Podemos y el millonario saltarín

Estábamos ya cansados y medio viendo un partido de fútbol que a mí me aburría bastante, tengo más debilidad por la estética que por la épica. Lo que empezó siendo un duelo de titanes terminó siendo una somanta a una banda de cojos y ya ni épico resultaba, pero era lucha, una guerra a la que le supongo su hermosura. Pasaba todo eso entre el alborozo de muchos vecinos que celebraban entusiasmados los goles, y de pronto Florentino Pérez, uno de los rostros normalmente avinagrados de nuestro país, se puso a dar saltitos como un Chiquito sin gracia.

Un millonario dando saltos molesta, porque los suponemos gente seria, porque nos gusta imaginarlos amargados a pesar de su riqueza para suponer algo de justicia, o porque es un golpe de realidad que evidencia que su circunspección habitual es una careta detrás de la cual se están descojonando. No solo saltaba como un pobre sino que además, una vez amarrado el resultado, su primera y espontánea reacción fue buscar desesperadamente con la mirada  y su cuerpo a José María Aznar, el millonario singracia por antonomasia (sea lo que sea por antonomasia, que diría Juanjo Millás). Entre ellos, y el selfie global que se hizo el pesado de Ronaldo enseñando abdominales después de meter un gol de penalti a una orgullosa panda de tullidos, nos sacaron definitivamente del partido, y con eso acabó nuestra jornada de reflexión.

Once millones de personas viendo a un millonario dando saltos de alegría horas antes de que se abrieran las urnas para las elecciones europeas era una provocación. Estoy convencido de que el espectacular resultado de Podemos, que duplica lo que había aparecido en las encuestas, se lo debemos a las tabletas de Ronaldo, los saltitos torpes de Florentino y esa sonrisa imposible de Aznar. Las izquierdas (yo me mantuve fiel a mi Equo de mi alma) llevan años intentando convencernos de que nos parece que nos va muy mal porque efectivamente nos va muy mal, que somos más como nos decía nuestra madre de niños (guapos, cariñosos, buenas personas) que como nos dicen éstos en sus ruedas de prensa (inútiles, perezosos, gorrones). Nos cuesta creerlo porque hemos terminado aceptando el discurso del maltratador, pero un par de gestos espontáneos en el tiempo de descuento del día de reflexión nos devolvió a la realidad. Para que digan que el fútbol adormece a las masas.

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27 de mayo de 2014 - 06:17 h
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