Así comenzó todo...

Toda historia tiene un comienzo, y mi idilio con Internet empezó en el verano de 2001.

Por aquel entonces no demasiados hogares de la gente que me rodeaba tenían conexión a internet. Si acaso un 10%.Y recordemos que en aquellos tiempos lo normal era tener un modem de esos que sonaban que daba gusto y que eran incompatibles con realizar/recibir una llamada telefónica de forma simultánea.

Para finales de verano ya tenía una cuenta de correo electrónico que manejaba con soltura, aunque apenas tenía a quien enviar correos electrónicos. Era una cuenta gratuita de Hotmail, y la recuerdo casi como recuerdo mi primer beso.

Era viernes por la tarde y había quedado con mis amigas, pero llegué sobrada de tiempo y para pasar el rato entré en un ciber enorme que por aquel entonces ocupaba un inmenso local en la planta baja del intercambiador de Moncloa. No recuerdo el nombre del local, pero recuerdo que sus colores corporativos eran el blanco y el naranja. Funcionaba en plan prepago. Me saqué una tarjeta y ocupé uno de los puestos que había libres, dispuesta a cotillear eso que era tema de conversación habitual y yo no tenía muy claro de qué iba: Internet. Me conecté sin saber cómo funcionaba el tema, así que cuando apareció ante mí la ventana de Messenger (que estaba configurada para abrirse de forma automática al iniciar sesión) quise investigar un poco más y descubrí que era imprescindible una cuenta de correo electrónico. Y así me creé mi primera cuenta de correo electrónico, sin saber muy bien el cómo ni el para qué.

Aquel rato hasta que llegaron mis amigas pasó volando, durante algunos meses visité de forma esporádica aquel ciber y fui descubriendo poco a poco lo que era internet. Recuerdo pasarme horas en Terra, sitio web por antonomasia durante el boom de las PuntoCom, descubrir los sistemas de mensajería instantánea, el IRC (os acordáis del IRC?!?!?!), etc.

El verano iba terminando, y a diferencia de los amores de verano, mi relación con Internet no terminó. Nada más lejos de la realidad. En septiembre de 2001, Internet llegó a mi casa. Y no de cualquier manera: una línea ADSL de 512k se instaló en nuestro hogar de la mano de un router ADSL 3com 812! Qué morriña! Qué recuerdos!

Y aquello como os decía, fue (básicamente) el comienzo de mi relación con Internet. Una relación que poco a poco se fue consolidando como algo sólido y duradero, que llega hasta nuestros días y a la que le auguro con un largo futuro, hasta que la muerte nos separe.

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18 de octubre de 2012 - 21:41 h