Solo el 'Big Data' puede salvar al mayo festivo

Hace una semana, un alto cargo de Telefónica decía que en los últimos dos años "sabemos mucho más de nuestros clientes que en toda la historia". Lo hacía en un foro sobre Big Data organizado por la multinacional de las telecomunicaciones. El Big Data, hoy, sigue siendo un gran desconocido para el gran público y también para nuestros dirigentes, pero está transformando nuestra vida y nuestra forma de organizarnos. El primero que lo domine, como el primero que tuvo en su mano el fuego o el telégrafo o el vapor, estará más cerca del éxito.

El Big Data o el internet de las cosas es la manera que tienen las grandes corporaciones y las administraciones de conocer mejor a sus clientes o ciudadanos. Está al alcance de cualquiera, si se sabe interpretar y, sobre todo, si se cree en él. Por ejemplo, en este periódico usamos el Big Data para conocer a nuestra audiencia, saber qué textos o noticias son los que son mejor acogidos, compartidos, comentados y hasta valorados, para así tratar en la medida de lo posible de ofrecer un mejor producto, siempre desde el rigor, la honestidad y, sobre todo, tratando de huir en lo que ya están haciendo otros medios: publicar noticias sobre los culos de las Kardashian, gatitos entrañables o sucesos imposibles ocurridos, por ejemplo, en Wisconsin. Todo eso da muchas visitas, sí, pero resta mucha credibilidad. Y con razón.

Bien. En Córdoba tenemos un problema: gestionar el turismo, que es ya masivo sobre todo en primavera. Este último domingo, por ejemplo, los ordenanzas del Alcázar tuvieron que llamar a la Policía Local para tratar de sacar del monumento a un millar de turistas. Se habían vendido entradas hasta un cuarto de hora antes de cerrar en unas colas que eran kilométricas. Evidentemente, ahí hay un fallo de gestión descomunal.

Esta semana, en el Ayuntamiento, una alta funcionaria lo veía claro: cambiar el sistema de venta de entradas. A estas alturas del siglo XXI es muy fácil: se pone un sistema de venta digital, se eliminan las taquillas del Alcázar, se centralizan todos los tickets de todos los monumentos de la ciudad en internet y en los puntos de información turística, y se regula por tramos el aforo del Alcázar. Fin del problema. No volverá a haber colas, no habrá que llamar a la Policía Local y se librará a los ordenanzas de vender y ticar a cada uno de los turistas su entrada correspondiente. Es más, hasta se podrían redistribuir los turnos, no cerrar al mediodía ni en los festivos. ¿Fácil, verdad? No, en la administración, todo lo que parece fácil no lo es.

En la Fiesta de los Patios hasta el año pasado había un sistema de pases que trataba de regular la masificación que se estaba produciendo con la llegada de turistas de manera descontrolada. Podrá gustar más o menos el sistema de pases, pero sí que se lograron recoger unos datos más que interesantes que en manos de un buen analista podría haber dado unos resultados excelentes. Si sabemos cuánta gente viene, cuántos patios ven de media, a qué sitios van o dejan de ir, qué gastan o dejan de gastar, de dónde vienen y a dónde van, etcétera, podremos ofrecer unas rutas mejor planificadas y una atención más acertada. Si lo hacemos a ojo, apuntado en un boli en un papel por un controlador, lo más seguro es que nos equivoquemos.

A mitad del 2016, el Big Data es una herramienta fundamental para las grandes empresas, pero no lo está siendo para las administraciones. O bien por desconocimiento, o bien directamente por incapacidad. Tarde o temprano, se acabará imponiendo. Y ya sabemos que mientras más tarde peor. ¿O la culpa de la crónica pobreza de esta tierra no se sustenta en que aquí nunca llegó la famosa Revolución Industrial?

Lo más alucinante de todo es que curiosamente Córdoba es como una pequeña isla donde hay al menos un centenar de empresas que se lo está currando en las nuevas tecnologías. Solitas, con escasa ayuda y en silencio. Y muchos siguen sin enterarse.

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22 de mayo de 2016 - 03:19 h