El pisito

En la España de 1950, el éxodo del campo a la ciudad generó fenómenos como el de las casas de vecinos, las chabolas o los realquilados. Fue la excusa para el desarrollismo urbanístico y aquellos barrios repletos de viviendas, pero sin zonas verdes, ni equipamientos, ni infraestructuras. Sesenta años después, vivimos una vuelta al pueblo, una vez que se ha acabado el boom de la construcción; tenemos solares sin edificar, a pesar de estar totalmente urbanizados; barrios que se edifican lentamente, y que no saben cuando contarán con los equipamientos necesarios; y otros barrios que se han despoblado debido a los desahucios, las desinversiones o la necesidad de escapar de una hipoteca imposible.

Marco Ferreri, en El Pisito, nos contó, a través del humor negro, las penurias que se pasaban para contar con una vivienda y, para casarse, pues una cosa estaba ligada a la otra, en aquellos tiempos de nuestros abuelos. José Luis López Vázquez, es el novio, que agobiado por la novia, Mary Carrillo, acaba casándose con su casera para poder optar a heredar la vivienda. Son personajes que viven al día, que se preocupan solo de satisfacer sus necesidades primarias y se mantienen ajenos al mundo de las ideas. Hoy, son las familias que se casaron hipotecándose de forma tan fácil como irresponsable, las que deben dejar sus viviendas o vivir solo para mantenerlas. Excepto los que se agrupan en Stop desahucios, son, en su mayoría, personas también aferradas a lo cotidiano, al fútbol y "apolíticos".

Curiosamente, en estos últimos días hemos sabido que, en la ciudad de Córdoba, se calcula que hay unas 17.500 viviendas vacías. Son viviendas que están desocupadas al menos desde hace un año. Al mismo tiempo, más de 7.000 familias están a la espera de una vivienda pública. La paradoja es que, cuando se aplica el registro de demandantes, Vimcorsa no encuentra solicitantes que acepten la vivienda ofertada, bien por falta de trabajo, porque ha cambiado su situación familiar, o porque los ingresos con los que cuentan no son aval suficiente para las entidades bancarias.  Esta situación ha provocado una caída de los precios de la vivienda libre y de segunda mano, que ha llegado a alcanzar rebajas del 30%, lo que nos da idea de lo inflado que estaban.

Esta situación ha provocado la vuelta al seno familiar de numerosos jóvenes que se habían emancipado. También se ha incrementado el número de viviendas donde se agrupan más de dos o tres familias subsistiendo con un sueldo y hacinados en habitaciones insuficientes. Igualmente, hay parte de nuestro vecindario que decide compartir su vivienda para poder tener un sobresueldo con el que atender la hipoteca o complementar el sueldo. Son formas de vida que pensábamos desterradas o lejanas y que ahora nos encontramos en el piso de al lado. Ya no son los pisos-patera de inmigrantes del este, sudamericanos o subsaharianos, sino los pisos-contenedor de cualquiera de nuestro vecindario.

El decreto de defensa de una vivienda digna que ha aprobado la Junta de Andalucía, auspiciado por IUCA a través de su consejera Collins Cortés, incluye la posibilidad de realizar un censo aproximativo de viviendas vacías. Este fue siempre un concepto de difícil concreción porque, ¿a qué se llama vivienda vacía? Los procesos expropiatorios temporales pueden ser una solución, no solo para los desahuciados, sino también para rebajar los precios y ampliar las posibilidades de alquiler. Hay que evitar que un bien tan preciado como la vivienda quede al albur del capricho de su propietario mientras miles de familias siguen sin contar con vivienda adecuada.

No se lleven las manos a la cabeza los favorables a la defensa de la propiedad privada sin límites, y de la capacidad del mercado de regularse de forma autónoma, porque está demostrado que no funciona así la economía. Una norma de ese tipo simplemente aconsejaría, por no decir obligaría, a la mayoría de los propietarios de dos, tres o cuatro viviendas a ponerlas en el mercado, con lo que los precios también bajarían con mayor intensidad. No se puede aceptar que una vivienda esté cerrada por años, simplemente porque su propietario considera que no le saca suficiente rendimiento económico o porque no le interesa que otros la ocupen.

Incluso en época de crisis y en situaciones personales difíciles tenemos que tener respuestas a la demanda de una vivienda digna. No significa que se entreguen de forma gratuita viviendas a todo el que la pida, sino que se alquilen a precio asequible y con unas condiciones de mantenimiento y conservación y con un compromiso de dejarlas en cuanto las condiciones económicas lo permitan. Hemos de evitar que tengamos que optar por soluciones tan drásticas como la de El Pisito, sobre todo, porque la vida no se puede tomar como una comedia y porque no está nada claro que tenga final feliz .

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15 de mayo de 2013 - 07:00 h