), y Andalucía, como escribió Gerald Brenan, no deja de ser una sucesión de ciudades estado que se hacen la guerra entre ellas.

Hoy que se cuestionan las instituciones (muchas de ellas por méritos propios) como ocurrió en el siglo XIX el movimiento cantonal podría ser el último fantasma del siglo XIX que nos quede por resucitar.

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Publicado el
27 de noviembre de 2020 - 22:18 h
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