¿Un año de mierda?

A 2020 le quedan cuatro telediarios. Es, sin duda, el año más extraño de muchos que dejamos atrás. Un año que para la inmensa mayoría de la población ha sido una auténtica mierda, en la que un pizco microscópico que se mete en nuestras células nos ha puesto la vida patas arriba.

Sí, claro, todo depende de las expectativas. Supongo que para cualquiera de mis dos abuelos este no habría sido un año especialmente malo. A uno le pilló el golpe de estado de Franco haciendo la mili en Ceuta. Al otro lo llamaron a filas con apenas 18 años, le dieron un fusil y lo metieron directamente en la Batalla del Ebro, donde le hirieron. Eso sí que fueron años malos, desde luego. Y los que llegaron después, en los que se comían cáscaras de naranja.

De toda la pandemia, como anuncio motivador me quedo con el del Gobierno de Alemania (¿vamos a echar de menos a Merkel? Vamos a echar de menos a Merkel) en el que un abuelo del futuro cuenta a sus nietos lo mal que lo pasó en 2020, cuando le pidieron que se quedase en casa, en el sofá, viendo series, para evitar que la gente se muriese. El abuelo de ese abuelo alemán hizo lo contrario. Lo obligaron a disparar precisamente para que la gente se muriese. Cuestión de perspectivas.

2020 va a ser un año largamente recordado en el futuro. Jamás en nuestra generación nos imaginamos una distopía como esta en la que se nos ha quedado mucha gente atrás y otra muy tocada. Pero seguimos vivos, que es lo más importante, y, de momento, podemos decidir cómo salir de esta.

El problema está en que en toda nuestra vida siempre hemos creído, y así nos lo han hecho creer, que lo que se da no se quita, que lo que teníamos era para siempre y que la vida no podía hacer otra cosa que mejorar. Si algo nos puede enseñar la Historia es que eso nunca es así. Desde el Paleolítico hasta el siglo XX lo que se ha venido en llamar el progreso han sido tres pasos adelante, dos atrás, uno adelante dieciocho para atrás para volver a tomar impulso.

En 2020 hemos tenido de todo, pero si lo pensamos no estamos demasiado mal para lo que se nos venía encima. El sistema social ha aguantado gracias a un chorreo de ayudas públicas gigantesco y el sistema sanitario ha capeado el temporal a pesar de las imprudencias de la gente y lo mal dotado que estuvo al principio. Este domingo, por ejemplo, una vacuna de ARN llega a Córdoba para luchar contra un bicho que hace un año ni sabíamos que existía. ¿Ha ocurrido eso alguna vez en la historia? Es probable que no.

La gran lección de 2020 puede ser precisamente esa: que el sistema ha aguantado pero que por vez primera hemos podido ser conscientes de nuestra extrema fragilidad. Vienen años duros, sin duda. La polarización ha alcanzado cotas de irascibilidad insoportables y la economía depende de cañonazos de deuda pública. Nada de lo que tenemos es para siempre y todos los derechos sociales y avances que hemos logrado son conquistas que se un momento pueden desaparecer.

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25 de diciembre de 2020 - 20:57 h