Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

… Y ganó Marruecos

Imagen que acompaña al post.

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El mundial de la infamia no podía terminar bien. No sé si ya les he dicho que me puse en “huelga” desde que empezó, aunque teniendo en casa al hombre más futbolero del mundo, o me mudaba, o en cada partido me ponía de espaldas en el sofá y los iPhone con mi música de Camilo. Dirán que estoy loca. Tal vez, pero ha sido la manera de estar contenta conmigo misma. 

Esta personal cruzada contra la indecencia del Mundial, del que cada día salen más noticias sobre los sobornos y delitos que lo han hecho posible, en un país que me repugna como demócrata y mujer, no ha sido suficiente para no saber qué ocurría. Tendría que haberme metido en un zulo y tampoco era el caso. 

Así que supe, por ejemplo, que don Felipe fue el primer Jefe de Estado en correr a “blanquear” al país y sonreírle al tal Al Thani, mientras otros jefes declinaban la visita. ¿Qué necesidad tenía de ser el único de la realeza europea en ir?… En fin, tal vez Doña Leticia, con sus abdominales y brazos musculados, que tanto le gusta lucir, se negó a ir tapada. 

He sabido también de las perlas que el seleccionador soltaba en su canal de Twitch como lo de “Soy el mejor entrenador en la faz de la tierra”. Una pena, porque Luis Enrique me parece un tipazo al que se le fue la pinza. Entre tanta tontería ya pudo haber comentado algo sobre Catar y sus infamias, como lo han hecho otros entrenadores que, por cierto, siguen ahí. Lo mismo pensó “para lo que me queda dentro, …” Ya saben: ¿tendrá puesta la mirada en otro sitio en rojo y con rayas? Nadie hay eterno, ni el mismísimo Cholo. 

He escuchado cómo detenían a periodistas, cómo quitaban cámaras o cómo una tal Georgina, con poca solidaridad femenina, aparecía en un palco enjoyada y en plan jequesa recatada. ¡Mientras haya pasta, vengan los hijab a mí! Al tiempo. He escuchado la tristeza del juego ante Japón, lo que no presagiaba nada bueno y ni siquiera poniendo miles de kilómetros de distancia con mi sofá, dejé de oír el fatídico partido de la deshonra nacional.

A la misma hora tomaba en Bolonia un café macchiato con mi hija. El hombre de la casa se había marchado a buscar dónde verlo. Difícil misión, pues las hordas marroquíes que “laboran l’Italia” habían copado los pocos sitios que había. Italia está silenciosa y sin interés por un mundial del que quedó fuera al perder con Macedonia (¡Consuélense!). 

El caso es que de pronto oí celebrar un gol, y luego otro y otro más y supe que no era España. Y al poco rato una riada de coches con banderas marroquíes inundaron las calles y la Piazza Maiore se llenó de fuegos artificiales en rojo y verde.

A los que se quejan de estas celebraciones en suelo patrio yo les digo: y si España, en el Mundial de Inglaterra de 1966, se hubiera clasificado y además le hubiera ganado a Alemania en octavos, ¿no lo habrían celebrado los emigrantes españoles en las plazas alemanas con palmas y sevillanas? Todos tenemos derecho a ser felices. No sean hipócritas. 

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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